23 de abril de 2016 00:00

Diez comunidades de Pedernales están afectadas

En la imagen se observa la entrega de agua en la parroquia de Marco, zona rural de la provincia de Manabí. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

Los habitantes del recinto Marco reciben agua de parte de empresas privadas, que llegaron ayer a la zona. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

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Gabriela Quiroz

Durante el día están a la espera de ayuda y en las noches casi no duermen por temor a las réplicas. Hoy se cumplen siete días desde que se quedaron sin un ingreso económico. Así se vive en 10 comunidades rurales, asentadas a ambos lados de la vía que conecta al cantón manabita de Pedernales con Esmeraldas.

Desde el 16 de abril pasado, no tienen una razón para ir a la zona más impactada por el terremoto de magnitud 7.8. “No hay empleo, tampoco podemos comprar o vender nada, todo está destruido, ¿para qué vamos a ir?”, dice Galo Caicedo, de la zona rural Marco.

Tras la destrucción de Pedernales, las actividades económicas se paralizaron y hasta ayer a mediodía, las labores han estado enfocadas

en la búsqueda y rescate de fallecidos, así como a atender las necesidades de los que se ­aferran a quedarse.

Óscar Giler también se ve afectado; hace poco abrió una panadería en Marco con la ilusión de proveer a Pedernales y a las comunidades aledañas, pero ya no hay demanda. No tengo harina para hacer ni plata para comprar”. Su angustia es que pidió un crédito de USD 5 000 y debe pagar USD 170 mensuales a una cooperativa, cuyas instalaciones también se destruyeron en Pedernales.

Caicedo y su vecina Leonela iban a diario a trabajar en las camaroneras, pero también fueron afectadas, por lo que salen a la vía a esperar que lleguen el agua y los alimentos. Cobran
aliento al ver un tanquero y con sus rostros pálidos expresan que aún quieren seguir luchando.

En estos recintos rurales hay grupos de 100 familias y hasta de más de 200, las casas son de madera, mixtas (bloque y madera) y solo de bloque. Estas últimas son las que más daños tienen.

En la comunidad de Cheve, Isabel Vilela perdió toda su casa, que estaba casi al filo de la carretera. Ella espera que alguien le ayude a levantar los escombros que cayeron a una pendiente, justo en la parte trasera de lo que fue su vivienda. Esta joven madre era empleada doméstica en Pedernales y ahora ya no tiene empleo.

Al frente de la vía, Fernando Ulloa y su esposa vieron cómo la pared posterior de su casa se cayó y los escombros quedaron atascados en los árboles que dan al río Cheve. Ahora, su preocupación ya no solo es haber perdido su inmueble y su trabajo en Pedernales, sino también que el río crezca, debido a las lluvias que se volvieron a presentar ayer, desde la noche del terremoto.

Al seguir por la vía está Veche, otra comunidad que clama por alimentos y agua. La última vez que llegaron recursos fue el miércoles, comenta Mauricio Vela, de 18 años, quien paseaba a caballo al filo de la calzada, mientras el resto del pueblo esperaba las donaciones.

En Mache-Chindul, los productores de cacao, plátano, maíz, entre otros, ya no tienen a Pedernales como su centro de venta, tampoco logran adquirir comida. La cascada de Chindul, parada turística obligada, se ve vacía.

Al continuar por este recorrido, llama la atención la cantidad de niños a orillas del camino. Se trata de Eloy Alfaro, donde se encuentran más infantes y madres que en cualquier otro poblado. Hay familias de hasta 16 hijos.

A diferencia del resto de sitios, también pusieron carteles pidiendo atención médica y fármacos. Generalmente iban al único centro de salud que había en Pedernales, pero ya no quieren ir. Varios de los niños vivían en Pedernales y sobrevivieron al sismo. Uno de ellos es Erick, a quien lo rescataron de los escombros ocho horas después, pero vio morir a su primo. Desde entonces, no come y no puede dormir. Junto con él, hay otros pequeños que con timidez reconocen que tienen miedo y que tampoco pueden conciliar el sueño por las réplicas.

Gloria García tiene 16 hijos, de los cuales siete están solteros, pero su preocupación era por los casados que estaban en Pedernales, ahí vivían y trabajaban. Todos sobrevivieron y ahora están en Eloy Alfaro. Hay otras tres poblaciones que también dependían económicamente de Pedernales: Punta, Punta Cotera -principalmente de pescadores- y Mango.

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