4 de febrero de 2018 00:00

Las consultas populares han sido un termómetro político

El despacho de los kits electorales se extenderá hasta la madrugada del domingo 4 de febrero, horas antes del inicio de la jornada electoral por la Consulta Popular. En la foto, militares y trabajadores del CNE suben a los camiones el material electoral p

El despacho de los kits electorales se extenderá hasta la madrugada del domingo 4 de febrero, horas antes del inicio de la jornada electoral por la consulta popular. En la foto, militares y trabajadores del CNE suben a los camiones el material electoral para las distintas cantones de Guayas. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

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Adriana Noboa
Redactora 
politica@elcomercio.com (I)

En la historia reciente del Ecuador están vigentes tres formas básicas de democracia directa: el referendo constitucional, la consulta popular y la revocatoria del mandato. Más que con fines administrativos, los gobiernos han usado las dos primeras como herramientas de medición de su popularidad.

Desde 1978 se ha convocado a las urnas en diez ocasiones. La mayoría fue para referendos.

La primera fue el 15 de enero de 1978, organizada por la Junta Militar, con el objetivo de devolver el poder político a los civiles. El proceso fue parte del Plan de reestructuración del Estado y dio nacimiento a una nueva Carta Política.

Desde entonces se ha cambiado la Constitución dos veces. La de Riobamba (1998) no fue aprobada en las urnas, pero la de Montecristi sí (2008).

Los mandatarios que más convocaron a las urnas fueron Sixto Durán Ballén (dos consultas en su período de cuatro años) y Rafael Correa (cuatro procesos en 10 años). De los cinco presidentes que convocaron a este tipo de votaciones, dos sufrieron derrotas en las urnas, lo que probó que su popularidad había desaparecido.

El primero fue León Febres Cordero, del Partido Social Cristiano (PSC). El entonces Mandatario vivía momentos difíciles en su administración, por su estilo de Gobierno y decisiones. Planteó un referendo para permitir a los ciudadanos independientes, sin filiación política, participar como candidatos de elección popular.

Pero fue usada más como un termómetro político. Pese a que el tema podía resultar positivo, su derrota fue apabullante. Solo el 24% de los votantes respaldó la propuesta.

Ocho años después, Durán Ballén logró aprobar seis de las siete preguntas de su primera consulta. Una de las favorecidas fue la misma que planteó Febres Cordero. La única que no recibió el beneplácito popular fue la que buscaba permitir que los congresistas manejaran fondos del Estado.

Pero, en 1995, Durán Ballén pasaba por un año duro y su vicepresidente Alberto Dahik enfrentaba acusaciones por el manejo de fondos reservados.

En ese escenario, Durán Ballén decidió convocar a las urnas. Presentó 11 preguntas sobre distintos temas: descentralización, seguridad social, finanzas, servicios públicos, política, justicia, entre otros. Ninguna fue aprobada. Solo el 30% lo respaldó.

El siguiente episodio donde se utilizó la consulta como forma de legitimación fue más directo y evidente. El presidente interino, Fabián Alarcón, asumió el poder en febrero de 1997, tras la destitución de Abdalá Bucaram Ortiz.

Tres meses después, el 25 de mayo, Alarcón buscó su legitimación. Convocó a un referendo con tres propuestas principales: ratificar el cese de funciones de Bucaram y su propia designación como Mandatario y que el Congreso reformara la Constitución.

La primera fue aprobada con el 61%, la segunda con el 55% y la tercera con el 47%. La única que no obtuvo un resultado favorable fue la de elegir las autoridades por listas y no individualmente. Pero la pregunta como tal no podía ser rechazada, puesto que no había las opciones si o no.

La consulta de Alfredo Palacio, del 2006, sobre temas sociales, es poco recordada. Se dio a la par que la segunda vuelta de las elecciones presidenciales entre Rafael Correa y Álvaro Noboa. Los electores le dieron el apoyo mayoritario, a pesar de que su Gobierno tenía una baja aceptación.

Finalmente, con la llegada de Correa al poder, el pueblo fue convocado a las urnas cuatro veces en la última década. Esas votaciones reflejan el descenso en la popularidad del expresidente, con el paso de los años.

La primera, para la Constituyente, fue aprobada con el 81%. Pero su aceptación en las urnas fue disminuyendo hasta llegar al 55% de los votos válidos en la consulta de febrero del 2017, sobre paraísos fiscales.

Según el Código de la Democracia, los blancos y los nulos ya no se contabilizan. Por lo que de todos los votantes, solo el 48% estuvo a favor, el 40% votó en contra y el 13% entre nulos y blancos.

El siguiente en enfrentarse a este medidor de aprobación es el actual presidente Lenín Moreno. El proceso de hoy (4 de febrero del 2018) será el undécimo y es mixto. En la misma papeleta estarán las preguntas de la consulta y del referendo constitucional.

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