13 de August de 2010 00:00

Un desconocido en las calles belgas

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La Cobra

El hombre baja del avión e ingresa al aeropuerto Zaventem, en la capital belga.

Empieza a sentir un extraño malestar cuando un agente de migración mira el pasaporte, le pregunta a qué ha venido a este país y cuántos días se quedará.

El malestar del hombre se agudiza. Se pone inquieto. En su mente empieza a bombardearle la idea de que cómo es posible que el agente de migración no sepa con quién está tratando.

Sale del aeropuerto y se impacienta porque afuera no lo aguarda la limusina que le ofrecieron.

Supone que hubo algún error y lógicamente habría que esperar a que llegue la comitiva de recepcíón, pero como se siente indignado prefiere tomar un taxi.

Como no puede hablar fluidamente el idioma francés belga, el taxista no lo entiende y el hombre, acostumbrado a que todos lo obedezcan, paga la carrera, toma las maletas y, sumamente enojado, baja del vehículo.

De pronto se siente solo entre la muchedumbre que camina por el Boulevard Général Jacques.

El malestar crece. No entiende cómo es posible que acá nadie sepa de quién se trata, el poder inconmensurable que posee, la voz de mando que hace temblar, el hombre que lo ha ganado todo.

Avanza hasta Gran Place, pero se siente perdido. Cuando pregunta a los transeúntes cómo llegar a su destino no tiene respuesta y se pierde entre millones de personas que no saben quién es él.

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