15 de November de 2009 00:00

Las cruces continúan sobre el agua

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Redacción Guayaquil
cultura@elcomercio.com

La masacre de entre 300 y 400    trabajadores y obreros  ocurrida el 15 de noviembre de 1922 no solo está registrada en  los  libros de Historia del país. Una de las novelas   clásicas de la literatura nacional, ‘Las cruces sobre el agua’, de Joaquín Gallegos Lara, también es   un referente   de ese      hecho trágico.



El hecho histórico
Joaquín Gallegos Lara tenía 11 años cuando ocurrieron los hechos del 15 de noviembre de 1922. Según Carlos Calderón Chico, vivió ese hecho y luego lo convirtió en una narración.
 La  marcha salió  desde la Sociedad de Cacahuero  Tomás Briones,  en las calles Pedro Moncayo y Urdaneta.  Desde allí caminaron por  Pedro Moncayo, Nueve de Octubre, Boyacá, avenida Olmedo hasta el Malecón, donde se produjo la masacre.
Se calcula que unos  30 000 trabajadores y obreros participaron en la marcha. Ellos pedían mejores condiciones de vida.

La primera edición, publicada en Guayaquil, en  abril de 1946,  tuvo 254 páginas. Las reacciones, críticas  y comentarios sobre la novela se presentaron desde el mismo año de su aparición.

El escritor Alfonso Murriagui, en su artículo para el sitio webVoltaire.org, cuenta que  en la edición número 13 de la revista Letras del Ecuador,   de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, de mayo l946, ya se hace referencia a la novela.

El autor   es Pedro Jorge Vera. “Al iniciar su comentario, destaca que ‘Las cruces sobre el agua’  es la novela de Guayaquil como jamás se ha escrito otra, tal es la plasticidad, vigor y autenticidad de elementos con que la ciudad está aquí reconstruida”.

En agosto de ese año,  Cristóbal Garcés Larrea, poeta y crítico guayaquileño, afirma que, en esa obra, Gallegos Lara cuenta “la historia dolorosa, humilde y siempre grande de la ciudad porteña. Viene a decirnos verdades amargas, con un realismo tan desnudo que a veces nos asusta”.

A 87 años de la masacre de los trabajadores y 63 de la publicación de la novela, las reacciones se mantienen. Carlos Calderón Chico, historiador y escritor guayaquileño, señala que  se trata de una  novela que tiene actualidad.

“Un libro se vuelve clásico cuando encuentra lectores, cuando sigue generando conciencia, en este caso social y colectiva. Eso ocurre con la obra de Gallegos Lara”.
Según Calderón, el detalle de los hechos ocurridos  está en el    capítulo       titulado Fuego contra el pueblo. “Es simplemente un ejemplo de lo que puede volver a ocurrir en cualquier momento. Las élites de cualquier país son capaces de cualquier cosa”.

El historiador recuerda que en     sus ‘Conversaciones con Alfredo Pareja Diezcanseco’ (libro publicado en  2008),  hay una referencia al hecho histórico. “Nosotros éramos jóvenes, casi niños cuando ocurrió la matanza. Lloramos. Nuestra generación vio con lágrimas el 15 de noviembre de 1922. Este hecho nos cambió la mentalidad, nos transformó, nos formó una conciencia social y política, siendo jóvenes”, dijo Pareja.

Jorge Velasco Mackenzie, escritor guayaquileño, dice que se trata de una      de las primeras novelas urbanas escritas en el Ecuador. Es destacable que los antiguos lectores y los nuevos miren cómo, todavía,         la obra se proyecta como un hecho literario trascendental.

“Esto ocurre porque corresponde a una expresión muy particular de un autor nacido en Guayaquil, interesado por hechos sociales como el ocurrido en esa fecha. Eso permite que se lea el libro en la actualidad y que todavía nos removemos con sus páginas”.

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