23 de February de 2010 00:00

‘Del rock aprendí la frescura’

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Redacción Sierra Centro

El Séptimo Festival Internacional de Música de Vanguardia convocó en Ambato a 19 bandas de rock. Uno de los más aplaudidos fue  el célebre músico ecuatoriano, radicado hace más de 20 años en  Alemania,  Mesías Maiguashca.  

Para participar en el festival, que se realizó hace pocos días a propósito de la Fiesta de la Fruta y de las Flores de Ambato, Maiguashca trabajó con reconocidos  roqueros como  Lucho Pelucho e Igor  Icaza, de quienes, según dice,  aprendió la frescura.

¿Qué impulsa a un compositor  académico  vanguardista  a participar  en un Festival de  rock?



El rock es  música de protesta,  dura. Me dije:  voy a hacerles  tocar una música tierna. La obra es un canto a un sapo. Hace dos meses,  Tania Navarrete, directora de Cultura del Municipio de  Ambato, me invitó a participar en la séptima entrega del Festivalfff 2010.   Lo pensé…  lo hago o no. Decidí hacerlo. Realicé   una composición específicamente para  este concierto  que  une al movimiento roquero. Es un espacio importante e  innovador porque desarrolla un espacio  para la  música contemporánea.

La música que usted crea no utiliza instrumentos musicales convencionales. ¿De dónde viene esa necesidad  expresiva tan amplia?

Yo trabajo con objetos sonoros. Así  llamo a estos instrumentos que no tocan notas musicales  sino diferentes sonidos, a los cuales también denomino objetos sonoros. He trabajado con esto desde hace unos 20 años.  Para mí lo importante de esta música es dar una alternativa a los instrumentos convencionales como el  piano, el clarinete, el chelo...

¿De qué están hechos estos instrumentos alternativos?

Hoja de vida
Mesías Maiguashca
Estudió en el   Conservatorio Superior de Música de Ecuador, en   la Eastman School of Music, el Instituto di Tella  y en la Musikhochschule Köln.
 Ha producido en  el  estudio de Música de la WDR  (Colonia), en el Centre Européen pour la Recherche Musicale (Metz), en el IRCAM (París) y  en el Accroe (Grenoble).

Son instrumentos completamente primitivos. Están hechos con varas de metal o de madera, que son materiales primigenios. He diseñado  estos objetos sonoros para crear una música nueva. Si tengo nuevos instrumentos la música   será nueva.

En el festival tocó la composición Lamento por el sapo, de Stanley Hook, ¿dé dónde viene este título?

Se basa  es un poema  escrito por el argentino Juan Gelman. Me pareció bonito utilizarlo porque el rock es una música de protesta,  dura.  Y yo me dije:  voy a hacerles  tocar una música tierna. Así  que la obra es un canto a un sapo. Y eso que no sabía que la palabra Ambato venía de Hambato, que es  un sapo. Acerté sin saberlo.

En la obra participaron importantes roqueros del país. ¿Cómo los escogió?

Me pidieron una sugerencia. Yo conocía a Luis Fernando Enríquez, más conocido como Lucho Pelucho. A él le pedí que juntara un grupo de grandes músicos, entre ellos Igor Icaza. Con ellos nos encontramos en Quito y repasamos allá unas dos veces. Luego continuamos  en Ambato. Acá nos reunimos otras seis veces.

¿Qué le pareció la experiencia de trabajar con jóvenes roqueros, que a veces no son catalogados como músicos profesionales?

Fue una experiencia linda. Soy un músico formado en las tradiciones clásicas. Pero me gusta estar picando. Usted sabe lo rico que es picar… Ha sido una experiencia riquísima. Ya soy viejito y trabajar con gente joven ha sido un placer para mí. Yo aprendí de ellos la  frescura, la vitalidad, la alegría. Y ellos aprendieron de mí a organizarse, a disciplinarse en la producción. Hemos trabajado bien porque nos comprendimos.

¿Qué diferencias encontró entre un concierto de rock y una orquesta de cámara?

Ellos están acostumbrados a tocar en concierto, con  mucha gente,  con locura…   Además, el rock se caracteriza porque el  sonido es muy fuerte. El principal problema, al inicio, fue que los músicos querían escuchar su retorno para saber cómo estaban tocando. En una orquesta de cámara todos escuchan a todos. Con los ensayos esto se superó y en el momento de la presentación nos comunicamos con gestos,  que son características muy típicas de los conciertos de cámara.

¿Volvería a hacerlo?

Claro, si me lo proponen otra vez, por su puesto que lo haría.

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