19 de December de 2009 00:00

“Quizá nunca vamos a contar con gran acuerdo climático”

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Por Olga Imbaquingo

Andrew Miller, ambientalista de Amazon Watch, asistió a la cumbre de Copenhague.

En Dinamarca no se les dio importancia a la voz de los países pobres ¿Por qué?
Las negociaciones sobre cambio climático se realizaron en un ambiente de tensión y de protestas como una marcha de 100 000 personas. Se cerraron los espacios para voces divergentes. Hubo desacuerdos sobre qué países y en qué cantidad deben reducir las emisiones y quién debería poner más dinero para financiar la mitigación y eso no ha quedado nada claro. Las naciones ricas vinieron con la intención de borrar los logros del Protocolo de Kyoto. 

¿Qué tan difícil fue hacer escuchar la voz de los más pobres?
La segunda semana se limitó drásticamente la presencia de sociedad civil. El martes redujeron de 25 000 a 7000 observadores. El jueves se bajó a 1 000 y el viernes a 90. El miércoles se planeó una Asamblea de los Pueblos, no se hizo por la militarización del lugar y detención de activistas. Llegar al Centro Bella fue como cruzar la frontera entre Corea Norte y del Sur.

¿Entre los ambientalistas y los científicos hubo esperanzas de un gran acuerdo de última hora?
Lograr un acuerdo global vinculante, como fue la meta desde hace dos años, era casi imposible. Lo más factual que quedó es la posibilidad de impulsar el programa Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación (REDD). Países como Ecuador ven a REDD como la salvación a la deforestación. Pero eso permite al norte a seguir contaminando sin financiar la conservación de bosques. También puede contribuir a la parcelación y comercialización del territorio indígena.

¿Por qué la cumbre al final no resultó un tibio éxito?
Se culpan unos a otros. EE.UU. dice que China es el problema, y viceversa. A pesar de los conmovedores discursos, las medidas necesarias no serán políticamente fáciles. Un esfuerzo para enfrentar lo que será el caos climático implica cambios radicales. Por ejemplo, dejar de consumir petróleo antes de que éste se acabe y cambiar los patrones de consumismo salvaje.

¿Quién está atrás de impedir acuerdos sustanciales?
En parte es la coyuntura estadounidense. Obama promueve una ley energética pero el Senado no la pasó. Se cree que hay una falta de voluntad política de Obama. Además las petroleras desde hace décadas se oponen a cualquier medida y lanzaron una campaña para debilitar cualquier legislación. En teoría, con Obama algo ha mejorado, al menos en su gabinete no están ex dirigentes de petroleras, pero los lazos se mantienen.

EE.UU. ofrece un fondo para que pobres cambien a tecnologías sustentables. ¿Esa es la forma de enfrentar el problema?
Harán falta unos 200 mil millones anuales  para medidas de mitigación, adaptación y transferencia de tecnología. Es casi la misma suma de lo que EE.UU. lleva gastando en las guerras de Irak y Afganistán. Hablamos del concepto de deuda ecológica: quienes han contaminado deben pagar para financiar ideas innovadoras como la de Yasuní en Ecuador. EE.UU. no quiere aceptar ese concepto pero seguiremos presionando sobre el mismo, que además incluye fondos para transiciones a economías post petroleras y cancelación de deudas a los países del sur.

¿Qué hay que hacer ahora en aras de lograr un acuerdo que de verdad ayude al planeta?
Enfrentar el cambio climático será caro, pero cada día que pasa sin solución lo hará más costoso. La pregunta es, ¿Qué necesitan para lograr grandes compromisos que no lleguen cuando sea demasiado tarde?  Quizá otras circunstancias políticas, como una nueva legislación estadounidense o prepararnos para la posibilidad que nunca existirá un acuerdo contundente. Esto subraya la importancia de enfrentar el problema a niveles más locales.

¿Cuál serían las consecuencias si no se toman acciones urgentes para la Amazonia?
En la Amazonia preocupa que el ecosistema llegue a un punto de no retorno. Se ha deforestado casi 20% de la selva. Algunos científicos estiman que si se alcanza un nivel del 40% se entraría a la fase de desaparición natural de las plantas. Los gobiernos continúan apoyando la inversión en minería y petróleo, y megaproyectos como la  Integración de la Infraestructura Regional Suramericana, que destruyen los ecosistemas.

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