30 de enero de 2017 09:01

Concentración de detergentes es alta en el Machángara

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Mayra Pacheco

El aseo personal y la limpieza del hogar que se hacen regularmente tienen un impacto negativo en el ambiente.

A diario, toda el agua contaminada por detergente, champú, lavaplatos u otros productos espumosos pasa al sistema de alcantarillado y de ahí desemboca de manera directa, sin tratamiento previo, en los ríos de la urbe.
La densa capa de espuma blanca que se observa, frecuentemente, sobre el río Machángara a la altura de Guápulo, por ejemplo, evidencia el exceso de estos químicos. 


En el Machángara, la concentración de detergentes supera en nueve veces la norma. Es decir, de acuerdo con estudios realizados por la Secretaría del Ambiente, este río contiene 4,59 miligramos de detergente por cada litro de agua, cuando el parámetro permitido para conservar la vida acuática es 0,5 miligramos de detergente por cada litro de agua. 


Pese a esta realidad, la mayoría desconoce el problema. De acuerdo con una evaluación de la Secretaría del Ambiente, un 67% de hogares consultados en Quito nunca había escuchado que el detergente es un contaminante, sostiene Verónica Arias, titular de esta entidad. 


Por este desconocimiento, usar un producto amigable con el ambiente o biodegradable no es una prioridad.
A la hora de elegir detergentes, por ejemplo, Pablo Ormaza, propietario de la lavandería Weigh Laundry, o Martha Buñay, ama de casa, consideran principalmente el precio, la facilidad para diluirse, que proteja las telas, que elimine la suciedad e incluso el aroma.
Por las características de su negocio, Ormaza emplea detergentes en polvo, líquidos y en cápsulas, de estos solo el último, de casualidad, es biodegradable.

Los otros no tienen esta propiedad, pero generan poca espuma. Además, él siempre dosifica el producto. 
En este lugar se lavan aproximadamente 500 libras de ropa al mes. Para todo esto emplea alrededor de 12 kg de detergente en polvo, 6 litros de detergente líquido y 72 unidades del que viene en cápsulas.


En menor escala, en su hogar Buñay ocupa a diario lavavajillas en crema, productos de aseo personal (champú, pasta dental, jabón) y una funda pequeña entera de detergente (0,25 kg) para lavar la ropa de su familia cada semana. 
Ella no ­mide el producto, porque por su experiencia considera que esa es la cantidad necesaria para que sus prendas queden bien limpias. 
La dosis recomendada por los fabricantes de detergentes debe ser tomada en cuenta en el momento de usar estos productos.

Colocar más cantidad o generar espuma en exceso no garantiza que haya un mejor resultado durante el lavado o la limpieza, explica Mariana Villacís, ingeniera química y jefe de planta de Proquim. 
Al contrario de ciertos mitos sobre la limpieza, Villacís agregó que al emplear estos productos en exceso, aparte de afectar a los ríos, se deteriora la ropa, reseca la piel o el cuero cabelludo, porque durante el lavado no se procesan todos los químicos y quedan residuos impregnados.


Los detergentes son una mezcla de químicos, que van colocados de acuerdo con dosis establecidas por el fabricante y reguladas por el Servicio Ecuatoriano de Normalización (INEN) o la Agencia Nacional de Regulación, Control y Vigilancia Sanitaria (Arcsa). 
En el caso de los fosfatos (claves para remover la suciedad), la norma INEN permite que los detergentes tengan hasta un 1% de este componente, cuatro años atrás lo permitido era hasta un 50%. Pero en Proquim ya no se los emplea. En su lugar se recurre a otros elementos que hacen que los productos sean más amigables con el ambiente, refiere Christian Ponce, gerente de esta empresa de detergentes.


Aparte de esta regulación, para mitigar la contaminación por detergentes en las industrias que elaboran estos productos, se deben tratar las aguas que se emplean en los pro­cesos antes de desecharlas. 
De todas las descargas de aguas contaminadas que terminan en los ríos, el 20% corresponde al sector industrial y el 80% a los domicilios, señala el Atlas Ambiental 2016. 


Para minimizar el impacto de estos productos en el ambiente, se requiere de acciones estructurales que involucren a ciudadanos, empresas y autoridades, enfatiza César Narváez, subdecano de la Facultad de Ingeniería Civil y Ambiental de la Politécnica Nacional.
En Quito, el plan para recuperar las quebradas y ríos en el sur de la urbe está en marcha.

La meta es que hasta el 2019 se descontamine el Machángara desde el sur hasta de El Trébol. 
Para el tramo restante se realizan estudios y se busca financiamiento para construir la planta de tratamiento del norte, menciona José Burbano, subgerente de construcciones de la Empresa de Agua Potable y Saneamiento (Epmaps). Todo este proyecto demandará de al menos USD ­
1 000 millones.


Mientras esto se concreta, la Secretaría de Ambiente espera que la gente reconozca que existe este problema y tome acciones desde su casa.
Para que esto ocurra, Bladimir Ibarra, exsecretario de Ambiente, sugiere trabajar en educación ambiental para cambiar ciertas prácticas al 
momento de lavar o limpiar.

No olvide

- Al comprar elija detergentes o productos amigables con el ambiente (biodegradables). Fíjese en el empaque o funda.
Utilice cantidades moderadas de detergente.

- Lea las instrucciones, esto hará que el producto le rinda más tiempo.
Para optimizar el rendimiento de los jabones o detergentes líquidos, no los use directamente. Mézclelos con agua y refriegue.


- Los productos biodegradables hacen menos espuma cuando se mezclan con el agua, pero sí combaten la suciedad como otros.


- Para retirar una macha o grasa difícil refriegue la parte afectada. Usar más detergente no le dará ningún resultado.


- Ahorre agua al momento de hacer la limpieza. Utilice la lavadora con la carga completa para minimizar la contaminación.

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