28 de diciembre de 2015 00:00

El Cotopaxi hizo que 3 000 estudiantes se cambiaran de plantel

Mónica cambió a su hija a una semana de inicio de clases; lo hizo para estar más tranquila. Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO

Mónica cambió a su hija a una semana de inicio de clases; lo hizo para estar más tranquila. Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO

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Valeria Heredia

El incremento de la actividad del volcán Cotopaxi trajo como consecuencia cambios en las familias que habitan en las zonas consideradas de riesgo del valle de Los Chillos (ubicado en el cantón Rumiñahui) . Y uno de los más determinantes fue el traslado de niños y jóvenes a instituciones educativas fuera del área vulnerable frente a un posible paso de lahares en caso de una erupción.

Esta realidad modificó la cotidianidad de varias familias del sector, quienes han tenido que enfrentar situaciones como traslado y gastos de movilización, también cambios de domicilio. Pese a que el volcán está en una actividad interna moderada, los padres que optaron por cambiar a sus hijos se mantienen en su posición por su seguridad.

A casi una semana del inicio de clases, en septiembre pasado, Mónica Alvear tomó la decisión de pasar a su hija de establecimiento educativo. Lo hizo con el objetivo de que esté en un lugar seguro y porque no recibió una contestación a su requerimiento de ver los planes de contingencia.

Aseguró que en caso de una eventualidad “tengo la total confianza de que puedo llegar a retirarla o que estará en la institución el tiempo que sea necesario y segura”.

El cambio de la niña fue complicado, ya que dejó a sus compañeros, la metodología de estudio es distinta y le costó adaptarse. “El primer mes fue terrible para las dos (madre e hija) porque pasó de una educación más libre a una tradicional. A esto se suma la falta de los compañeros, incluso de la prima y demás aspectos”.

Sin embargo, no se arrepiente de haberlo hecho, ya que lo importante es la seguridad de su hija: “Tengo la total confianza de que mi hija va a estar segura en caso de que haya un cambio de alerta de amarilla a naranja o una eventualidad con el proceso eruptivo del Cotopaxi”.

Mónica, quien es dirigente de uno de los comités comunitarios de gestión de riesgos, aseguró que todavía está pendiente el tema de movilidad. Relató que los simulacros que se realizaron en la zona han dejado como conclusión que se debe trabajar sostenidamente en este tema. “Se debe pulir los planes de movilidad en base a estos ejercicios para superar puntos como la salida de los estudiantes, su movilización y demás en caso de un evento adverso por el coloso”.

El caso de Mónica se suma a los cerca de 3 000 estudiantes que se movieron de una institución educativa a otra, según el Ministerio de Educación. La cifra fue registrada entre el 2 de septiembre al 11 de noviembre.

Según Augusto Espinosa, ministro de Educación, los cambios se dieron en las zonas dos y nueve (o sea, en Pichincha y Napo). “Estos fueron atípicos por lo que se atribuye que fue por la necesidad de los padres de cambiarlos a un sitio seguro”, ratificó el funcionario.

Espinosa detalló que del total mencionado, 1 710 se han trasladado entre establecimientos dentro del valle de Los Chillos; es decir, de zona de riesgo a una segura. 362 salieron del valle a instituciones en Quito. 927 se cambiaron de Los Chillos a otros sectores del Distrito Metropolitano de Quito.

“Los padres de familia están tomando medidas de prevención y ven que una de estas es que sus hijos estén en un plantel fuera de la zona de riesgo”, agregó Espinosa.

Indicó que se realizan las acciones necesarias en el marco de la prevención. Por ejemplo, se evalúa la posibilidad de reubicar instituciones. Si se eleva el nivel de alerta se estudiará la situación para ver si es conveniente. “Hay la probabilidad de que el volcán se tranquilice. Hay que manejarse según las señales que nos dé”, dijo.

Otra de las madres que decidió cambiar a su hijo de plantel es Andrea Sanabria, quien vive en la parroquia de Conocoto. Su decisión, también, se basó en la seguridad de su hijo Rafael, quien tiene 13 años.

El niño estaba en un establecimiento ubicado en el sector de El Triángulo, a pocos metros del río San Pedro, afluente por el que pasarían los lahares en caso de una eventualidad.

Para Sanabria, la institución tenía un plan, pero había demasiados niños. A su parecer, esto complicaría el traslado de los estudiantes en una posible evacuación real. “En ese establecimiento había desde bebés hasta niños de cinco años y más. El traslado hacia el sitio seguro resultaba muy complicado”, manifestó Sanabria. Así que el cambio resultó muy positivo porque está más cerca de su domicilio.

Hay padres que decidieron alejar a sus hijos de las zonas de riesgo y del valle de Los Chillos. Lo hicieron para velar por la seguridad de los niños y jóvenes. El lugar ideal: los planteles ubicados en Quito o en zonas altas de parroquias de la zona de Tumbaco como Cumbayá.

En este grupo están Juan Alvear y Elsa Torres. Su hija y su nieta, respectivamente, salieron de sus establecimientos ubicados en Selva Alegre y en Cashapamba. Ahora están en otros nuevos. En el caso de Alvear, su hija está en un plantel ubicado en la parte norte de la urbe. Implicó un cambio de casa. Y en el caso de Torres, en Cumbayá.

Ambos aseguran que pese al impacto económico y educativo que tuvieron que pasar los niños, lo importante es que estén en un sitio seguro. El siguiente año seguirán en sus planteles actuales.

En contexto

La seguridad de los estudiantes fue uno de los factores determinantes que llevó a padres y madres de familia a cambiarlos de plantel educativo. Lo hicieron por la falta de respuestas de las autoridades institucionales y de los gobiernos central y seccionales. Lo pendiente: consolidar los planes de contingencia

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