17 de marzo de 2015 21:03

Falta de pistas dificulta hallazgo de desaparecidos

Carlos Sisalema dice que su hijo, Álex, salió de su casa por unos familiares y no regresó. Foto: Vicente Costales / El Comercio.

Carlos Sisalema dice que su hijo, Álex, salió de su casa por unos familiares y no regresó. Foto: Vicente Costales / El Comercio.

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Sara Ortiz

Quisieron reconstruir el momento en que Daniel fue visto por última vez, pero no lo lograron por completo, pues la discoteca en la que él estaba ese 4 de octubre del 2008 ya no existe. Los agentes llegaron a ese lugar en el 2013, es decir, cinco años después de su desaparición. Lo único que hallaron en ese sitio fue un local de venta de vehículos y una nueva avenida que se había abierto.

Las personas que vieron por última vez a Daniel, en ese centro nocturno nunca dieron sus versiones. Mientras que el guardia de la discoteca y el dueño dijeron haberse olvidado lo que pasó esa noche.

Solamente los familiares con los que festejó un cumpleaños simularon una puerta y contaron cómo salió y cómo se alejó para aparentemente tomar un carro. No hay más pistas.

Pero este no es el único caso en que los investigadores han retomado los casos después de años de haber desaparecido una persona. Con la hija de María de Lourdes Mejía sucedió algo parecido. María Fernanda Guerrero no vuelve a casa desde el 2010. Solo cuatro años después, 120 agentes trabajaron toda una mañana soleada en busca de alguna pista. Pero a pocos metros, una maquinaria rellenaba la quebrada con tierra y basura. Una aplanadora nivelaba y compactaba el suelo.

¿Qué resultados da buscar a alguien después de tantos años? Carlos Alulema responde. Él está al frente de una Dirección especial de la Policía y dice que está consciente de esa desventaja. El oficial asegura que investigar estos casos, en estas circunstancias, es “como buscar una aguja en un pajar”.

De hecho, las pruebas materiales, como rastros de sangre, una fibra de cabello, el arete, una carta, etc. “tienen un carácter efímero y frágil”. Este dato consta en el informe denominado La escena del delito y las pruebas materiales, levantado por la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito (Unodc).

Por ello, ese organismo detalla que las pericias deben hacerse dentro de las 24 horas después del hecho. Según esos estudios, una reconstrucción debería concretarse en las semanas posteriores al hecho.

Luis Sigcho, padre de Daniel, cuenta que en octubre del año pasado también se hizo otra reconstrucción de una pista que dio un policía. Esa diligencia se concretó tres años después de que el uniformado lo había visto en un semáforo de la avenida De la Prensa, en el norte de Quito.

El agente dijo que lo vio en el 2011, parado en una esquina, con un saco, una capucha, un jean y tenía el cabello corto.
Sigcho pertenece a la misma organización de familiares de desaparecidos en la que están los parientes de Carolina Garzón, una joven de Colombia que se extravió en Ecuador.

Eso ocurrió el 28 abril del 2012, pero la reconstrucción de los hechos comenzó el viernes. La Fiscalía y agentes de la Dinased visitaron el centro cultural Nina Shunku, ubicado en La Ronda. Allí, Carolina hizo su última presentación con un grupo de percusión. Tres años después, el lugar fue reconstruido.

La reconstrucción también se hizo en la casa en donde se hospedaban la chica y cinco extranjeros más. Allí se montó una escenografía con colchones y sillas (no los originales), para recrear su entorno. Ahora ya no está el perro de una vecina con el que jugaba y otras personas alquilaron la casa.

Los compañeros con los que convivía retornaron a sus países y olvidaron detalles que podrían ayudar a aclarar el hecho, como si la vieron en casa sola o la escucharon salir. No están seguros si dejó su pasaporte o si tenía dinero ahorrado...

Luis Saavedra, de Inredh, un grupo de DD.HH., cuestionó que la reconstrucción se haya realizado casi tres años después. A pesar de que antes sí hubo reconocimientos y toma de versiones, él cree que se hicieron de forma “antitécnica”.

Hasta diciembre del año pasado se reportaron 4 934 desapariciones. La Policía dice que 4 597 quedaron resueltos y que 337 están en investigación.

En la lista está el caso de Juliana Campoverde. De ella no hay rastros desde el 7 de julio del 2012 y un rastreo más se produjo el pasado23 de febrero. Los agentes la buscaron en la quebrada el Huayco, en el oriente de Quito. 31 policías, seis bomberos, fiscales y agentes de la Dinased descendieron al fondo, atravesaron matorrales y basura. Su madre indica que el pedido de esta diligencia se hizo seis meses antes y ahora no hallaron ninguna pista.

Para Alulema, todas las diligencias que se hacen en torno a una desaparición son importantes para descarta o hallar evidencias. Explica que hay búsquedas que no se realizaron antes, porque durante en la indagación surgen nuevas pistas de o porque la familia revela datos que en un primer momento ocultó. “A veces los papás no dan datos, porque no la saben o porque no la quieren dar. Uno tiene amigos o hace cosas que ni la familia conoce…”.

En la investigación sobre el paradero de Álex David Sisalema, que desapareció el 12 de enero del 2014, se hicieron dos búsquedas en la vía a Calacalí.

En estas se hallaron huesos y la billetera del joven. Su padre, Carlos, dice que estas diligencias se realizaron luego de ocho meses de presentar la denuncia. “Si hubieran peinado la zona antes tal vez tendrían un cuerpo y no solo restos”.

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