27 de abril de 2018 21:02

Cerca de 400 comerciantes informales ocupan las aceras en un sector Chillogallo para expender sus productos

El comercio informal en un sector de Chillogallo preocupa a los moradores, quienes piden más control. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO.

El comercio informal en un sector de Chillogallo preocupa a los moradores, quienes piden más control. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO.

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María Belén Merizalde

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Es casi imposible caminar por las veredas de un sector de Chillogallo, en el sur de Quito.

Un tramo de la avenida Mariscal Sucre, desde el puente a desnivel ubicado a la altura de la av. Morán Valverde hasta el mercado Las Cuadras, es utilizado a diario por cientos de comerciantes informales, que llegan hasta ese lugar para ofrecer una variedad de productos que van desde alimentos hasta ropa.

Pero la situación se vuelve más crítica los días de feria: martes, sábado y domingo.

Al menos 400 comerciantes informales se toman las aceras de ese sector, según lo señaló el inspector Ángel lema, responsable de gestión operativa del Cuerpo de Agentes de Control Metropolitano.

Según el funcionario, los comerciantes autónomos llegan desde las 06:00 a ubicar sus puestos y abandonan el lugar alrededor de las 21:00.

Y aunque Lema sostiene que tratan de trabajar de forma organizada y en conjunto con autoridades y comerciantes del mercado, no pueden resolver el problema, pues solo cuenta con 12 agentes de control para ese sector.

"Nos vemos en la necesidad de contar incluso con personal de otras unidades", explicó el funcionario.

Esta realidad causa gran molestia en los moradores del barrio, quienes sostienen que el problema cada vez es más severo.

"Hace un año ya había una cantidad grande de vendedores informales, pero como nunca hicieron nada ahora todo el mundo piensa que tiene derecho de obstruir el espacio público y convertir al barrio en una feria", comentó Martha Zapata, quien habita en el sector desde hace 18 años.

María Fernanda Flores en cambio asegura que la informalidad, además de generar desorden, propicia un incremento de la delincuencia.

"Hace poco hicieron un operativo aquí y detuvieron a varias personas que fingían ser comerciantes, pero en realidad aprovechan los tumultos para meter las manos en los bolsillos", indicó la vecina.

Por su parte, los comerciantes ambulantes prefieren no identificarse y solo señalan que "tienen derecho a trabajar".

Laura Ponce tiene una casa de arriendo precisamente sobre una de las veredas que ha sido tomada por los comerciantes informales y asegura que una vez que se van el sitio queda completamente sucio.

"En realidad necesitamos que se intervenga de forma urgente. Esto pasó de ser un problema menor y se convirtió en una molestia constante. Ya no se puede seguir viviendo así", contó la mujer.

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