25 de July de 2009 00:00

‘La cultura no progresa, sí se mueve’

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Cultura es lo que somos. Y somos, mientras hacemos la vida, todo lo que encontramos e incorporamos después debido al ambiente, las experiencias y los conocimientos.

Sin perjuicio de nuestra individualidad, somos seres hechos por los otros y por la sociedad.

Sin entrar a definiciones elaboradas, cultura es lo que pensamos, hablamos, amamos, construimos, creemos, leemos, comemos… Cultura no es lo que tenemos, sino lo que somos.
 
De modo que la cultura ‘ya está’  en la sociedad, en el lenguaje, en la religión, en las tradiciones,  en las historia, en los mitos…

En las calles y en las casas. En ese sentido, la cultura y toda manifestación artística no ‘progresa’, sino se ‘mueve’. Está en permanente acción.
 
Una de las orientaciones del Ministerio de Cultura es justamente esa: empujar la cultura, promoverla, colaborar con los actores culturales. Impulsar lo que se encuentra vivo para que se manifieste. No se ve la intención de ‘crear’ o ‘repartir’ cultura desde arriba, y menos de ‘encerrarla’ en cenáculos o parcelas. Sin duda, existe un proceso democratizador de la cultura.
 
Sin embargo, podríamos ir más lejos. En Brasil está presente la denominada Ley Roaunet. Su propósito: facilita, no sólo la creación, sino el acceso popular a los bienes culturales: teatro, danza, cine, literatura, música, artes plásticas, patrimonio cultural, folclor, artesanía, y otras manifestaciones que van construyendo un país, una identidad.

Esta Ley, sin perjuicio de la acción que pueden ejercer el Estado y los organismos públicos, permite descontar ciertos porcentajes del monto de Impuesto a la Renta para destinarlos a proyectos específicos.
De esa manera, esos fondos irían directamente a proyectos culturales sin pasar por el tamiz oficial. Naturalmente, los organismos públicos (en nuestro caso el Ministerio de Cultura o el Consejo Nacional de Cultura) deberían conocerlos y aprobarlos.
 Sería una aplicación de ese sistema que ha servido para ejecutar obras (a veces no prioritarias o que no fueron fruto de una planificación global) que ha promovido, con base en  un concepto errado, la ‘donación’ de un porcentaje de ese impuesto. Errado, porque se dona lo propio y no lo ajeno. No obstante, ‘entregarlo’, en función de la democratización se la cultura, es otra cosa. Valdría la pena intentarlo.

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