18 de December de 2014 20:40

Un colectivo recupera los sabores ancestrales

En el local de Xavier Anchapaxi, en Pifo, se vende comida que tiene como base productos endémicos de Ecuador. Foto: EL COMERCIO

En el local de Xavier Anchapaxi, en Pifo, se vende comida que tiene como base productos endémicos de Ecuador. Foto: EL COMERCIO

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Valeria Heredia. Redactora

El dulce sabor del helado llama la atención de chicos y grandes. Más aún si son de sabores autóctonos como el chaguarmishqui, el chamburo, el jijacho, el níspero, la guaba, el zambo.

Este producto es comercializado en el local de Xavier Anchapaxi, quien pertenece al colectivo Pifo Rebelde, conformado por habitantes de diferentes parroquias del valle de Tumbaco. El deseo de estas personas por rescatar los saberes y sabores ancestrales de esta localidad las llevó a plantearse una meta: recuperar sus raíces indígenas. El trabajo no fue sencillo. Primero, recopilaron información de la parroquia. Lo hicieron mediante fotografías y registros de las comunidades indígenas que se asentaron en la zona. Lo que más les impactó fue la forma de vida de sus antepasados; es decir, su vestimenta, comida, trabajo en las haciendas y demás.

Anchapaxi, de descendientes de indígenas kitu karas, recuerda que su padre y abuelos le contaban sobre la comida que se consumía en décadas anteriores. El tostado, la chicha y las tortillas de tiesto son algunos de esos productos.

Además, le hablaba sobre el valor alimenticio de los productos de la tierra para los indígenas y la localidad.

Por ejemplo, el chaguarmishqui es una bebida dulce, considera sagrada y medicinal, ya que tiene propiedades curativas. “Nuestros ancestros la bebían para aguantar el frío y las largas jornadas de trabajo en las haciendas”.

Este líquido proviene, naturalmente, del penco y tiene un sabor amargo si se lo toma directamente. Es así como nacen los helados con este tipo de elementos, para que esos saberes no se pierdan.

“Buscamos mantener viva la memoria de las generaciones pasadas”. Incluso, la elaboración se mantiene. Para preparar los helados, en una paila de bronce se coloca el chaguarmishqui.

Se gira el recipiente que está sobre una base de hielo seco y sal. Se bate con una cuchara de palo hasta que tome consistencia. “Todo se hace a mano. No se usa algún tipo de máquina”. Esto, para mantener el sabor.

Pero no solamente se hacen helados con chaguarmishqui, sino con el jijacho (fruta similar al babaco), zambo, guaba, chamburro.

Las personas que han consumido estos helados los recomiendan. Estela Guambi, quien vive en Pifo, va a comprar estos helados dos veces por semana. Lo hace junto a su hija de 10 años. Asegura que no lo hace solo por el sabor sino por el concepto. “No es cualquier helado. Está preparado con productos nuestros, autóctonos”.

El sabor que más le gustó es el de zambo. “Sabe al arroz de leche con canela”. Para ella es positivo que se busquen las maneras de recuperar las raíces indígenas de las parroquias, sobre todo, para que las nuevas generaciones aprecien.

En esto coincide César Jumbo, de 25 años. Este joven se enteró de la existencia de los helados, por medio de las redes sociales (Facebook). Acudió al lugar y le encantaron. “Me parece novedoso que se hagan helados con estas frutas”. Él fue a probar el helado de chaguarmishqui. Le encantó. Además, cuenta que lo que más le gustó es que los helados mantienen el sabor de las frutas y no tienen colorantes ni sabores artificiales.
Otros productos que se han rescatado son: el tostado, las tortillas en tiesto y la chicha. La preparación se la realiza en pailas de tiesto y vasijas de barro.

Un museo de sitio

El colectivo Pifo Rebelde no solo le apuesta a la preparación de los helados. Además, planean levantar un museo de sitio con fotos de cómo eran las parroquias hace 50 años atrás. Sus primeros pasos fue buscar el sitio. Será en la planta alta del local de Anchapaxi (kilómetro 23 de la Interoceánica). Aquí se colocaron cerca de 60 fotos de las más de 120 que tienen recopiladas. En estas se puede apreciar la vestimenta, la gastronomía, las haciendas, la agricultura y demás.
Por lo que invitaron a los habitantes y visitantes para que acudan a este espacio, en el que se revive la historia de las ocho parroquias que conforman el valle de Tumbaco.

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