12 de marzo de 2016 00:00

El color llega de a poco a las plazas quiteñas

Las fachadas de negocios y casas de la plaza Borja Yerovi, en el sector de La Mariscal, fueron intervenidas por artistas locales cuyas ideas fueron ganadoras de un concurso.

Las fachadas de negocios y casas de la plaza Borja Yerovi, en el sector de La Mariscal, fueron intervenidas por artistas locales cuyas ideas fueron ganadoras de un concurso. Foto: Pavel Calahorrano / EL COMERCIO

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Érika Guarachi

Una explosión de color y formas alegra a quien recorre, aunque sea por unos instantes la plaza Borja Yerovi, en el sector de La Mariscal.

Su readecuación y posterior colocación de arte urbano en sus fachadas la convirtieron en un referente para la ciudad y también para el diseño urbano. Ese proyecto concluyó en mayo del año pasado.

Ahora surge nuevamente una propuesta de intervención desarrollada desde las aulas del Instituto Metropolitano de Diseño. Christian Tapia, profesor a cargo del proyecto, impulsa esta idea que nació de la vinculación que tienen los estudiantes con la comunidad aledaña. Y qué más cercano para el Instituto que el parque José Navarro, el famoso lugar de las tripas, que lo tienen, precisamente, al frente.

Los estudiantes y el profesor vieron el potencial que ofrece este espacio para ser intervenido y propusieron salpicar arte urbano en las fachadas de casas y locales comerciales que enmarcan este concurrido lugar, generalmente asociado a la tripa mishqui y al humo que genera la comida asada.

La pregunta era: ¿qué pintar?, ¿qué poner que sea aceptado por el barrio? Los alumnos realizaron, primero, una investigación sobre qué caracteriza a los barrios que se encuentran cerca. 60 estudiantes indagaron sobre lo más representativo de La Floresta, La Vicentina y Guápulo. Surgieron ideas y palabras claves que englobarían el diseño posterior.

La Vicentina fue asociada con la palabra ‘tradición’, La Floresta con ‘cultural’ y Guápulo con ‘misticismo’. Estos vocablos luego dieron lugar a imágenes y simbolismo de lo que querían plasmar.

Dentro de los símbolos se rescataron a personajes populares (El chulla quiteño sigue en las mentes de los jóvenes) e incluso una flor como el geranio, que en el imaginario se la conoce como ‘la flor de Quito’.

Luego de la propuesta y de su primera presentación a los vecinos de los barrios faltan aún dos pasos que dar. Uno está en seducir a los dueños de los predios que se intervendrían con el arte urbano. Los alumnos se aprestan a una campaña puerta a puerta para mostrar sus diseños y obtener los permisos de los vecinos.

No es fácil. Los residentes están pendientes de la intervención del Municipio en el parque, de la congestión y la contaminación que generan las tripas. Hay dueños que no están en el país.

El segundo paso es el dinero. Jorge Valverde, vocero del Instituto, estimó que el presupuesto asciende a USD 25 000 por fachada. Esta cantidad se necesita para remediar los daños en la estructura, nivelarla y así colocar el arte.

En este aspecto el parque Borja Yerovi tenía una ventaja, ya que se contó con el financiamiento de una empresa privada que cubrió los gastos de la intervención y el color, explicó Patricio Gaybor, director técnico de Quito Turismo .

Esta entidad municipal junto con la Administración Zonal La Mariscal fueron parte del este proyecto. Hubo una convocatoria abierta, la calificó un jurado y luego de la aceptación del dueño fue realizada.

Gaybor destacó la experiencia de la plaza Borja Yerovi para el turismo pero también para la convivencia de la comunidad. Por eso Quito Turismo podría apoyar esta propuesta del Instituto.

Los entusiasmos por la idea de salir del gris panorama que ofrecen las fachadas del parque José Navarro se extienden a los especialistas.

El urbanista Hernán Orbea considera que es “curioso pero muy refrescante que con este interesante ejemplo de diseño urbano reactivo se incluya al parque como parte del patrimonio intangible y como ícono urbano, sin alterar su uso ni su dinámica social y económica, y por el contrario, que sean elementos claves en la elaboración de la propuesta”.

Mauricio Moreno, decano de arquitectura de la Universidad de las Américas, añade que el impacto de la propuesta dependerá de su proporción, del equilibrio y si se logra adecuar al espacio. “Funcionará siempre y cuando se lo enmarque en una visión integral”.

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