3 de agosto de 2015 19:44

Comicios de septiembre en Cataluña inquietan a Madrid

Firma de llamado a elecciones en Cataluña.

El presidente del gobierno catalán, Artur Mas, firma el decreto que adelanta las elecciones parlamentarias en su región autónoma para el 27 de septiembre. Foto: AFP

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Cataluña se acerca al momento de la verdad; las maniobras del presidente regional Artur Mas para convertir las próximas elecciones de septiembre en un plebiscito sobre la independencia parecen haber fructificado, generando una creciente inquietud en el gobierno español.

Los independentistas dicen ir “a por todas” en estos comicios que Mas ha convocado oficialmente  para el 27 de septiembre. Si ganan, prometen conseguir en un máximo de 18 meses la independencia de esta región nororiental con 7,5 millones de habitantes y que atesora una quinta parte de la riqueza española (PIB) .

“Son unas elecciones similares a otras anteriores en la forma, aunque en el fondo todos sabemos que serán muy diferentes” aseguró este lunes Mas, tras firmar la convocatoria electoral, en referencia al carácter plebiscitario que quieren darle a estos comicios.

“Podemos hacer del 27 de septiembre una fecha señalada en nuestra historia”, añadió el presidente regional, cuyo ejecutivo trabaja desde hace meses para crear una administración paralela con capacidad de asumir las competencias propias de un Estado si fuera necesario.

La semana anterior, el gobierno catalán presentó su modelo de administración tributaria en caso de secesión y aprobó un decreto ley para facilitar la conversión de un Instituto de crédito público en un hipotético Banco central de Cataluña.

También reforzaron su red diplomática para ganar apoyos internacionales ante el previsible escenario de confrontación que puede darse después de estas elecciones.

Más que unas elecciones
"Estamos ante las elecciones autonómicas más importantes de la historia", reconocía Xavier García Albiol, el candidato catalán del Partido Popular, del jefe del gobierno Mariano Rajoy, que hasta entonces insistía en que estos comicios eran únicamente para cambiar el parlamento regional.

En los últimos meses, la cuestión catalana había quedado en un segundo plano para el ejecutivo de Madrid, preocupado por el auge de la izquierda radical de Podemos y los socialistas del PSOE, que podían apartarlos del poder en las elecciones legislativas de fin de año, como ya ocurrió en comicios locales de mayo.

Pero la situación cambió cuando los partidos independentistas dejaron atrás sus divisiones para ir juntos a las elecciones.

Esta lista, Juntos por el sí, estará integrada por el partido de Mas, Convergència Democràtica (CDC), la segunda fuerza de la región, Esquerra Republicana (ERC) y las influyentes asociaciones que organizaron las masivas manifestaciones nacionalistas de los últimos años.

Otro partido independentista, la anticapitalista CUP, irá por separado pero podría ser clave para alcanzar una hipotética mayoría absoluta, suficiente según ellos para proceder a la secesión.

Ante tal envite, las instituciones centrales, incluida la monarquía, reaccionaron tajantemente. “No habrá independencia de Cataluña”, aseveró Rajoy, mientras el rey Felipe VI recordaba en un acto en Barcelona con Mas que se debe respetar la ley.

Además, varios ministros de Rajoy plantean la aplicación del artículo 155 de la Constitución española, que permite suspender la autonomía de una región si ésta incumple la ley.

Los independentistas aseguran que, en tal caso, declararían inmediatamente la secesión. Sería el clímax a tres años de tensión, iniciados en 2012 cuando Rajoy rechazó mejorar la autonomía fiscal de la región.

Mas se convirtió entonces al independentismo y buscó la organización de un referéndum de autodeterminación, reclamado en multitudinarias manifestaciones.

Ya “no hay marcha atrás”, lanzó el líder de la coalición independentista, Raül Romeva, un exeurodiputado ecolocomunista designado para mostrar la hipotética transversalidad ideológica del movimiento y reactivar a sus bases.

Después del apogeo del referéndum simbólico del 9 de noviembre, celebrado en contra de una prohibición judicial, el movimiento perdió fuerza y, por primera vez desde 2011, las encuestas oficiales apuntan a una mayoría en contra de la secesión.

Desunión entre los unionistas

Con esta maniobra, Mas consigue centrar el debate electoral en la cuestión independentista, incluso entre sus adversarios más críticos, el Partido Popular de Rajoy y el emergente Ciudadanos (centroderecha), que defienden formar un gobierno de concentración del heterogéneo bando unionista.

“Es urgente ganar las elecciones autonómicas en Cataluña para configurar una nueva mayoría” no nacionalista, escribió el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, en el diario El País.

Esta mayoría requeriría de una alianza de estos dos partidos conservadores con los socialistas, los demócratacristianos de UDC -separados recientemente de su histórica alianza con Mas por su independentismo- y una coalición de izquierda radical liderada por Podemos.

“El debate no es si en el parlamento de Cataluña tiene que haber un parlamento de derechas o izquierdas, lo importante es conseguir una mayoría para aquéllos que quieren a Cataluña dentro de España”, sentenció García Albiol.

A dos meses del escrutinio, el resultado se prevé muy ajustado. “Hay una mayoría social a favor de la unidad, pero no está movilizada ni cohesionada, por lo que los independentistas podrían llevarse la victoria y mantener el proceso”, opina el analista y articulista del diario conservador ABC, Nacho Martín Blanco.

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