10 de December de 2009 00:00

El consumo de crack se expande en Brasil, Argentina y Uruguay

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Sao Paulo, AFP

Harapientos, descalzos y sucios, los drogadictos caminan como fantasmas sin rumbo por el deteriorado casco histórico de Sao Paulo, pidiendo monedas para comprar otra piedra de crack (pasta base de cocaína) , comiendo de vez en cuando y durmiendo donde los sorprende el sueño.

Esta nueva y devastadora droga que en los últimos años viene causando estragos en los países del sur latinoamericano encuentra su máxima expresión en Sao Paulo y su “crackolandia”, una zona del área histórica, donde los consumidores se aglutinan dando al lugar un aspecto de sombría dejadez.

Entre semana, sentados en las escalinatas de la Catedral o en la plaza, los adictos se confunden entre los trabajadores de saco y corbata. Pero cuando cae la noche y los fines de semana, sus colchones en la vereda, sus ropajes y sus pies descalzos se hacen más evidentes.

“Fumo, como, bebo el día entero”, cuenta entre risas Jean Janzy a los trabajadores sociales de la alcaldía que le acaban de despertar, tras pasar la noche en el césped de una plaza.

Con 18 años, aunque su menudo cuerpo aparenta menos, a Jean no parece importarle tener un lugar seguro para dormir. “Yo me acostumbré a dormir en la calle ” , dice este joven que obtiene unos 200 reales (114 dólares) por día pidiendo monedas a los conductores, dinero que se gasta en crack.

Jean está totalmente solo en la gran urbe paulista de más de 20 millones de habitantes. Rechaza la posibilidad de un baño y comida, pero da a los asistentes sociales el nombre de su madre, a la que le gustaría volver a ver.

“Hay mucha gente muriendo en la calle (...) se entregaron, no tienen una persona que les dé apoyo” para salir de la droga, lamenta Carlos Alberto da Silva, de 50 años, quien vive en la calle y ve cómo últimamente su refugio bajo un puente se ha colmado de drogodependientes y sus proveedores.

“Es una droga que causa dependencia muy rápidamente y los efectos devastadores a la salud también son muy rápidos”, explica el psicólogo Wagner Abril Souto, coordinador del Programa de Adolescentes del Centro de Referencia en Alcohol, Tabaco y Otras Drogas (Cratod) en Sao Paulo.

Además, el hecho de que se trate de una droga barata y de fácil acceso complica el panorama, agrega.

La pasta base o crack es una mezcla de pasta de cocaína (cocaína no tratada), vidrio molido y productos químicos (parafina, bencina, éter, ácido sulfúrico, entre otros) , lo que abarata su precio.

A Sandro Duarte Ribeiro, de 22 años, lo abandonó su novia por causa de las drogas. Cubierto por algunos cartones, con la misma ropa desde hace días, la ayuda ofrecida por los asistentes le da “un despertar feliz”. “Quiero salir de esta situación”, tener documentos y comida, narra.

Pero no todos los adictos están dispuestos a dejar el vicio. “Por el crack mismo están muy locos y es difícil abordarlos”, explica el sociólogo Andrei Chikhane Massa, de 24 años, quien participa en el programa de la alcaldía de abordaje a la población de la calle para disminuir la incidencia de la drogadicción y revitalizar el centro de la capital paulista.

La mirada ajena incomoda mucho a los adictos al crack, que reciben a los gritos a cualquier extraño en su territorio. De por sí tensos, agresivos y paranoicos, la presencia de la Policía los deja más nerviosos aún.

Una embarazada de vientre prominente se levanta con una gran agilidad del suelo y lanza insultos. Arroja piedras hasta que intervienen efectivos de la Policía Militar que dispersan el tumulto que se formó en plena calle.

Ese niño por nacer probablemente tenga serios problemas respiratorios y síndrome de abstinencia, explicó la psicóloga Fernanda Haedo, de la sede en Montevideo de la Fundación Manantiales de tratamiento a drogadictos, instituto con sedes también en Argentina y Brasil.

El escenario usual en “crackolandia” son los grupos aglutinados contra las paredes de proveedores y adictos, las corridas cuando llega la Policía y los cuerpos inmóviles en el suelo.

“Adonde les da sueño, caen y duermen”, cuenta la asistente social Erika Cristina Rodrigues, de 24 años. A veces “están tan dormidos, que por más que los sacudas no logran despertar”, narra.

El trabajo de “limpieza” realizado por la alcaldía de Sao Paulo es de hormiga, y aunque hay avances todavía resta mucho por hacer.

Los dependientes al crack (pasta base en Uruguay, 'paco' en Argentina) siguen errando por el barrio, mientras comerciantes y vecinos, acostumbrados, pasan junto a ellos levantando los pies para no tropezar.

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