15 de March de 2010 00:00

El desarraigo afecta al damnificado en Cuenca

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Redacción Cuenca
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Hace seis años, el Municipio de Cuenca entregó 115 de las 118 viviendas que construyó en Huizhil, a familias que perdieron sus casas por las fallas geológicas. Pero actualmente solo unas 50 están habitadas por los verdaderos dueños.

Las demás está rentadas, abandonadas y unas pocas fueron vendidas. Las otras  tres nunca fueron entregadas, pese a que según una nueva lista los damnificados sobrepasan los 200.



Otras necesidades
Las 115 familias  compensadas en las dos primeras etapas de Huizhil son de  ocho sectores del cantón con fallas geológicas.
El Municipio    dio otras cinco casas a damnificados en  Mosquera, Santa Ana, María Auxiliador y Cumbe. Construye otras seis en Caspicorral (Quingeo).
En el barrio    San Francisco  existe un predio que compró el Municipio para   16 viviendas, pero no hay presupuesto para las obras. En Pumayunga (Sinincay) hay otro predio para 40 casas.
La anterior  administración municipal  calificó 35 carpetas como prioritarias. En el barrio Los Trigales Altos existe el reporte de 105 casas en riesgo, 30 tienen prioridad uno.

Cada año aumentan  las propiedades afectadas con  fisuras generadas por fallas geológicas  en 22 zonas del cantón. Los problemas  se detectaron hace una década, pero las acciones para frenar el movimiento de tierra no llegan.

Al conversar con los vecinos de la  ciudadela de Los Damnificados  hay sorpresas. Más de las 50 familias beneficiadas no viven allí. Algunas arreglaron parte de las casas destruidas y retornaron a sus lugares de origen.

Otras familias salieron a arrendar en la ciudad, porque Huizhil está a treinta minutos de Cuenca. Y unas últimas -en mejor situación económica- levantaron casas en otro terreno que disponían.

Una de las cláusulas del documento que avaló el traspaso por parte del Municipio señala que el beneficiario no podía arrendar, hipotecar o vender el bien durante los cinco primeros años. Pero no fijó sanciones ni  el retiro del inmueble en caso de no cumplir.

Para conseguir la ayuda, la mayoría de favorecidos dice que no tenía  adónde ir. El Gobierno de ese entonces  entregó USD 1,2 millones al Municipio para que construya viviendas gratuitas para los más afectados. 

Hoy, en Huizhil ya no habitan las familias Paredes, Quizhpe, Janás… Los empolvados portales y ventanales de las casas de viviendas de ladrillo visto de 42 metros cuadrados delatan esta realidad.

El presidente del barrio, Fabián Quizhpe, lo confirma. Pero su apreciación es que las personas que provenían de sectores rurales como Guzho, Llacao, Gapal… no se acostumbraron a una vida lejos de las huertas y del cuidado de animales menores.

Zoila Loja, de 55 años, es una de ellas. La  casa que rentó hace  20 años en Santa Ana colapsó y por eso fue compensada. La mujer evocó que vivía de la agricultura. Ahora en Huizhil  intenta sobrevivir de las ganancias de una tienda. “No me adapto a estas cuatro paredes, mi vida está en el campo”.

Para el concejal y presidente de la Comisión de Desastres, Carlos Orellana, existe el problema del desarraigo. “Es ilógico que una familia compensada rente la casa nueva para regresar a su lugar de origen. Hay quienes se exponen al peligro para pasar otra vez como damnificado”.

Orellana cree que el Municipio debe actuar de otra manera. Por ejemplo, que el predio afectado  pase al Municipio previo la entrega de la nueva casa,  como parte de pago y facilitarles créditos. Según el concejal , así   garantizarán que no  vuelvan a construir en  terrenos no aptos. Añade que las  casas gratuitas deberían ser solo para familias bastante pobres.

Pero Quizhpe discrepa. Según él, muchas familias  pierden más de lo que reciben. Cree que a la gente  del área rural se le debe  ayudar a reconstruir sus casas en el propio sector o
en una zona similar para evitar el desarraigo.

Él recordó que en ninguno de los lugares donde hubo damnificados, el Municipio   ha hecho obras de mitigación para frenar el deterioro de las casas y que aumente el número de familias obligadas a dejar sus espacios. 

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