31 de diciembre de 2014 10:31

La conexión será la divisa más cotizada

Así serémos
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Redacción EL COMERCIO

Puede resultar audaz plantearse cómo seremos en el futuro, en un ejercicio apartado de la ciencia ficción. Pero si miramos al pasado, digamos hace 20 años, y nos vemos hoy, tendremos algunas pistas sobre nuestros derroteros.

Esta es, en esencia, la propuesta periodística de nuestra edición especial del 1 de enero. Tomamos como punto de partida el año 1995, cuando estalló el conflicto armado entre Ecuador y Perú.
Los vertiginosos tiempos que vivimos desde entonces desembocaron en una realidad que poco tiene que ver con la de entonces y que nos plantea escenarios futuros tan cambiantes como el actual. En esa línea, nos propusimos revisar el antes y el ahora en el desarrollo de la tecnología, su influencia en el mundo de los jóvenes, y la sociedad, en las comunicaciones y en las artes y la cultura.

A mediados de los noventa se firmaron los primeros contratos de concesión entre el Estado y las empresas de telefonía celular.
El servicio era un lujo reservado para los ecuatorianos con mayor capacidad adquisitiva. Hoy es un sistema de comunicación de uso masivo. La gran penetración de la Internet que trajo aparejada la revolución tecnológica hace ahora prever la caída de casi todas las barreras de la comunicación.

La dolarización a inicios de este siglo implicó ciertamente un cambio económico, social y cultural profundo.
A costa de la pérdida de la moneda nacional, un símbolo de identidad de cualquier país, Ecuador vio florecer a una nueva clase media más conectada con el mundo y con más acceso a la tecnología, lo cual la proyecta a nuevos paradigmas culturales.
De los apasionados y a veces poco claros procesos de privatización de los años noventa, el país dio un salto a una mayor participación del Estado en actividades productivas; la inversión pública, sobre todo en obras de infraestructura, se volvió el gran motor de la economía. Del precio del petróleo dependerá mucho que se mantenga o no esa tendencia.

Como contraparte extrema de la inestabilidad política vivida hasta el 2006, Ecuador vive hoy una concentración de poder con poca participación ciudadana. Producto de una sociedad más conectada, en el futuro, se prevé que el elector se reflejará en un ciudadano mejor informado.

Quito, como capital, y Ecuador en general, tienen nuevos retos, sobre todo en movilidad y urbanismo, pero a la vez cuentan con grandes oportunidades. Nuestro potencial turístico hace presagiar un boom de la industria. La gastronomía y el ecoturismo serán los puntales.

Intelectuales de la talla de Ulises Estrella, fallecido hace pocos días, dieron sus opiniones para desarrollar esta prospección editorial.

Revise el nuestra EDICIÓN ESPECIAL del 1 de enero

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