16 de febrero de 2018 10:15

Correísmo empezó fuerte en la Sierra; hoy está en 2 provincias

El bastión de AP en el 2006 estuvo en la Sierra. En el 2013 fue a la Costa. En la consulta se redujo a dos provincias. Foto: Archivo / EL COMERCIO

El bastión de AP en el 2006 estuvo en la Sierra. En el 2013 fue a la Costa. En la consulta se redujo a dos provincias. Foto: Archivo / EL COMERCIO

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Redacción Política

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La consulta popular y el referendo marcaron un nuevo hito en la historia de Alianza País (AP). El capital político del movimiento se dividió por primera ocasión.

El expresidente Rafael Correa logró un mayor respaldo popular en las provincias de Manabí y Santa Elena, con la opción del no. En el resto del país, se impuso la tesis morenista del sí, pero con el apoyo coyuntural de la mayoría de grupos opositores.

Así, el correísmo, a lo largo de más de diez años, primero fue la principal fuerza política de la Sierra, luego se trasladó a la Costa y ahora se afincó en dos bastiones.

En el 2006, en la segunda vuelta presidencial de ese año, sus centros de mayor apoyo fueron Azuay y Pichincha. Le otorgaron más del 70% de los votos.

Desde entonces, su aceptación en las urnas se mantuvo elevada hasta el 2013 en ambas provincias, que representan a un 23% de los votantes.

En su primera victoria, el binomio Rafael Correa-Lenín Moreno consiguió también una votación igual de alta en Morona y en Cotopaxi (2006). Pero estas representan apenas un 4% de los electores y ese respaldo no se volvió a repetir.

En ese entonces, frente al binomio de la derecha (Álvaro Noboa–Vicente Taiano), los movimientos de izquierda se volcaron a respaldar a la 35. Incluso la votación de Gilmar Gutiérrez, que ganó en la Amazonía y en la Sierra Centro, se redireccionó a AP.

Después llegaron la primera consulta y referendo. El apoyo al oficialismo seguía incrementándose tras las primeras decisiones de Correa. El llamado a la Constituyente obtuvo el 82% y la Constitución fue aprobada con un 64%.

Ya para las presidenciales del 2009, bajo el nuevo marco político, la popularidad del movimiento, con el mismo binomio, se expandió a otras dos provincias que se convertirían también en parte de sus principales centros políticos: Santo Domingo y Santa Elena.

Estas dos circunscripciones tienen una particularidad. El Gobierno cristalizó la larga lucha de esas poblaciones para convertirse en provincias, en noviembre del 2007.

El analista político Sebastián Mantilla Baca acepta que eso pudo influir. Pero ata la popularidad de AP también a otros factores. Por ejemplo, políticas públicas y obras, pero principalmente el que tuvieran líderes locales que los respalden.

Asimismo, en el 2009, la votación de la 35 se incrementó en El Oro, Esmeraldas, Imbabura y Loja. El binomio verdeflex tuvo el 52% nacional.

Pero dos años después, aunque ganaron la consulta de mayo del 2011, tuvieron un revés: las preguntas se aprobaron con un promedio del 46%.

El oficialismo alcanzó su apogeo en las presidenciales del 2013, cuando se expandió definitivamente por toda la región Costa y se impuso también en Galápagos y Los Ríos. Aunque declinó en Loja. El nuevo binomio Rafael Correa– Jorge Glas recibió el 57% de la aprobación nacional.

En las legislativas, AP logró una mayoría absoluta, favorecida por el método de adjudicación de escaños de D’Hondt. Con 100 asambleístas de 137, el bloque pudo aprobar proyectos legales pendientes.

Pero, asimismo, su popularidad empezó a decaer con el paso de los meses. Por lo que, en las seccionales del 2014, sufrieron su segundo revés electoral. Aunque desde las filas de AP no se lo aceptó como tal.

Perdieron las alcaldías más grandes: Cuenca, Quito, Santo Domingo y Manta, y nuevamente Guayaquil, donde nunca vencieron al PSC.

De las prefecturas solo obtuvieron 10. Y uno de sus aliados de ese entonces, Avanza, se llevó el segundo mayor porcentaje de dignidades restantes, una prefectura y 34 alcaldías.

Gustavo Isch, especialista en estrategias políticas, concuerda en que “el poder desgasta, por bueno que pueda ser”. Pero señala problemas de forma y fondo en el caso de AP, como la incapacidad de renovación y de crear nuevos liderazgos locales y nacionales.

Por ende -agrega- no se fortaleció como estructura creadora de nuevos cuadros, sino que los liderazgos internos fueron oprimidos y limitados; se afecto a la capacidad de recambio y, al desaparecer el líder, la organización perdió fuerza.

Así, para el 2017, 11 años después de haber nacido y 10 años después de su llegada al poder, la 35 enfrentó una reconfiguración total de su capital político. El binomio Moreno–Glas tuvo un ajustado balotaje contra el binomio de la derecha (Guillermo Lasso–Andrés Páez).

El oficialismo ganó en 11 provincias, con un total del 51% de los votos nacionales.

Cristian Viteri, exasambleísta y militante de AP, considera que se debió a que en los últimos años del Régimen anterior se dejó de escuchar a la gente. Se tomaron decisiones en función de lineas ideológicas, como la Ley de Plusvalía.

Otro factor, según Viteri, fue la corrupción. Explica que no solo los actos de corrupción han afectado al voto duro de AP, sino también el “afán de justificarla para mantener el discurso de manos limpias”.

El único reducto de sus bastiones originales que quedó en pie el 2017 fue Santa Elena, sumado al apoyo mantenido en Los Ríos y a la sorpresa que causó Manabí, a la que le deben su victoria. Esta última fue la provincia donde más respaldo tuvo AP, con el 67%.

En este resultado también influyó el terremoto de abril del 2016 y toda la atención que el Gobierno debió volcar entonces a la provincia; especialmente la presencia del entonces vicepresidente Jorge Glas, quien encabezó el Comité de Reconstrucción. Y la campaña que hizo el mismo expresidente Correa desde Carondelet.

Por eso, los resultados de la última consulta popular y referendo muestran que el capital político del oficialismo se volcó al correísmo, donde el no tuvo un importante apoyo.

La socióloga Natalia Sierra apunta que AP perdió respaldos en Quito y Cuenca porque la gente empezó a molestarse con el autoritarismo. Y que por eso el Gobierno consolidó su base social en la Costa, sobre todo en Guayas (excepto Guayaquil) y Manabí, que se notó desde el 2013.

Eso se fortaleció cuando se dio el terremoto, afirma, con todo el trabajo que el Estado implementó en la reconstrucción y el apoyo que dio a la sociedad. “Las obras de reconstrucción que hizo el Estado las usaron para consolidar esa base social en Manabí”.

Ahora, la nueva Directiva Nacional de Alianza País piensa en ejecutar una reconfiguración interna de la organización política, tras la salida del correísmo de sus filas.

Así, el capital político del presidente Moreno, como tal, y de esta nueva versión del oficialismo, se podrá medir en las elecciones seccionales del 2019, que marcarán la línea para las presidenciales
de febrero del 2021.

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