14 de septiembre de 2014 20:57

Controles en la frontera con Colombia elevan las retenciones

Agentes de la Aduana realizaron el 8 de septiembre pasado un operativo de control en la frontera norte, en La Pintada. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Agentes de la Aduana realizaron el 8 de septiembre pasado un operativo de control en la frontera norte, en La Pintada. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

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Mónica Orozco. Coordinadora

La persecución empieza en el sector de El Chauchin, al nororiente de Carchi, en plena frontera con Colombia. Agentes de Aduana contaban con información sobre el paso de productos a territorio ecuatoriano, sin pagar los respectivos impuestos.

Uno de los vehículos de Aduana intercepta, en medio del camino, a un motociclista, de quien, presumen, se encarga de “abrir el camino” a dos camiones que vienen desde Colombia con mercadería supuestamente de contrabando, según reportes de agentes ecuatorianos de Inteligencia.

Con celular e incluso por radio, estas personas se encargan de alertar a los supuestos contrabandistas de la presencia de agentes de Aduana.

El sospechoso, de unos 20 años, dice que no hace nada malo, que solo se dirige a casa. Inmediatamente se escuchan petardos (voladores), lo que obliga a los agentes a actuar con rapidez. Uno de ellos dice que lanzar voladores desde poblados cercanos alerta de la presencia de autoridades.

Los vehículos continúan la persecución. Dos kilómetros más adelante, los oficiales descubren a los dos camiones abandonados, en el sector de La Pintada, un pequeño poblado de casas de adobe y una iglesia al borde del camino, en el lado ecuatoriano.

Este es uno de los 48 pasos informales que ha detectado el Servicio Nacional de Aduana (Senae) por donde ingresa mercadería probablemente para evadir el pago de impuestos.
La Pintada es uno de los puntos más conflictivos, comenta Byron Paredes, director de la Zona 1 de la Unidad de Vigilancia Aduanera.

Suena la campana de la Iglesia, al tiempo que se escucha una voz que grita: “¡Que saquen a la gente!”. Una mujer increpa a un agente: “Te vamos a sacar los perros, hijo de puta”.

En ese momento, 22 agentes de Aduana se encuentran en la zona. Un grupo abre las puertas de uno de los camiones, en cuyo cajón se lee, pintado a mano: “Si Dios quiere… volveré”.

En el interior del camión, las primeras cajas son de granadilla, pero los agentes buscan otra cosa. “Por lo general, encontramos celulares, televisores, ropa...”, dice uno de los agentes, quien no puede dar su nombre por seguridad.

Septiembre marca el inicio de una época complicada para el control en frontera, debido a que empiezan los envíos para Navidad, en especial de licor y productos electrónicos colombianos, los cuales cuestan el doble en Ecuador. Esto se debe a las diferencias de aranceles y las restricciones al comercio, que se aplican en Ecuador para frenar la salida de dólares.

En Colombia estos productos pagan bajos aranceles e incluso tienen condiciones preferenciales debido a los acuerdos comerciales que mantiene con varios países.

En los operativos de “contrabando masivo”, cada segundo cuenta. Para los agentes que se encuentran en La Pintada el tiempo se acaba.

Una turba se dirige a ellos, con palos y piedras. A pocos metros, del lado colombiano, se observa que descienden dos vehículos. Disparan al aire, gritan, pero a esa distancia no se entiende lo que dicen y es preferible no averiguar.

“El nivel de violencia que existe en estos sectores es grande. Tenemos información de que la gente que pasa la mercadería le cancela entre USD 5 y 10 a personas para que faciliten información”, dice Paredes.

Los agentes de Aduana deciden abandonar los camiones para evitar enfrentamientos con la población, que, enardecida, se dirige hacia ellos. Suben a sus vehículos y se abren paso con gases lacrimógenos.

Este tipo de controles son comunes en esta parte del país. “Una vez le rompieron la mano a un compañero con un martillo”, relata otro oficial de Aduana. Al final, se logre o no retener el camión, es lo de siempre: retrovisores y parabrisas rotos.

Un agente de Aduana revisa la mercadería retenida en la frontera norte, la cual es trasladada a una bodega. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Un agente de Aduana revisa la mercadería retenida en la frontera norte, la cual es trasladada a una bodega. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

La evasión tipo ‘ hormiga’

Cuando se presenta una situación como la ocurrida en La Pintada, es difícil aprehender la mercadería, dice Paredes.
Permeable como es la frontera, es imposible determinar si el mayor número de aprehensiones se debe a un aumento del contrabando o es el resultado del mayor control que realiza la autoridad aduanera.

Vigilar los casi 80 kilómetros de frontera norte que están a su cargo supone un desafío. “Hay dos tipos de contrabando. El masivo que se realiza con poca frecuencia, pero en grandes cantidades, por ejemplo, a través de camiones que cruzan por pasos informales. Y el hormiga, que se realiza cruzando dos o tres veces los pasos habilitados y es más complicado de controlar”, explica Paredes.

El funcionario cuenta que a esto se suma que la mayoría de ecuatorianos que se dirige a Colombia a comprar, en especial aparatos electrónicos y licor, no declara la mercadería. “Solo el 1% de la gente se acerca voluntariamente a pagar los impuestos” para cruzar al país.

¿Mulas a control remoto?

Los agentes de la Senae, que laboran en la frontera norte, son testigos de las maneras más ingeniosas y extrañas que utilizan los ecuatorianos para ingresar mercadería.

Por lo general, familias tratan de pasar, en su auto, televisores. La forma más común es sacar el aparato del cartón y envolverlo en una manta o sábana. Se coloca el televisor en el espaldar del asiento trasero y, luego, dos o tres personas se sientan cómodamente para cubrirlo.

Pero la que más llama la atención es el uso de mulas, caballos y burros para transportar mercadería, los cuales no necesitan de jinete. Entrenados como están, son capaces de superar cualquier obstáculo o, de ser necesario, cambiar de rumbo al oír un chiflido. En el peor de los casos se pierde el animal y la mercadería, pero el dueño queda libre para intentar hacerlo nuevamente.

Ocultar mercadería para evadir el pago de tributos es una contravención que contempla multas de tres veces el valor de la mercadería, además del pago de los aranceles, explica Francisco Hernández, director distrital de Aduana de Tulcán.

Si el valor de la mercadería excede los USD 3 400, el caso pasa a la Fiscalía y se investiga como delito aduanero, el cual puede sancionarse con cárcel de 2 a 5 años.

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