10 de julio de 2014 00:00

Empeñados en correr en San Fermín pese a las graves lesiones del pasado

En las estrechas calles de Pamplona, durante las fiestas de San Fermín. Foto. Ander Gillenea / AFP

En las estrechas calles de Pamplona, durante las fiestas de San Fermín. Foto. Ander Gillenea / AFP

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Agencia AFP
Pamplona, España

Uno pasó un mes en una silla de ruedas al romperse el tobillo y el otro recibió una cornada en el muslo, pero los hermanos adoptivos Peter Mulligan y Aryeh Deustch desafían de nuevo a los peligrosos toros de las fiestas de San Fermín.

El año pasado, el abogado estadounidense Peter Mulligan pasó más de un mes en silla de ruedas tras romperse el tobillo durante los famosos encierros en las deslizantes calles de Pamplona, en el norte de España.

En el San Fermín anterior, el cuerno de un toro negro de media tonelada de peso atravesó la pierna de su hermano adoptivo menor, Aryeh Deutsch, cuando cayó en medio de la multitud de corredores de las fiestas de San Fermín.

Pero el doloroso recuerdo no ha impedido que Mulligan, un fornido hombre de 43 años, y su hermano, de 40, se coloquen de nuevo este año ante los descomunales toros de Pamplona.

Y no vienen solos. Este año los acompaña el hijo de 18 años de Mulligan, Sam, que ha debutado en esta centenaria fiesta del norte de España.

“Fue bueno volver al ruedo”, decía Mulligan padre mientras bebía en uno de los abarrotados bares de la plaza central de Pamplona, llena de corredores vestidos con la tradicional ropa blanca y los pañuelos rojos atados al cuello.

Motivación para volver

Pero el lunes, en su primer encierro desde la lesión, pasó nervios. El pasado julio, Mulligan estuvo hospitalizado varios días en Pamplona tras ser arrollado al suelo por otro corredor que huía de un toro descolgado del grupo en la quinta jornada de los sanfermines.

Tras volver a Estados Unidos, tuvo que ir en silla de ruedas hasta finales de agosto y andar con muletas o ayudado por un patinete hasta noviembre.

“Todo el mundo veía como me afectó la lesión y me preguntaban si iba a volver. ¡Por supuesto que iba a volver!”, decía Mulligan.

“Para mí fue una motivación durante mi rehabilitación. Cuando notaba que me tomaba las cosas con calma y no hacía lo que decía el doctor, me aseguraba de ponerme las pilas para no tener ninguna secuela y poder volver”.

Los sanfermines han sido una cita ineludible para los dos hermanos desde 2004. Juntos han participado en 60 encierros y cuentan con cumplir los ocho de este año.

“Corro con los toros en Pamplona, España, con mi hermano. El resto del tiempo hablo sobre correr con los toros en Pamplona con mi hermano”, se describe a sí mismo Mulligan en su cuenta de Twitter.

El miedo a la cornada

Los encierros son el principal atractivo de esta fiesta de origen medieval, que consiguió fama internacional al ser retratada por el escritor estadounidense Ernest Hemingway en su novela “Fiesta” de 1926.

Cada mañana a las 08:00, centenares de personas desafían a los peligrosos animales por un recorrido de 848,6 metros entre calles estrechas y resbaladizas hasta la plaza de toros de Pamplona, donde por la tarde se celebran las corridas.

Quince personas han muerto en estas fiestas desde que empezaron los registros en 1911, la última de ellas un español de 27 años que en 2009 fue corneado en el cuello, el corazón y los pulmones.

A pesar de ello, Deutsch, ingeniero de profesión, intenta que los recuerdos de la cornada de hace dos años no le impidan correr de nuevo.

“Definitivamente piensas sobre ello pero no dejas que te afecta. Lo utilizas en tu favor, aprendes de ello y sigues corriendo”, afirma.

Los dos hermanos se preparan para los encierros practicando carrera continua o visitando ranchos para observar el comportamiento y los instintos de los toros.

“Tenía nervios en mi primer encierro”, afirmaba Sam Mulligan. “Pero me sentí mejor preparado que otros gracias a mi padre”.

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