24 de abril de 2017 11:35

Cuenca está a la deriva por la movilidad

La construcción del tranvía lleva más de tres años y ha afectado a los negocios el centro de la capital azuaya. Foto: Xavier Caivinagua para EL COMERCIO

La construcción del tranvía lleva más de tres años y ha afectado a los negocios el centro de la capital azuaya. Foto: Xavier Caivinagua para EL COMERCIO

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Lineida Castillo

La suspensión de los vuelos Cuenca-Guayaquil, y viceversa, por parte de Tame EP ahonda la crisis en la capital azuaya. Este tema se suma a otros problemas pendientes que tiene la urbe, como la construcción del tranvía, la operatividad del aeropuerto, la conectividad vial… que empezaron hace dos años.


El recorte de vuelos generó la reacción de las cámaras de la producción, universidades, taxistas y autoridades locales. Con un plantón -el pasado jueves- rechazaron lo que consideran que es otro maltrato para los cuencanos.


La imagen que genera la capital azuaya es de una ciudad huérfana y a la deriva, porque no hay un trabajo conjunto de las autoridades locales, provinciales y nacionales frente 
a temas pendientes.


Para Xavier Patiño, presidente de la Cámara de Comercio de Cuenca, las soluciones no llegan porque las gestiones locales y nacionales tienen carácter político-partidista. En el último año el alcalde, Marcelo Cabrera, no tuvo buenas relaciones con el Gobierno. 
La falta de gestión ocurre con el tranvía. El sistema de movilidad lleva más de tres años en ejecución y, según el contrato inicial, debía operar en el 2015.

En febrero, Cabrera terminó de forma unilateral ese contrato por los incumplimientos de la firma contratada. 
El avance es menor al 75%, y las obras en diferentes tramos de la ruta de 21 kilómetros, entre ida y retorno, están casi paralizadas. La construcción se presupuestó por USD 532 millones, pero al Municipio le faltan más de USD 40 millones para las obras complementarias. 


Pese a la quiebra de negocios, pérdida de empleo y plantones realizados por los dueños de comercios, el tema se diluye en las gestiones.
Según Juan Pablo Vanegas, presidente de la Asociación Hotelera del Azuay, el tranvía originó la crisis de los sectores turístico y comercial del Centro Histórico. Y casi enseguida llegó el cierre del aeropuerto Mariscal La Mar, para realizar el recapeo de la pista, entre agosto y septiembre del 2016.


Esta obra se cumplió por recomendación de la Dirección de Aviación Civil, tras el percance registrado con un vuelo de Tame que se salió de la pista y la posterior cancelación de 148 vuelos por pista mojada.
Este viernes 28 de abril se cumplirá un año de ese percance y aún no existe el in­forme de la Comisión Investigadora. “Es otra muestra de que Cuenca está a la deriva y que las autoridades nacionales no toman en serio a esta ciudad, aseguró el sociólogo Marco Salamea. 


Por el tranvía y el cierre del aeropuerto, el año anterior 18 hoteles del centro de la ciudad tocaron fondo: su ocupación fue del 10% de su capacidad.
14 hoteles de la zona urbana se vendieron o rentaron. Hay tramos donde las obras concluyeron en diciembre, pero la actividad económica no se recupera. En el Hotel Posada del Ángel, por ejemplo, el flujo de turistas sigue bajo, dice su propietario, Daniel Hernández. 
Él teme que la última decisión de Tame frene más la llegada de turistas extranjeros a Cuenca, que generalmente llegaban en los vuelos de conexión por Guayaquil. 


Según datos de la Corporación Aeroportuaria de Cuenca (Corpac), la salida de aerolíneas y la suspensión de rutas pasaron factura en los últimos cinco años. En el 2015, el aeropuerto cuencano movilizó 
266 302 pasajeros de Tame y Latam; el año pasado la cifra fue de 196 000 pasajeros.
Atrás quedó el ‘boom’ registrado entre el 2012 y 2014, cuando operaban tres aerolíneas, con 16 vuelos diarios y el aeropuerto movía más de 
500 000 pasajeros por año.


En la actualidad, el aeropuerto opera ocho vuelos diarios de domingo a jueves, de las aerolíneas Tame y Latam, y seis los viernes y sábados, ambos entre Quito y Cuenca.
Salamea considera que no hay un trato equitativo del Ejecutivo con Cuenca. Mencionó, por ejemplo, que en el 2011 el Estado eliminó el subsidio al combustible de avión al Mariscal La Mar, que maneja recursos públicos y que no está concesionado. 


Esta medida -dice- encareció el costo del pasaje, afectó al bolsillo de los usuarios y las autoridades locales no reclamaron hasta tocar fondo, con la última decisión de Tame.
El azuayo Martín Orejuela viajaba una vez por mes a Guayaquil por negocios. Pero en los últimos dos años lo hace en buseta, porque el pasaje llegó a costar sobre los USD 300. 


Orejuela contó que en ocasiones perdió tiempo porque se quedó atrancado el algún derrumbe de la vía Molleturo-Naranjal. La Girón-Pasaje, que conecta con El Oro, también 
está deteriorada. Ambas vías soportan intenso tránsito. 
Recuperar el subsidio al combustible es la principal ges­tión de empresarios y autoridades locales ante el Gobierno.

La gobernadora, María Augusta Muñoz, dijo que las autoridades de la Corpac deben formalizar el pedido. 
Los empresarios critican que la Gobernación tampoco ha liderado diálogos conjuntos con todos con los sectores, incluido el Municipio, para resolver estos temas. Para Patiño, todo esto ubica a la capital azuaya en una incómoda posición frente a la oferta de sus servicios.

En contexto


El recorte de vuelos, desde la semana pasada, generó la reacción de las cámaras de la producción, universidades, taxistas y autoridades locales. Con un plantón -el pasado jueves- rechazaron lo que consideran que es otro maltrato para los cuencanos.

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