13 de marzo de 2015 16:52

Cristina Fernández se mete de lleno en la campaña electoral argentina

Cristina Fernandez, presidenta de Argentina. Foto: Archivo / AFP
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Agencia EFE

Aunque no puede optar de nuevo a la Presidencia en los próximos comicios de octubre, Cristina Fernández es la gran protagonista de la carrera electoral que vive Argentina y se ha lanzado de lleno a la campaña con un consejo para los votantes: "Piensen bien su voto porque no se aceptan devoluciones".

"Asegúrense de que ese que voten les pueda seguir dando las mismas cosas que ganaron estos doce años", agregó la presidenta ante cientos de militantes de La Cámpora, la organización juvenil cristinista que lidera su hijo Máximo, reunidos en la Casa Rosada el jueves.

Apenas unos minutos antes, la mandataria había anunciado una mejora en los incentivos para los jóvenes de bajos recursos no abandonen sus estudios en un discurso con una fuerte carga política en plena carrera electoral.

Tres son los precandidatos con posibilidades según las encuestas. Dos peronistas enfrentados: el gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli -peronista oficialista-; y el líder del Frente Renovador, Sergio Massa -peronista disidente-; además del conservador Mauricio Macri, alcalde de la capital.

Agotados los dos mandatos consecutivos previstos en la Constitución argentina, Fernández no puede optar de nuevo a la Casa Rosada en las presidenciales del próximo octubre, pero no ha despejado las dudas sobre su futuro político ni ha descartado la posibilidad de figurar en alguna de las listas, bien para la provincia de Buenos Aires, el Congreso o incluso el Parlasur.

La presidenta tampoco ha anunciado formalmente cuál de los siete aspirantes a la candidatura por el oficialismo es su favorito, aunque no oculta en público su inclinación por su ministro de Transportes, Florencio Randazzo, que aún mide poco en las encuestas pero que va escalando en popularidad con base en inaugurar trenes prácticamente a diario.

El único aspirante oficialista con posibilidades en este momento, según los sondeos, es Daniel Scioli, un veterano kirchnerista que no es precisamente considerado por Fernández como uno de sus hombres de confianza.

La estrategia de Fernández de impulsar a Randazzo frente a Scioli ha desatado una guerra abierta entre ambos, que incluye descalificaciones públicas y que puede terminar por perjudicar la imagen del oficialismo.

Mientras, Cristina Fernández participa, activamente, en la elaboración de las listas para asegurarse la presencia de sus fieles y de La Cámpora, bastión del voto juvenil cristinista.

Pero el Frente para la Victoria no es el único con problemas internos. La Unión Cívica Radical, el único partido centenario con nueve presidentes en su historia, atraviesa por horas bajas y se enfrenta a esta convocatoria electoral casi como un jugador de segunda.

La convención nacional del partido tendrá que decidir, este sábado, si aceptan una alianza con el alcalde capitalino Macri, con Sergio Massa o mantienen su acuerdo vigente con el socialismo en el Frente Amplio-Unen.

Tanto la Propuesta Republicana (Pro) de Macri como el Frente Renovador de Massa necesitan una estructura territorial nacional que no tienen y sin la cual se complican sus posibilidades para la cita electoral de octubre.

Sergio Massa, ex jefe de Gabinete de la presidenta Fernández y ahora uno de sus enemigos políticos, despliega una activa campaña tratando de sumar apoyos de dirigentes peronistas distanciados del oficialismo.

Macri, que también ha agotado las dos periodos consecutivos que se permiten en el gobierno de la capital, tiene que enfrentar la división de su partido en la ciudad de Buenos Aires tras la decisión de Gabriela Michetti de competir por la candidatura a la alcaldía en las primarias de abril contra el actual vicejefe de Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta, favorito del líder del Pro.

Mauricio Macri ya coqueteó con la presidencia en los últimos comicios pero desistió tras analizar las encuestas. Esta vez, quiere llegar hasta el final. Un final imprevisible para el que faltan aún siete meses. Una eternidad en una Argentina convulsa.

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