15 de November de 2009 00:00

La crisis energética puede apagar la imagen de un Régimen

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Carlos Rojas,
editor (e) política

El descontento ciudadano se ha convertido, en más de una ocasión, en un arma mortal para un gobierno en crisis. Los presidentes Bucaram, Mahuad y Gutiérrez son los típicos ejemplos, citados cien veces en los análisis políticos.



Medidas  para afrontar la crisis
  
Correa  anunció que la próxima semana podrían reducirse los cortes  de energía eléctrica con la adquisición de dos generadoras térmicas, que  aportarán   146 megavatios de electricidad.        

Con la compra de dos  generadores  térmicos a Cuba,  por  USD 200 millones, el Gobierno  pretende  aportar  150 kilovatios de energía  eléctrica.      

Para compensar a los perjudicados , el Régimen ofreció un programa de   crédito y cofinanciamiento para adquirir generadores o energía alternativa. El actual mandatario Rafael Correa, que juró enterrar el pasado a fuerza de la revolución ciudadana, sabe que la impopularidad en el Ecuador tiene un alto costo.

Por eso, sus tres años en el poder se han caracterizado por una hábil campaña mediática y publicitaria que le ha permitido mantener a la población a la expectativa de un cambio radical en el país.

¿Qué pasa cuando un Gobierno afronta una crisis  que le obliga a racionar el consumo de energía para los ciudadanos? ¿Cuál ha sido la reacción de los ecuatorianos ante el episodio de  los apagones,   sentido con fuerza en años anteriores y de triste recordación?

 Una semana de cortes de luz podría ser muy poco para reflexionar sobre estas cuestiones. Sin embargo, lo que ha quedado demostrado con la desarticulada reacción del Régimen, es que la crisis eléctrica es demasiado seria como para afrontarla únicamente desde el conjunto de decisiones técnicas.

El diseño de una  estrategia política se convirtió, por tanto, en una tarea urgente.

El  Presidente y sus asesores debieron recordar lo desgastante que significó  para Sixto Durán Ballén ejercer un gobierno, prácticamente, a oscuras.

El cambio de hora, entre 1992 y 1993,  así como  los apagones de 1995 son parte de los hechos más relevantes  con los que la gente asocia a  ese mandato. Cabe recordar un  grafiti que, al inicio de ese Gobierno, se pintó en una pared de Quito. “Sixto,  no queremos que adelantes una hora, sino los cuatro años”. Para blindarse del desgaste que acompañó a Durán Ballén y la famosa ‘hora Sixto’,  el actual Gobierno, ha preferido culpar al pasado sobre los efectos de una crisis del presente,  que no ha podido evitarse en tres años de la revolución ciudadana. Rafael Correa dijo que Hurtado, Febres Cordero, Noboa y Gutiérrez son los responsables. Y, para la gente que no acepta esa excusa como válida, ahora, la culpable es la  sequía más fuerte en 40 años.

Algo debe temer el Presidente, acostumbrado a los éxitos electorales y a la buena popularidad. Por eso no ha dudado, parafraseando al propio Simón Bolívar, en desafiar a la naturaleza y decirle que  luchará contra ella si esta no entiende al avance de  la  revolución.

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