27 de November de 2009 00:00

Cultivos y vacas, en riesgo en Carchi

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Redacción Tulcán

Nubes de polvo cubren los sembríos de maíz de Germán Bolaños, en la comuna El Garbanzal, en el cantón Mira. El campesino, junto con tres jornaleros, levanta la tierra seca con el azadón y arranca la maleza que amenaza al cultivo.

A cada paso, las botas de caucho amarillo de Bolaños se llenan de polvo, al igual que su ropa y su sombrero negro. Con su rostro desencajado recorre las 3 hectáreas de maíz que sembró hace tres meses. “Gasté USD 3 000 y las plantas no desarrollan por la falta de agua”.

Por la sequía, Bolaños aumentó la jornada laboral. Cuando llovía trabajaba de 07:00 a 13:00, ahora lo hace hasta las 17:00. El finquero paga USD 14 diarios a los jornaleros. Una vertiente, ya casi seca, es la única fuente de abastecimiento en el sector. “Si no llueve pronto, nos vamos a quedar sin comida”, asegura.   

En El Garbanzal, el prolongado verano tiene preocupados a los campesinos. “Mis vecinos prepararon los terrenos y no sembraron”, cuenta Jorge Onofre, dueño de una finca. 

Él sembró papas y maíz para el consumo familiar. “Las lluvias de octubre no llegaron y preferí no sembrar nada más”. Cada ocho días, Onofre recibe agua del canal de riego por cuatro horas.  “Viene muy poco. El recurso es escaso, antes era abundante”. 

A media hora de la cabecera cantonal de Mira está Santiaguillo. Pequeñas casas de teja y adobe rodean los pocos cultivos de  pimiento, papa, arveja... que crecen en la tierra agreste. 

Luego de cosechar la media hectárea de fréjol que sembró, Luis Caicedo alistó su terreno para cultivar ají. “Hay que estar loco para arriesgarse a sembrar en tierra seca”, comenta.  

Caicedo cuenta que la desesperación de los campesinos por la falta de agua les llevó a habilitar un canal que estaba destruido en Juan Montalvo. “Organizamos mingas y desde hace dos días ya fluye agua por la estructura de cemento”. Aún no definen los horarios ni el costo del agua que llegará a los propietarios de los terrenos.

Más al sur, en La Concepción y en la Estación Carchi,  los finqueros están angustiados porque el ganado no tiene qué comer. Los cultivos de caña, pimiento y fréjol se destruyen por la falta de agua. Las vacas,  en terrenos áridos, tratan de arrancar las pocas hojas verdes de algunas plantas que resisten a la sequía.

“Mi ganado está flaco, porque los pastos desaparecieron”, dice Lorena Quiñónez. Ella vive en Estación Carchi. Su molestia es porque quienes tienen los terrenos en la parte más alta, cerca de las vertientes, utilizan la poca agua disponible.

Los jóvenes que antes trabajaban en las fincas salieron a Quito e Ibarra a buscar otro empleo. “No les importa cuánto les paguen, aquí no tienen qué hacer”.

Mira no es el único cantón de Carchi que padece el azote de la sequía. En Bolívar y El Ángel, un buen número de vertientes desapareció. El problema se agravó cuando los campesinos decidieron quemar los árboles para atraer la lluvia.

Zoyla Meneses reconoce que esta vez no funcionó la estrategia que aplicaban sus antepasados. “No tengo para comprar hierba”. Ante esa realidad, intentó vender sus dos vacas. “Salí a la feria y me ofrecieron USD 200 por cada una. Antes de la sequía me pagaban USD 800”.

Los campesinos de esta zona riegan sus cultivos con el agua del río El Ángel. Por ahora, la corriente es muy débil y solo les alcanza para regar una vez cada 15 días. La preocupación es evidente en el rostro de Meneses. Sabe que si no llueve hasta la próxima semana, tendrá que vender sus vacas.

El reducción en el costo de los animales se pudo constatar la semana pasada en las ferias de Tulcán y de San Gabriel, las más grandes de la provincia.

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