8 de diciembre de 2014 16:19

Decio Machado: ‘Correa es un candidato ganador en un mar de desaciertos de sus opositores’

El exasesor de la Presidencia, Decio Machado. Foto: Paúl Rivas/ EL COMERCIO

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Arturo Torres. Editor

Esta es la segunda parte de la entrevista al exasesor de la Presidencia, Decio Machado. La primera se publicó el domingo 7 de diciembre.

Al parecer, el gobierno no está procesando adecuadamente el momento que vivimos en función de las crecientes demandas ciudadanas, hay un quiebre evidente pues los movimientos sociales se están reconfigurado, hay más disidencias, la oposición se está uniendo.

La política de siglo XXI se está reinventando a nivel mundial. Fenómenos como el de los indignados, Wall Street, la Primavera Árabe, Hong Kong, son procesos de movilización social globales que cuestionan activamente la política tradicional. Quienes estábamos en el gobierno en esos primeros años creíamos firmemente que era posible entrar en esa misma lógica, conectarnos con las exigencias de la sociedad. Nos parecía que era un régimen innovador, con sus conflictos internos, como cualquier otro. El problema es que fue pan de aquel día para el hambre para hoy.

¿El presidente Rafael Correa se ha convertido en un candidato vencedor de largo aliento que basa su estrategia política en la comunicación negativa sobre sus opositores?

Hay una medición gubernamental que entiende que es necesario polarizar el conflicto político con Guillermo Laso y con CREO. En ese campo siempre ganará el presidente Correa porque seguirá apelando a la mala imagen que proyectan de los banqueros y que aún cala en el electorado. Además, el Mandatario tiene indicadores importantes y logros mucho mejores de lo que tuvieron otros presidentes, hay una fuerte inversión social, infraestructura en carreteras…

¿Entonces, la polarización le beneficia al Gobierno?

Claro, el gobierno tiene la medición que la polarización estratégica con Laso lo beneficia. El problema de la lectura política de eso es que ni Laso ni la nueva derecha que se configura con alianzas, con otros movimientos no saben leer la realidad. Hay una lógica y plataforma de oposición que es legítima pero no entienden que el juego de Correa es polarizar. Y ahí es donde siempre sale ganando. La izquierda política sigue penetrada por actores oportunistas, incapaces de demostrar en su práctica, en su discurso ni en su estrategia. En este mar de desaciertos Correa es un candidato que seguirá ganando elecciones mientras se presente. Tomando en cuenta que estamos viviendo un cambio del ciclo económico, el gobierno ya no tiene toda la plata con que contaba, el dispendio en base a subsidios y proyectos sociales, se va limitando, eso hace que se limite capacidad de clientelismo político, lo que también va generando desgaste.

Pero si Correa se presenta y gana las próximas elecciones del 2017, la legislatura será muy conflictiva, asambleístas de País y de otros movimientos y partidos tienen muy escasa legitimidad social. La gente percibe que lo que manda en la Asamblea es la mediocridad y eso se expresa en medios y en debates. Al mismo tiempo Alianza país no contará con la mayoría legislativa con que hoy cuenta, ni el presidente tendrá legitimación con que contaba.

El régimen aprovechó de todas las consignas de los movimientos sociales, vigentes en los 90s e inicios del 2000 para sumar apoyos en la Constituyente. ¿No es una ironía que ahora estén licuadas las ongs y a un paso de la extinción por el decreto 16?

Claro, pero ha sido una estrategia política constante. Este gobierno es progresista en algunos sentidos, por ejemplo el papel del estado como regulador, la lógica protectora de la ciudadanía sobre el capital; pero es ultraconservador en otras; es decir que en materia de reproducción social el debate del aborto, de la planificación familiar; la intervención de los militares en la seguridad y en materia de control social. Todo eso demuestra otras facetas que este gobierno es más conservador que otros que pudieron haber sido de los socialcristianos. En esa lógica las decisiones de políticas públicas el gobierno ha utilizado el discurso de movimientos de izquierda para mostrarse como progresista sobre un nuevo modelo de gestión.

Acá la derecha no se está movilizando contra el gobierno en las calles, en estos últimos cinco años el régimen ha mantenido las disputas en las calles con la izquierda. Sin embargo, con ese mismo sector con el que disputa en las calles es el mismo al cual le ha extraído su discurso de reivindicaciones sociales, como líder que pretende ser emblemático. A Correa esto le valió como plataforma electoral nacional y para posicionarse como líder alternativo a nivel internacional.

¿Entonces, el gobierno se volvió absolutamente pragmático?

Así es. La gente ya no vota por un gobierno alternativo de izquierda, sino solo porque se visualiza las obras que se han hecho. Al mismo tiempo, la imagen de Correa como referente político en América Latina cada vez está más deteriorada, porque las nuevas tecnologías de la información permiten en redes sociales ver en segundos lo que está pasando acá. Así se ha visto la persecución y detención de líderes comunitarios, esperpentos sobre la ley del aborto, como silenciaron a sus propias asambleístas; como el presidente arma discursos absolutamente retrógrados, planteando un nuevo modelo de reforma laboral.

¿En qué medida esa estrategia es contraproducente en el mediano y largo plazos para el gobierno que no debate ni procesa las exigencias y reclamos de la oposición y otros grupos sociales, como el indígena, defensores de los DD.HH. que están reconfigurándose y ganando más protagonismo en la agenda pública?

El Gobierno juega a posicionar la idea de que cualquier cosa sin este gobierno es un retroceso al pasado. También hace alarde permanente de su capacidad de intervenir en todos los sectores de forma ilimitada. Eso ocurrió en referéndum popular que planteaban los yasunidos, donde la decisión del CNE fue harto cuestionable. En el conjunto de la sociedad ecuatoriana dejó una mueca de rechazo a una institución que se supone es autónoma y rectora de procesos electorales, o lo que estamos viendo ahora de demandas de sectores políticos y sociales en petición de consulta popular para la reelección indefinida. Esas lógicas, esa capacidad de control sobre todas las cosas es un hecho negativo que a la larga le va a traer grandes problemas. Decía Séneca que todo poder excesivo dura poco, yo diré que habitualmente dura poco. Algunos dictadores en América Latina y Europa se han mantenido mucho tiempo en el poder, pero la realidad política es que ningún poder es estable si es ilimitado, esto le está pasando una factura al gobierno.

Al mismo tiempo hay un descrédito, Correa está perdiendo gran parte de ese discurso que era capaz de hacerle frente, incluso a los medios de comunicación. El Presidente decía que se cortaría una mano antes de firmar un TLC, y aparecen documentos que muestran que este país lo firmó. Decía que ponía las manos en el fuego y montó un acto de solidaridad con su primo Pedro Delgado, quien se fue del país y hoy vive cómodamente en Miami. Eso está poniendo en quiebra toda la credibilidad que el Presidente había adquirido en primeros años de gobierno. Esto, al fin y al cabo, es el deterioro: la gente no está apostando por un programa político en Ecuador; los partidos no tienen ideología, empezando por AP. La gente vota por el Presidente Rafael Correa, no por AP. La demostración es palpable, el nivel de credibilidad de asambleístas frente a la ciudadanía es bajísimo; el nivel de credibilidad de los ministros también. La gente a quien aún le cree es al Presidente. Es una relación líder-masa, y para una relación de este tipo solo se requiere un aparato de propaganda adecuado, que es de altavoz y elemento de alzamiento de la figura del presidente.

Es lo que en mercadeo político se denomina una ‘lovemarc’, es el personaje convertido como una marca en el centro de todo el proyecto

Claro, porque las estrategias de marketing político de este gobierno no son diferentes a aquellas de marketing publicitario de cualquier producto de una multinacional del mercado. Quienes articulan esa estrategia de marketing político son publicistas que han trabajado antes para campañas del mercado.

¿De hecho las campañas empleadas por asesores del gobierno en este campo han ganado premios internacionales?

Así es, reconocidos internacionalmente, lo cual tampoco forma parte de la realidad media de los ecuatorianos, están en otro estatus.

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