6 de February de 2010 00:00

El comportamiento del centro es un gran dilema

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Redacción Construir

¿Qué pasaría con el Centro Histórico de Quito con un terremoto de gran magnitud?
Eduardo Báez, máster   en  rehabilitación arquitectónica y conservación del patrimonio,   afirma con sinceridad:  “Nadie lo sabe. Se dice que solo un  nuevo terremoto servirá para evaluar las intervenciones realizadas”.

Un llamado de alerta muy fuerte fue el sismo de 1987, donde un alto porcentaje de   iglesias y sus elementos  sufrieron fisuramientos, dice Báez. La torre de La Merced casi  colapsa.

Las acciones tomadas   y la creación del Fonsal  como ente protector del patrimonio salvaron  a esos monumentos, asevera Báez. “En esa ocasión,  técnicos nacionales desarrollaron  propuestas de reforzamiento estructural que obtuvieron resultados más que satisfactorios”.

Allí está, por ejemplo, el  reforzamiento de la iglesia de La Compañía, donde la propuesta elaborada fue la respuesta a un problema casi insoluble.

“Ocho kilómetros de hierro de refuerzo están dentro de sus muros. Esta solución, necesaria para sostener en pie las edificaciones  y que podría pensarse como demasiado agresiva, fue avalada por expertos extranjeros y es una respuesta a un riesgo que es inminente en Quito: sismos de mediana  y alta densidad”.

Hay   factores a favor en la estructura   de la ciudad histórica. Su carácter compacto (las casas están unas junto a otras, formando grandes cuerpos que se sostienen entre sí) y la condición monolítica y la mediana altura de  los monumentos son dos.

Pero hay debilidades:   el material -esencialmente  tierra- que no es resistente a los movimientos telúricos; la altura de algunas torres que serían las primeras en sufrir el embate; las esquinas de los muros que no están   ancladas y se fisurarían fácilmente...

Tal vez el riesgo mayor se encuentra en los inmuebles particulares. Allí, las intervenciones empíricas antitécnicas fueron ejecutadas solo para arreglos cosméticos, continúa Báez.

“Y es  peor cuando se colocan elementos rígidos como vigas o refuerzos de hormigón armado en estructuras de tierra. Estos elementos,   en un movimiento sísmico,  se convierten en arietes que perforan paredes, y muros (efecto de punzonamiento)”.

“Nadie puede asegurar que la ciudad patrimonial está totalmente protegida. En varios foros se ha mencionado que si   un temblor de alta intensidad golpeara a Quito,  nada quedaría en pie. Pero no debemos pensar  negativamente, pues los esfuerzos realizados sí han aportado   a la protección contra el riesgo”.

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