4 de marzo del 2016 00:00

Grave sequía destruye los cultivos en Cotopaxi

Humberto Chiluisa muestra la tierra arenosa por la falta de lluvias en San Juan de Chan, en la parroquia Eloy Alfaro. Foto: Glenda Giacometti / EL COMERCIO

Humberto Chiluisa muestra la tierra arenosa por la falta de lluvias en San Juan de Chan, en la parroquia Eloy Alfaro. Foto: Glenda Giacometti / EL COMERCIO

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Fabián Maisanche
Redactor (I)
fmaisanche@elcomercio.com

Una prolongada sequía preocupa a los campesinos e indígenas de Cotopaxi. La desesperación por la falta de lluvias les llevó a realizar una marcha y denunciar un supuesto bombardeo a las nubes.

Los comuneros acusan a los propietarios de las empresas productoras de brócoli de ejecutar esta presunta práctica. Según el campesino Gabino Vargas, la supuesta intervención a la Pacha Mama o Madre Tierra se repite desde el 2009 y desde entonces lo han denunciado.

En aquel año, las autoridades provinciales y del Movimiento Indígena y Campesino de Cotopaxi destruyeron cañones antigranizo en una hacienda, en el norte de Latacunga.

El lanzamiento desde los artefactos habría provocado que las nubes se dispersaran en un radio de 80 hectáreas desde donde se disparó. El dirigente cuenta que la intervención que hubo a la propiedad fue por la alargada sequía que se registró entre marzo y junio del 2009. Los sembríos de papa, maíz, alverja, alfalfa, árboles frutales y otros se destruyeron.

“Todos los años tenemos el problema con los bombardeos. Las autoridades y las empresas brocoleras nos solicitan pruebas cuando sí hay antecedentes. Ahora lo hacen con la ayuda de avionetas y unas luces tipo láser”, asegura.

Tras la protesta del miércoles último y las insistentes denuncias, una comisión de la Prefectura de Cotopaxi, empresarios y dirigentes indígenas realizan desde hoy recorridos por las plantaciones de brócoli. El propósito es verificar si hay perforaciones de pozos de agua y los supuestos cañones para el bombardeo a las nubes. La delegación fue integrada ayer en la asamblea provincial realizada en el Salón de Honor de la Prefectura.

El prefecto Jorge Guamán contextualiza el problema de la sequía, pues dice que no es solo un problema de la provincia sino mundial. Indicó que los ciclos de la lluvia y del verano cambiaron para la agricultura. “La producción agrícola decayó en la provincia”.

En el sector de San Juan de Chan en la parroquia Eloy Alfaro, al sur de Latacunga, las chacras de maíz, habas, fréjol, alfalfa y otros productos están secos. Algunas plantas se secaron y otras aún sobreviven. La agricultora Blanca Lagla indica que algunos vegetales logran sobrevivir gracias al agua que reciclan en la cocina o el lavado de la ropa.

La campesina, de 48 años, comenta que su sementera de papas se perdió por la falta de lluvias y el intenso sol. “Antes podía vender unos quintalitos en el mercado y con ese dinero comprar los cuadernos a mis hijos. Ahora no se puede por la sequía y los supuestos bombardeos”.

La afectación de la sequía sería a 15 000 agricultores de Pujilí, Saquisilí, Sigchos, Salcedo y Latacunga. Según datos del Ministerio de Agricultura, Ganadería, Acuacultura y Pesca se han contabilizado 550 hectáreas afectadas por la falta del agua. Carlos Pilatasig, morador de la parroquia San Buenaventura, indica que la tierra está arenosa y hay poco pasto para sus dos vacas.

El campesino, de 52 años, cree que los posibles bombardeos son la causa para que no llueva. “Cuando el cielo se nubla y se pone negro es que va a llover, pero al rato aparecen aviones e inmediatamente las nubes se ponen naranjas y luego blancas. Las nubes se dispersan y ya no cae agua”.

Wladimir Arreaga, técnico del área de Sinóptica del Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología, explica que el bombardeo es para formar nubosidades, con el fin de causar lluvias, no lo contrario.

“Es un poco delicado porque se debe saber cuánto se necesita bombardear, porque se pueden ocasionar algunos problemas (como alejar las nubes). También deben conocer el sitio desde donde se lo practica. Por la circulación del viento estas nubes pueden ser arrastradas y así puede precipitar en otros lados donde no se tenía pensado que llueva”.

En otros países, agrega, se han hecho experimentos arrojando al cielo sustancias como yoduro de plata y dióxido de carbono en campos donde no hay nubosidad para formar más nubes que desarrollen las precipitaciones. Arreaga dice que en nuestros países las condiciones climáticas y del viento son muy variables y se deben tomar en cuenta.

Rafael Gómez de la Torre, director ejecutivo de Aprofel, dice que el supuesto bombardeo será desmentido en la visita a las haciendas. “Las empresas de brócoli damos trabajo a más de
6 000 personas de cuatro cantones de Cotopaxi”.

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