13 de December de 2009 00:00

Copenhague, la ciudad más latina de los países fríos

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El Mercurio,
Chile. GDA

En la vida todo es relativo. Copenhague, por ejemplo. Si se le compara con cualquier ciudad del Caribe, parecería un refrigerador. Pero si se le mide con cualquier otra urbe escandinava, resulta una de las ciudades más entretenidas, movidas y cálidas entre  esos países fríos europeos.

Entre las particularidades de la capital de Dinamarca -además de sus calles medievales, sus torres con techos de cobre y su infraestructura perfecta- está la del clima. Dependiendo de la fecha, Copenhague se transforma en dos lugares diferentes.

En el invierno, una estación larga en este lado del mundo, los ciudadanos se sumergen en abrigos largos, gorros térmicos y toda una infraestructura calefaccionada (es una ciudad con altísimo estándar de vida) para huir del frío húmedo: uno de los más crudos del planeta.

En verano, los daneses salen a la calle sin mucha ropa, con sus cuerpos rubios bañados en potentes protectores de piel y dispuestos a disfrutar al máximo cada minuto de sol.  Los bares de Norrebro (el sitio más movido entre los jóvenes) se llenan de música y de flores y, obviamente, de la famosa cerveza Carlsberg (fabricada en Dinamarca).

Pero hay rasgos que la atraviesan todo el año. Por ejemplo, ser una de las urbes más tolerantes de Europa: el hachís corre casi libremente, el Gobierno paga a los padres para que pasen más tiempo con sus hijos, hay bodas de parejas gay.

Las bicicletas se usan los 12  meses del año  (incluso hay bicicletas municipales en todas partes, y gratis), y sin importar el frío resultan imperdibles el Museo Louisiana de Arte Moderno, el Parque Tivoli. También ofrece una caminata por la calle de Stronget: larguísima vía peatonal del centro, llena de todo tipo de restaurantes exóticos, músicos y terrazas siempre animadas, en las que llegan a entregarse a los clientes, en los días de más frío, pequeñas mantas para cubrirse.

No se vaya de la ciudad sin visitar la pequeña estatua de la Sirenita, símbolo de Copenhague. A uno le puede llamar la atención lo pequeña que es. Pero tratándose de una las ciudades más latinas de los países fríos, uno puede llegar a entender tanta ternura.

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