7 de noviembre de 2016 14:20

Daniel y Rosario: la poderosa pareja que gobernará Nicaragua

Daniel Ortega y Rosario Murillo es la nueva pareja presidencial que ganó las elecciones en Nicaragua. Foto: EFE

Daniel Ortega y Rosario Murillo es la nueva pareja presidencial que ganó las elecciones en Nicaragua. Foto: EFE

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Agencia AFP

Daniel Ortega, un exguerrillero marxista que luchó contra la dictadura somocista y ha gobernado Nicaragua los últimos 10 años con estilo autocrático, ganó su tercer mandato sucesivo, esta vez de la mano de su excéntrica esposa, la poetisa Rosario Murillo, como vicepresidenta.

'El comandante ', como le llaman sus seguidores, mantuvo el poder en las elecciones celebradas el domingo, sin la participación de la oposición que fue excluida del proceso y denunció un abstencionismo masivo en la votación.

Sus detractores lo acusan de querer instaurar una dinastía familiar similar a la Somoza, que el entonces insurgente Frente Sandinista (FSLN) derrocó en 1979 tras cuatro décadas en el poder.

Ortega presidió el gobierno revolucionario sandinista (1979-1990) con el apoyo de Cuba y la entonces Unión Soviética, en medio de un conflicto con la guerrilla de los “contras” apoyados por Washington, que dejó unos 35 000 muertos.

Con la economía en ruinas y tras 10 años al frente del país, Ortega perdió las elecciones de 1990, y pasó 17 años con el FSLN en la oposición, desde donde promovió violentas protestas y negoció reformas con la derecha en el poder.

Volvió a gobernar tras los comicios de 2006, favorecido por la repentina muerte del popular excandidato a la presidencia Herty Lewites, un disidente sandinista que agrupaba a los sectores que cuestionaban el liderazgo de Ortega en el FSLN.

Nuevamente en el Gobierno, maniobró para asumir gradualmente el control de todo el aparato estatal, la Policía, el Ejército y anular a potenciales opositores de la derecha liberal como de la disidencia sandinista que lo tilda de “dictador”.

Con el respaldo de la millonaria cooperación petrolera venezolana, impulsó programas sociales, en uno de los países más empobrecidos de América Latina, y se alió al gran capital con promesas de estabilidad a cambio de que se alejaran de la política.

Estableció buenas relaciones con Estados Unidos, alejando el fantasma de la guerra que rodeó por años su figura, dinamizó el comercio y reforzó la seguridad interna del país, considerado el más seguro de Centroamérica.

Un polémico fallo judicial lo habilitó para postularse a la reelección en 2011, pese a que estaba prohibido, y tres años después el Parlamento, dominado por su partido, dio luz verde a la reelección presidencial indefinida con una enmienda constitucional.


Su visión maquiavélica de la política, combinada con su destreza para hacer alianzas e imponer su voluntad aplastando sin piedad a los que se le oponen, convirtieron a Ortega en el máximo líder del FSLN, al que se integró en 1963.

Nacido el 11 de noviembre de 1945 en el pueblo minero La libertad, Ortega abandonó la carrera de Derecho para integrarse al FSLN y pasó siete años preso en una cárcel somocista, en la que fue torturado.

Algunos lo describen como un hombre pragmático, frío y desconfiado, mientras otros lo tildan de comprensivo, humano y sencillo.

Gobierna recluido en una residencia de Managua fuertemente custodiada, es reacio a viajar y dar entrevistas. Se desplaza en un lujoso Mercedes Benz y considera que los que cuestionan su dirección son traidores.

'La Chayo', nueva vicepresidenta

Ortega ha reducido sus apariciones públicas en los dos últimos años, pero hace acto de presencia a través de su leal compañera Rosario Murillo, de 65 años, con quien tiene nueve hijos, dos de ellos adoptados. “Es una mujer muy inteligente” que ha sabido ganarse su espacio en la política, dice el exguerrillero Edén Pastora, quien la compara con Margaret Thatcher e Indira Gandhi.

Poetisa y muy trabajadora, 'La Chayo', como se le conoce, no solo es la primera dama del país: dirige la comunicación y controla la agenda oficial, sin que nadie se atreva a decir ni hacer nada sin su permiso.

En sus intervenciones diarias en medios oficialistas informa sobre la marcha del “buen gobierno”, regaña en público a los funcionarios y lee poemas.

El papel de Murillo “como vicepresidenta seguirá siendo sumamente importante. Se trata de una de las imágenes mediática más poderosas del gobierno” en el cual “ha asumido en muchas ocasiones funciones de jefe de Estado”, con la salvedad de que ahora tendrá "legitimidad”, dijo en un correo electrónico la analista y académica mexicana Verónica Rueda, de la Universidad de Quintana Roo.

Domina el inglés y el francés y captura la atención con su larga cabellera, trajes coloridos, excesivos collares, pulseras y anillos que evocan el estilo hippie de los años 60.

Su antigua compañera de lucha, la escritora nicaragüense Gioconda Belli, actualmente opositora al gobierno, la describe como una mujer supersticiosa, encantadora y compleja.

Murillo se forjó como revolucionaria en la lucha contra la dictadura somocista y en 1977, estando en la clandestinidad, conoció a Ortega, con quien se casó formalmente hace 11 años.

Apoyó a Ortega cuando su hija Zoilamérica Narváez, fruto de su primer matrimonio, le acusó en 1998 de haber abusado sexualmente de ella desde los 11 años.

Los cargos fueron rechazados por una jueza sandinista y Zoilamérica vive exiliada en Costa Rica, desde donde el domingo dijo que la reeleccion de sus padres fue “una farsa” y que carece de “legitimidad”.

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