20 de enero de 2018 00:00

1 438 colectivos le dicen no al acoso sexual en el transporte de Quito

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Evelyn Jácome

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Todas respondieron que sí. Que alguna vez han escuchado una insinuación sexual, una palabra soez, un gesto indebido o un roce inapropiado mientras viajaban en el bus.

La tarde del pasado jueves, 15 mujeres, de 15 que viajaban en buses de las Cooperativas Mitad del Mundo y San Carlos, que circulaban por la avenida Mariscal Sucre, aseguraron a este Diario haber sido víctimas de algún tipo de acoso sexual. Poder denunciarlo mientras se viaja en buses convencionales, para ellas, es una ventaja.

El programa Bájale al acoso, implementado por la unidad Patronato San José desde marzo del año pasado, funcionaba en 397 buses del sistema del transporte municipal. Desde este año se extendió a 1 438 buses del servicio privado.

Además, en los siguientes 10 días se sumarán 562 buses privados más. Así, 2 000 colectivos tendrán el sistema donde las personas que se sientan acosadas podrán denunciarlo.

Hasta el momento se han recibido 1 132 reportes de ese tipo de abuso en las unidades del Trolebús y de la Ecovía, y 100 reportes en buses convencionales.

Según María Fernanda Pacheco, presidenta del Patronato, 35 casos se han judicializado, de los cuales 10 sentencias fueron condenatorias.

Los agresores recibieron entre 12 y 38 meses de prisión. La más alta sentencia la recibió un hombre de 41 años que tocó los genitales de una niña de 11 años, el mes pasado.

Para Karla Jijón, Alicia Benavídez, Carmen Utreras y Joselyn Riofrío, usuarias del transporte urbano, dentro de los buses hay personas que aprovechan el tumulto para rozar sus partes íntimas contra su hombro cuando ellas están sentadas, o contra sus glúteos, cuando viajan de pie.

Susana Vargas, Jimena Caiza y Ruth Jama aseguran haber escuchado insinuaciones sexuales al bajar del bus. De los 100 casos reportados en colectivos, 60 corresponden a tocamientos, 25 a miradas y gestos incómodos y 10 a palabras o insinuaciones sexuales.

En cinco casos las mujeres prefirieron no dar detalles del tipo de acoso, solo quisieron reportarlo, que el bus active la alarma y que el acosador se sienta descubierto y se aleje.

Tal como ocurre en los corredores centrales, cuando una persona se siente vulnerada debe enviar un mensaje al 6367 con la palabra acoso y el número de la unidad. El mensaje llega a la central, pero en el caso de los colectivos, una persona recibe el número de la unidad y busca en la base de datos del sistema la cooperativa a la que pertenece y el contacto del conductor del bus.

Envía una alerta al conductor y este coloca un CD en el radio de la unidad y activa una alarma por el parlante.

En menos de dos minutos, la víctima recibe una llamada.
Michel Vilatuña es una de las psicólogas que está al otro lado de la línea telefónica y contacta a la víctima. Al día hace unas ocho llamadas, en especial entre las 06:00 y las 09:0, al mediodía, y en la noche.

Primero la tranquiliza y le pregunta qué es lo que desea hacer: denunciar, recibir ayuda, bajar de la unidad... 

Si desea que la brigada Bájale al acoso acuda a su encuentro, desde el centro de control se monitorea y se ubica al policía metropolitano que se encuentre más cerca al sector, y este hace detener a la unidad.

Pacheco dice que en más del 60% de los casos, el conductor activó la alarma. En los otros, no sonó la alerta por algún inconveniente, pero se trabaja en ese proceso para que se cumpla correctamente.
Al momento, se trabaja de la mano con 28 cooperativas como la Quitumbe, Transplaneta, Colectrans, Latina, Catar, Águila Dorada, entre otros.

Todos los buses que cuentan con el sistema, tienen un ‘sticker’ pegado en la parte delantera de la unidad y en la ventana con el mensaje Bájale al acoso y el número de la unidad.

Diego Quishpe, conductor de la compañía San Carlos, dice sentirse orgulloso de ser parte de la campaña. Según dice, ahora las mujeres van a viajar más seguras, y felicita a las autoridades por esta iniciativa. “Aquí en mi bus, los acosadores no tienen cabida”, dice.

En la capital, las cifras que se mueven alrededor del acoso son alarmantes. Según ONU Mujeres, el 91% de las mujeres ha experimentado acoso, y el 27% de las adolescentes ha sido acosada al salir del colegio.

El 43% dijo haber sido víctima de acoso verbal y el 39%, haber sentido acoso físico.

Pero los abusos van más allá de una mirada o palabra. El 11% dijo haber visto a un pasajero tomando fotos de su cuerpo y el 8%, haber visto a un hombre mostrando o manipulando sus genitales dentro de la unidad.

La ampliación de la campaña al sistema de transporte convencional encaja dentro de la mejora en la calidad del servicio que los transportistas deben cumplir. Como parte del programa, se ha capacitado a 3 000 personas, entre conductores y recaudadores para saber cómo reaccionar frente al acoso.

Para Rocío Rosero, viceministra de inclusión social del MIES, una de las ventajas de la campaña es que permite una ruta de atención inmediata a las víctimas. Se hace necesario, dice, una mayor información sobre el proyecto y el fortalecimiento de la prevención.

El objetivo, apunta, es lograr que no solo el bus esté libre de acoso, sino las paradas, las estaciones, la calle, el espacio público en general. “Debe llegar el día en el que las mujeres podamos sentirnos seguras por donde quiera que vayamos”.

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