10 de octubre de 2016 12:15

El porcentaje de indecisos bajará con la papeleta definida, según analistas

Un equipo de Market, mientras hace una encuesta que incluye simulación de papeletas. Paúl Rivas Bravo / EL COMERCIO

Un equipo de Market, mientras hace una encuesta que incluye simulación de papeletas. Paúl Rivas Bravo / EL COMERCIO

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Ana María Carvajal

La salida del presidente Rafael Correa de la palestra electoral disparó el número de indecisos, según datos de la encuestadora Cedatos. Sus cifras dan cuenta de que el porcentaje de votantes indecisos subió del 31% en junio del 2015 al 64% en marzo de este año.

Las posibilidades de que Correa participara de nuevo por la Presidencia en los comicios del 2017 empezó a diluirse cuando en diciembre del año pasado se aprobó una transitoria a las enmiendas que bloqueaba la candidatura de autoridades en funciones que ya hayan sido reelectas.
 Aunque la cifra de indecisos se mantiene elevada en sondeos de Cedatos (54%), Market (51,7%) y Perfiles de Opinión (61,36%), conforme la papeleta empieza a definirse, la cifra comienza a bajar. 


Históricamente, la fracción indecisa del electorado ecuatoriano ha tenido la última palabra para definir a los ganadores, aunque no con porcentajes tan elevados como ahora. 
En 1978, con el retorno a la democracia, los indecisos pesaron en la lid electoral. Fue el 8% de indecisos -que quedaban tres días antes de las elecciones- el que le dio el triunfo a Jaime Roldós Aguilera sobre Sixto Durán Ballén con un 25% frente a un 22%, según detalla Polibio Córdova, gerente de Cedatos.


28 años después, llegaba Correa como ‘outsider’. Según la encuestadora, en mayo del 2006, la indecisión era del 71% a cinco meses de las elecciones. El porcentaje previo al triunfo de Correa descendió hasta el 20%. Luego de 10 años en el Gobierno, la figura de Correa vuelve a incidir en los altos porcentajes de indecisión. 
El analista político Julio César Trujillo, quien fue presidencial en 1984, recuerda que en el Ecuador la tendencia a la indecisión ha sido usual, porque solo una parte de la población se interesa en los asuntos políticos y se preocupa de informarse a través de medios de comunicación o busca el debate ciudadano. 


Otros se concentran en temas económicos, deportivos, culturales... Por ello son pocos quienes inicialmente tienen opinión con respecto de las candidaturas. Conforme avanza la campaña, dice Trujillo, sube también el nivel de conocimiento de figuras y propuestas, a través de los medios y de las movilizaciones, marchas y concentraciones de los candidatos por diferentes poblados.


El voto de los indecisos, en elecciones sui géneris como la actual es importante, dice Blasco Peñaherrera, de Market, porque allí se ve la importancia del voto. 
Quienes buscan una opción diferente a Alianza País, que ha gobernado ininterrumpidamente durante 10 años, probablemente están esperando a ver qué candidato opositor estará más cerca de llegar a segunda vuelta frente al oficialismo, para sumarse. 


Peñaherrera agrega que, en elecciones pasadas, el porcentaje de indecisos a estas alturas de la contienda electoral fluctuaba entre un 40 o un 45%, tendiendo a disminuir. Ahora, según su criterio, en el país se observa una indecisión dura, constante y sólida que alargará sus definiciones.
Hay varias explicaciones posibles a esta tendencia a la indecisión, según el analista político Fernando Tinajero. Una es “la proverbial indecisión de los ecuatorianos.

Es costumbre nuestra dejar para el último las definiciones en el ámbito privado o público y a veces pasarnos de los plazos razonables. Esto tiene hondas raíces en los ecuatorianos”. 
Pero, además, hay quienes no quieren confesar sus opciones electorales y prefieren evitar riesgos de alguna clase. Ellos representan al voto vergonzante, según Tinajero. 


Otro factor, para este analista, es lo que llama un bajo nivel de conciencia política del ecuatoriano, “porque la política suele ser asociada con un mundo corrupto, de componendas, pactos secretos, engaños, etc. Se suele identificar la palabra del político como mentirosa, aunque no siempre lo es, pero genera desconfianza”. Según Tinajero, el remanente de esos votos, al final, se traduce en nulos o blancos. 


El porcentaje de indecisos es un factor de incertidumbre con el que las empresas que se dedican a estas mediciones debe contar siempre, para relativizar los datos de intención de voto que levantan, según Paulina Recalde, de Perfiles de Opinión. Y en estas elecciones en particular podría deberse a que la oposición presenta un abanico amplio de posibilidades frente a un oficialismo debilitado por la ausencia de Correa en la papeleta.


En el 2012, la firma registraba un 68% de personas que ya sabían por quién votarían, porque estaba definida la opción de Alianza País. 
Por el momento, dice Recalde, la ciudadanía se muestra pesimista y se preocupa por el desempleo y la crisis económica. De allí su desinterés por los presidenciales. Pero cree que la tendencia a la baja en la indecisión, que ya se evidencia lentamente desde julio pasado, continuará conforme se configure la papeleta definitiva.


De todos modos, la indecisión acompaña todo proceso electoral hasta el final. Según la vocera de Perfiles de Opinión, en sondeos tras las votaciones, hay quienes afirman haber decidido en el momento mismo de votar. 
El reto de los presidenciales es mantener la intención de voto de arranque y luego captar el voto de los indecisos. 
Por su parte, Informe Confidencial, de Santiago Nieto, no ha medido indecisos, ya que aún no hay candidatos inscritos. Lo ve innecesario, pues “¿cómo se puede elegir cuando aún no hay sobre qué decidir?”.

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