26 de January de 2010 00:00

Los cortes y la falta de agua martirizan a los caraqueños

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Caracas  huele mal. En buena parte el hedor es penetrante. El calor de 29 grados no ayuda a disipar los olores que  expulsan las toneladas de basuras esparcidas a lo largo y ancho de la ciudad.  Los rellenos sanitarios están colapsados durante semanas.

Frente a la gravedad de la crisis, el alcalde de Caracas, Jorge Rodríguez, prometió, a inicios de mes, que para este año esos problemas se  solucionarán o que él dejará su cargo.



3 minutos para bañarse
El  2  de noviembre se inició un plan de ahorro en Caracas, con cortes de suministro del líquido de hasta 48 horas semanales.
El presidente  venezolano Hugo Chávez  sugirió a los ciudadanos que para bañarse era suficiente "un minuto para mojarse, otro para enjabonarse y el tercero para enjuagarse".
Pero el problema empeoró para los caraqueños: los cortes de agua que empezaron  el 2 de noviembre de 2009, debido a una “leve crisis de agua por un déficit de solo 25%”, según el presidente de Hidrocapital, Alejandro Hitcher.   La medida se prevé que se extenderá  hasta mayo, pero también dependerá de las lluvias.

En los hogares caraqueños es común ver amontonados recipientes de todos los tamaños, que se convirtieron en recolectores de agua.  La familia Freire vive en un sector del este de Caracas. En su residencia -un edificio de 14 pisos con 28 departamentos- la suspensión del agua se realizan los sábados y domingos (48 horas).

“Por fortuna tenemos un tanque. Eso apenas nos permite lavar y limpiar un poco; no tener agua es una de las peores cosas. Yo me siento incómoda y nada se puede hacer”, dice  Maritza N. A renglón seguido, la mujer sentencia: “Esto es culpa del Gobierno por no ocuparse de las cosas que debe ocuparse y ahora quieren engañarnos de que es culpa de El Niño”.

Pero las condiciones son más extremas para otros caraqueños. Érica Guerrero, de 30 años, con tres hijos, vive en el oeste de la ciudad. En ese sector  habita una parte de la población pobre. Refiere  que los cortes  se hacen hace  varios meses. “En mi casita tenemos un tanque de agua, pero cuando se acaba nos toca llenar tobos (recipientes) y llevarlos a hombros hasta la casa. No compramos agua solo la buscamos”.
 
Luis Enrique Torres, quien vive en un barrio popular del este y no tiene un tanque de agua en su vivienda, cuenta que todas las tardes van a la loma de Guaraira Repano a buscar agua. “Vamos toda la familia, hasta los chamos (niños). Mi sobrino de 7 años es un cuarto bate (fuerte). Ese baja hasta 3 pipotes. Recopilamos unos 9 pipotes diarios, grandecitos. Nos alcanza para bañarnos el día siguiente; lavar la casa y los peroles.
Nunca sabemos cuándo vamos a tener agua, pero esta situación es muy normal en nuestro barrio”.

La desesperanza por la falta de agua abate a Giussepe Dinozzo. Él es dueño de un restaurante que atiende un promedio de 40 comensales por día. “Imagínate, yo debo mantener los baños limpios, tener agua limpia para lavar los platos, las verduras, cocinar. Para mí el agua es vital. No puedo tener el lugar sucio o los baños sin higiene porque me espanta a los clientes; por eso, tengo que comprar cisternas  y eso cuesta caro”.

Los mayores problemas  con los cortes se han presentado en los sectores más altos de Caracas, en  Baruta, Sucre, El Hatillo y Libertador. Vecinos de esas zonas se quejan de que a pesar de que hay un cronograma de corte en sus sectores no hay un horario fijo de racionamiento que les permita planificar. Se ha agravado en los últimos tres meses, aseguran.

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