9 de abril de 2017 00:00

Crímenes con violencia extrema se registran en Cuenca

Xavier Caivinagua para el comercio Baltazar Tacuri fue velado y sepultado este miércoles en su vivienda, en la parroquia rural de San Joaquín.

Baltazar Tacuri fue velado y sepultado este miércoles en su vivienda, en la parroquia rural de San Joaquín. Foto: Xavier Caivinagua para EL COMERCIO 

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Lineida Castillo

La voz de Ricardo Baculima suena triste y cansada cuando relata cómo asesinaron a su suegro. Él encontró a Baltazar Tacuri, de 79 años, en una zanja boscosa, boca abajo y con la mitad de su cuerpo quemado. Era lunes 3 de abril y la noticia conmocionó a los vecinos de la parroquia rural de San Joaquín, ubicada al oeste de Cuenca.

Tacuri era comerciante de madera y en la mañana del sábado 1 de abril salió de su casa con USD 900 para pagar el sueldo a sus seis empleados y cobrar otras deudas que tenía.

Para la familia fue extraño que el hombre no llegara para la velación de la imagen de la Virgen del Cisne que se cumplía en su casa y tampoco contestaba su celular.

Ahora, nadie sabe exactamente, por qué ocurrió un ataque así de extremo, pero la Dirección Nacional de Delitos Contra la Vida, Muertes Violentas, Desapariciones, Extorsiones y Secuestro investiga este caso por robo.

“A mi suegro lo mataron con un golpe en la cabeza y para deshacerse del cuerpo le prendieron fuego; fue horrible, dijo Baculima en el sepelio que se cumplió el martes. Ese lunes también apareció el cadáver de Cristina Palacio, la joven que fuera apuñalada y arrojada a un río, según el relato que dio la persona que ahora es procesada en este caso.

¿Por qué este nivel de violencia? Los agentes tienen algunas pistas. Rodrigo Ocaña, jefe de la Policía de Azuay, dice que los sospechosos “pueden actuar con violencia cuando están bajo efectos de alcohol, drogas o tienen trastornos”.

En el caso de Palacio, la defensa del procesado argumentó que él tiene una afectación mental y presentó documentos de que estuvo recluido en un centro de rehabilitación por consumo de estupefaciente.

En Cuenca ya hay antecedentes de la violencia extrema en los asesinatos. En julio del 2012 las hermanas Marisela y Moraima Páramo, de 22 y 24 años, fueron golpeadas, estranguladas y una de ellas agredida sexualmente en su casa ubicada en el sureste de la ciudad. Finalmente, el agresor prendió fuego a los cadáveres.

El único sospechoso está prófugo y, por eso, el proceso judicial quedó estancado. Las universitarias vivían solas porque sus padres migraron. Dos años después, la familia vendió la casa para alejarse de los recuerdos. “Quedamos dolidos con el horrendo crimen”, dijo el jueves una vecina.

También, hay casos sentenciados como el crimen de Cristina Suquilanda, de 41 años, que ocurrió en julio del 2013. Su cuerpo incinerado fue encontrado a orillas del río Yanuncay, sector de Barabón.

Los tres responsables cumplen una sentencia de 25 años por homicidio con alevosía.

En sus hijos el dolor sigue presente y ahora prefieren no hablar del tema.

Para Felipe Camacho, exdirector del Consejo de Seguridad de Cuenca, los crímenes con saña generalmente ocurren cuando los autores tienen odio o antipatía hacia la víctima. “Actúan con hiperagresividad por una condición del momento, pero que arrastran algún tiempo”, señaló.

A Blanca Duchi, de 47, su yerno la mató con siete puñaladas, el 20 de marzo y están entre las 13 muertes violentas registrados en Cuenca durante el 2017.

Los vecinos del barrio La Libertad, de la parroquia rural de El Valle, quedaron sentidos con este caso. Cuentan que Rommel S., llegó a la casa de su suegra en estado etílico a golpear a su esposa que dormía. Al escuchar la discusión, Duchi defendió a su hija y él la apuñaló en la espalda y en la cabeza.

Lagente se alarmó y en la trifulca los niños de la familia presenciaron los hechos. El sospechoso escapó.

La casa donde ocurrió el crimen permanece cerrada y nadie cuidó las hortalizas que sembró Duchi. “Lo que ocurrió en este barrio fue trágico, dijo la vecina, María Guallpa.

La cifra de muertes violentas preocupa a las autoridades locales. Por eso se reunieron este jueves pasado en el Consejo de Seguridad y la Mesa 5 de Seguridad.

María Augusta Muñoz, gobernadora de Azuay, reconoció que marzo fue un mes atípico con siete crímenes. Por esto, varios colectivos entre ellos #Niunamenos convocaron a marchas de antorchas, para pedir que estos hechos no ocurran más. La idea es pedir a las autoridades que los crímenes no queden impunes.

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