27 de febrero de 2016 00:00

La Concepción no sabe cómo librarse del eterno prostíbulo

El lugar funciona en lo que fue una casa residencial. La atención es desde las 13:00 hasta las 22:00 de lunes a jueves. Foto: Patricio Terán/ EL COMERCIO

El lugar funciona en lo que fue una casa residencial. La atención es desde las 13:00 hasta las 22:00 de lunes a jueves. Foto: Patricio Terán/ EL COMERCIO

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 65
Triste 2
Indiferente 5
Sorprendido 1
Contento 29
Diego Puente
Redactor (I)
dapuente@elcomercio.com

Es el juego del gato y del ratón. La casa de citas se abre, funciona por un tiempo y las autoridades la clausuran. La calma vuelve al barrio por un par de meses hasta que el sitio opera nuevamente con distinto letrero y con los papeles a nombre de otro dueño.

La presencia de un prostíbulo en La Concepción de Chaupicruz provoca resistencia en los moradores, quienes señalan que el negocio no puede funcionar ahí porque el uso de suelo se lo impide, aunque también debería primar la cordura: cerca está la iglesia cuya plaza es una zona comunal a la que acuden menores y cuenta con centros educativos.

Este es un barrio tradicional, que ahora tiene acento cubano porque es un centro de la inmigración. La iglesia parroquial se levanta como la principal edificación del sector.

El letrero del Night Club Sleemers (esta última palabra no existe en inglés, quizás se pensó en la palabra ‘sleeper’, o sea, traviesas) llama la atención. La idea es venderles amor exprés, dice María (nombre protegido) una de las chicas que trabaja desde las 13:00 hasta las 22:00.

El burdel funciona en una casa adaptada y sin guardias privados. El Acuerdo Ministerial 5910 obliga a contratar personal propio de seguridad. Al ingresar se paga USD 2,50 y se presenta la cédula. Nadie revisa los bolsillos o mochilas.

Los vecinos dicen que este night club tiene la característica de aparecer y desaparecer. Magdalena V. (también protegemos su nombre pues temen represalias), residente del barrio, comenta que hace tres años se dejó un escrito en la Administración Eugenio Espejo y el local fue cerrado. La clausura no duró tres meses. El letrero con el antiguo nombre desapareció, pero perduró el simbólico foco rojo.

Los nombres del local variaron. Al inicio se exhibía el nombre 132, que es de su numeración en la antigua nomenclatura. Luego, se convirtió en club. Durante algunos años no tuvo letrero. Hace un año, en la fachada principal reapareció el nombre de Club y ahora Night Club Sleemers.

El Departamento de Comunicación de la Administración Zonal indicó que el tema de los centros de tolerancia es tratado por una Comisión que integran la Secretaría de Seguridad y la de Territorio. La primera entidad informó a este Diario que esto está a cargo de la Agencia de Control.

El prostíbulo se mantiene pese a que autoridades locales y nacionales han presentado quejas . El asambleísta Ramiro Aguilar publicó en Twitter, en diciembre pasado, “... si le ponen prostíbulo junto a su casa se jodió, venda la casa”. Sus padres, que viven cerca, están afectados por las actividades de este ‘night club’.

La concejal Ivonne Von Lippke también presentó hace ocho meses un escrito para que se lo cerrara. Los papeles fueron enviados al despacho de la concejala Karen Sánchez, quien preside la Comisión de Seguridad.

El consumo de licor también preocupa a los moradores. Según Rosa V., otra vecina, hay riñas en las noches, especialmente los viernes y sábados cuando la atención del burdel se extiende hasta las 02:00.

Cuenta que la Policía ha intervenido para frenar las golpizas. En más de una ocasión han encontrado manchas de sangre en la acera.

Ella dice que su hijo presentó quejas en la Administración Zonal. Ahí se enteró que hay dos ordenanzas y un acuerdo ministerial que impiden el funcionamiento de los establecimientos en una zona residencial que tiene cerca a dos establecimientos educativos.

La Intendencia de Policía y el Municipio de Quito otorgan los permisos para que funcionen los locales. Javier Ladino, director de Control y Orden Público del Ministerio del Interior, dijo que el Municipio debería abstenerse de entregar el permiso de uso de suelo. “Deben ir a los sitios establecidos”. Los espacios serían la Cristianía, en la avenida Eloy Alfaro; La Cantera, en el centro y la zona industrial del sur”.

Comentó que se clausura de manera definitiva a los locales en los que se encuentran armas de fuego o cuando se evidencia la trata de personas. En sanciones menos graves las clausuras van desde 8 a 30 días, hasta que los dueños demuestren la legalidad del local. El control es permanente dijo Ladino. Comentó que los operativos se hacen con mayor regularidad en zonas conflictivas.

En el norte de Quito están registrados 49 prostíbulos.
Este año hubo una denuncia telefónica sobre el burdel de La Concepción. El director de Control aseguró que habrá una respuesta a la ciudadanía.

El párroco de La Concepción, José Asimbaña, manifiesta que nunca ha sido víctima de robo. Tampoco las personas que trabajan dentro de la iglesia. Eso sí, comenta que los feligreses se quejan de la inseguridad. Por el lado moral, rechaza la presencia del prostíbulo ya que, para él, es un mal ejemplo para los niños del barrio. También, para los menores de la Escuela Banco de Desarrollo que acuden las tardes al comedor de la iglesia.

En contexto
El conflicto entre moradores, dueños y trabajadores de burdeles que se asientan en zonas residenciales es constante. La problemática no se soluciona pese a que existen controles y sanciones. Los vecinos reclaman para que se respete el uso de suelo.

Descrición
¿Te sirvió esta noticia?:
Si (23)
No (5)