25 de noviembre de 2014 16:29

Hace dos meses, la noche de los desaparecidos que sacudió a México

Miles de estudiantes y organizaciones civiles en el zócalo de Ciudad de México el jueves 20 de noviembre del 2014, durante una larga jornada de protestas a nivel nacional en solidaridad con los 43 estudiantes desaparecidos hace casi dos meses. Foto: EFE

Miles de estudiantes y organizaciones civiles en el zócalo de Ciudad de México el jueves 20 de noviembre del 2014, durante una larga jornada de protestas a nivel nacional en solidaridad con los 43 estudiantes desaparecidos hace casi dos meses. Foto: EFE

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Agencia AFP
México

La trágica noche del 26 de septiembre en la que desaparecieron 43 estudiantes algo en México cambió: dos meses después, la indignación no cede en las calles y el gobierno se ve obligado a dar un golpe de timón para enfrentar la impunidad y corrupción.

El presidente Enrique Peña Nieto, en su peor crisis en dos años en el poder, anunciará el jueves (25 de noviembre del 2014) reformas en la justicia y la creación de una policía única que controle a las policías municipales, infiltradas por el crimen organizado.

“Se deben tomar decisiones donde hay debilidades del Estado mexicano”, adelantó el ministro de Gobernación (interior) , Miguel Angel Osorio Chong.

Estudiantes de la escuela de Ayotzinapa y padres de los 43 jóvenes desaparecidos participaron anteanoche en una protesta en la ciudad de Guadalajara. Foto: Héctor Guerrero / AFP

Estudiantes de la escuela de Ayotzinapa y padres de los 43 jóvenes desaparecidos participaron en una protesta en la ciudad de Guadalajara. Foto: Héctor Guerrero / AFP

El plan, para cuya ejecución se creará una comisión de todos los poderes del Estado, establecerá filtros para detectar funcionarios en el crimen organizado y reformas legales anticorrupción, que han estado durmiendo en el Congreso.

“Veremos qué profundidad tendrán esas medidas. Hasta ahora el presidente no ha tenido una respuesta coherente a la crisis y tiene que dar una válvula de escape, ocuparse de lo que no había atendido: la corrupción y la violencia”, declaró a AFP el experto en seguridad Alejandro Hope.

La desaparición de los estudiantes de la escuela de maestros de Ayotzinapa desnudó la colusión de autoridades y narcotráfico. Los jóvenes fueron atacados a tiros en Iguala, en el sureño estado de Guerrero, por policías corruptos bajo órdenes del alcalde vinculado con el cartel Guerreros Unidos.

Según las autoridades, tres sicarios narcos detenidos confesaron que los policías se los entregaron, que los mataron y quemaron en una hoguera que ardió por 15 horas, y lanzaron a un río los restos calcinados y triturados.

México aún no se repone de esa noche de horror. “Marcó un despertar civil. La clase política está en entredicho, pero el país se topó de frente con la cruda realidad que muchos no querían ver”, opinó Jorge Hernández, analista de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Protestas en Chilpancingo por la supuesta masacre de los 43 estudiantes desaparecidos a finales de septiembre en México. AFP / Pedro Pardo

Protestas en Chilpancingo por la supuesta masacre de los 43 estudiantes desaparecidos a finales de septiembre en México. AFP / Pedro Pardo

El ultimátum

Cada día, en una ebullición social de baja intensidad, han ocurrido protestas, algunas con quema de edificios estatales y bloqueos, que pasaron en este tiempo del clamor “¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!” al de “¡Fuera Peña Nieto!”.

Los padres de los estudiantes, que no aceptan la versión oficial, exigen al gobierno que los busque y se los devuelva vivos. “Eso es casi un imposible, como pedir la renuncia de Peña Nieto. Aquí se aprovechan los anarquistas, con agenda propia, para desestabilizar”, dijo el académico José Antonio Crespo.

Bajo la amenaza de recrudecer las protestas, estudiantes de Ayotzinapa dieron esta semana al mandatario un “ultimátum” para que renuncie el 1 de diciembre, cuando se cumplen dos años de su investidura.

Para Peña Nieto, quien devolvió el poder al hegemónico Partido de la Revolución Institucional (PRI), sectores de los manifestantes buscan “desestabilizar” a su gobierno, molestos por sus reformas energética y educativa.

“El gobierno está pasmado. Este debería ser un punto de inflexión para hacer medidas más profundas, de anticorrupción, que toda la clase política acepte, quiera o no”, consideró Crespo.

Un influyente editorialista, Ciro Gómez Leyva, fue tajante sobre la relevancia del anuncio que hará el presidente ante la tormenta que le cae: “No tendrá una segunda oportunidad”.

Un cambio de guión

En plena crisis de pérdida de confianza, Peña Nieto fue señalado de supuesto conflicto de intereses por una lujosa mansión que su esposa Angélica Rivera, exactriz de telenovelas, compró a través de una empresa favorecida con proyectos estatales. Sus aclaraciones no lograron aplacar las críticas.

“Es el primer telepresidente de México. Sus reformas ofrecieron una nueva telenovela nacional, pero demasiado pronto se le atravesó la realidad”, opinó el escritor Juan Villoro en el diario Reforma.

Aunque prometió pacificar el país, Peña Nieto continuó la ofensiva militar antinarcóticos del expresidente Felipe Calderón, que desde 2006 deja unos 80 000 muertos y 22 000 desaparecidos.

Un estudiante encapuchado delante de los retratos de algunos de los 43 estudiantes desaparecidos el 12 de noviembre de 2014. Foto: AFP

El 12 de noviembre de 2014, un estudiante encapuchado delante de los retratos de algunos de los 43 estudiantes desaparecidos. Foto: AFP

También siguió la certificación de policías con pruebas de confianza, reprobadas por más de 40 000 agentes. La única novedad fue una gendarmería y un programa de prevención del crimen, aún sin frutos.

Iguala silenció el discurso que exaltaba una baja en la violencia. “Hoy está obligado a cambiar de guión”, subrayó Hope.

La crisis también derrumbó la imagen de reformador de México de que gozaba Peña Nieto aún hace dos meses. Ha sido blanco de mítines de repudio en ciudades del mundo y de presiones de organismos humanitarios por una investigación transparente de lo sucedido en Iguala.

Habituado a hablar sin reparos, el presidente uruguayo José Mujica llegó a afirmar que la desaparición de los estudiantes mostraba a un “Estado fallido”. Aunque en seguida se retractó, ya había echado sal a la herida.

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