2 de April de 2011 00:00

Correa opina sobre México

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Una vez más, la incontinencia verbal del presidente Correa le ha creado una situación en la que su precipitación e imprudencia van quedando a la vista y pudieron originar un incidente con México, país con el que Ecuador ha tenido y debe seguir cultivando las mejores relaciones.

Al referirse a los éxitos ecuatorianos en su lucha contra el tráfico de estupefacientes, Correa dijo que “territorios completos” están, en México, bajo el control de los carteles de la droga.

“Sorprendido y extrañado” por tan ligera afirmación, el Gobierno mexicano rechazó tales declaraciones y pidió explicaciones. Su Embajador en Quito sugirió que el Presidente haga conocer las razones que tuvo para fundamentar tan categórica afirmación.

Los ecuatorianos escuchamos todos los días las generalizaciones con las que el Presidente argumenta su personalísima manera de ver el mundo, pero los pueblos de otros países y sus autoridades no tienen por qué permanecer indiferentes ante esa visión simplificadora.

Las explicaciones que se ofrecieron a México no atribuyeron -en esta ocasión- a la prensa la responsabilidad de haber interpretado mal las palabras presidenciales. En una declaración oficial, la Cancillería -siguiendo el modelo de “no quiso meter la mano en la justicia sino en la injusticia”- manifestó que lo que el Presidente dijo o quiso decir no fue lo que el Gobierno mexicano comprendió.

El daño está hecho. México puede doblar la página, si considera suficiente la aclaración del Gobierno ecuatoriano, pero la personalidad del señor Correa se habrá perfilado como la de un político que, para sustentar sus pensamientos, no se detiene ante la posibilidad de herir o causar molestia, sin percatarse de que cada palabra presidencial queda registrada y produce sus efectos. Como método expositivo, Correa no se limita a defender sus ideas o acciones sino que las compara con las de otros, minimizando estas últimas para ponderar las propias. Por eso, tienen razón cuantos recuerdan al Presidente -infructuosamente- que hay que pensar antes de hablar. Un estadista dice lo que piensa en forma tal que se le comprenda bien y no se produzcan efectos contrarios. Resulta inadmisible que el Presidente se coloque en la necesidad de dar explicaciones a quienes le reclaman por sus ex abruptos. Parecería aconsejable que, en el futuro, los discursos de Correa vayan acompañados por una “traducción simultánea”.

El diario El Universal de México publicó la noticia: “Ecuador aclara dichos de Correa”.

En octubre del 2008, el Embajador del Ecuador en Managua protestó porque un diario publicó una caricatura de Correa calificándolo de “loco”. Hizo bien el Embajador, pues no podía permitir esa falta de respeto. Pero esas “percepciones” sobre la conducta presidencial no surgen de la nada...

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