1 de February de 2010 00:00

Los clown hospitalarios son aliados contra el cáncer

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Una vez que completan su entrenamiento, obtienen el título de Doctor Sonrisa. Y su labor consiste en llevar una sonrisa a los pacientes que reciben tratamiento contra el cáncer en los centros hospitalarios del país. El trabajo fue iniciado por la Fundación Cecilia Rivadeneira, organización creada  por Wilson Merino, el hijo de una de las víctimas que se ha cobrado esta enfermedad en Ecuador.
 


 ¿POR QUÉ  ESTÁ AQUÍ?
Su experiencia.  Periodista de la Universidad Católica Boliviana, con sede en La Paz. Trabajó por muchos años en el periódico Presencia. Fundó la Agencia Boliviana de Información. Actualmente es el sub director de La Patria (Oruro). Preside la Asociación Nacional de Periodistas de Bolivia.

En 2006 y 2007, este grupo de voluntarios trajo a Hunter Patch Adams, el médico que inspiró la película protagonizada por Robin Williams. Cientos de trabajadores de la salud, familiares de enfermos y personas interesadas en el tema escucharon sus puntos de vista y experiencia sobre el poder curativo de las sonrisas y el buen humor.

El estadounidense afirmó que hace falta humanizar los tratamientos, que cada enfermo necesita ser escuchado y sentirse importante para que el tratamiento que recibe tenga un mejor efecto.

Este fue el punto de partida de una serie de seminarios y talleres para formar clown  hospitalarios en diferentes ciudades y provincias. Y decenas de jóvenes manifiestan interés en desarrollar trabajos de voluntariado como ‘Doctores Sonrisa’.

‘Morales también quiere controlar a los periodistas’

Entrevista a Pedro Glasnovic
Periodista y dirigente gremial de Bolivia

Carlos Rojas, desde Santa Cruz

El Gobierno boliviano busca impulsar una nueva Ley de Comunicación. ¿Bajo qué condiciones políticas se produce este debate?

Hagamos un poco de historia. En Bolivia, los periodistas siempre hemos defendido la libertad de expresión como un derecho innato del ser humano.

Ha sido una  lucha  dramática  por las dictaduras que han gobernado a su país.

Los periodistas  sufrimos el rigor de estos regímenes al punto de salir  exiliados o ser   torturados. Los mejores periódicos de Bolivia fueron diezmados. Luis Espinal, el sacerdote jesuita que tenía un periódico contestatario, fue torturado y asesinado en 1980, bajo la dictadura de Luis García Meza.    

En esos años, usted se iniciaba como periodista. ¿Cómo se ejercía el oficio?

El 1 de  noviembre  de 1979 yo cursaba el último semestre de periodismo y  ejercía en el diario Presencia. Mi bautizo de fuego fue ver cómo, en la plaza San Francisco de La Paz, un golpe militar masacraba a cien personas. Fue un día muy triste porque en  la víspera, la OEA reunida en nuestra capital,  emitió una resolución de apoyo a nuestro reclamo de salida al mar. El  día de la fiesta,  La Paz estaba rodeada de tanques.       
 
La prensa boliviana ha peleado por la libertad en épocas de dictadura. ¿Qué pasó en los   años de democracia?

No puedo decir que en las últimas décadas no ha existido libertad de expresión. Eso sería mentir. El problema es que esa libertad ha estado amenazada.

¿Incluso,  por el gobierno de Evo Morales?

En su primer período hemos sido insultados como nunca. Sus seguidores nos han escupido. Hemos sido tratados de mentirosos y declarados enemigos del cambio. Ese discurso lo ha proclamado el propio Presidente y sus bases se han apropiado de él. 

Al igual que Hugo Chávez y Rafael Correa, Morales ve en la prensa una  enemiga...

Es paradójico, porque cuando él era dirigente sindical la prensa lo protegía de las agresiones que venían del Gobierno. 

¿Cómo lo protegían?

A través de la cobertura y difusión de  sus mensajes. Hubo periodistas que hacían guardia en las plazas de la  región del Chapare, para alertarlo de las cosas que podían suceder.

¿No le parece que se desvió la esencia del periodismo hacia una actitud  militante?

Sí,  algunos periodistas cometieron ese error, pero creo que lo hicieron en su afán de informar desde lo más cercano a la verdad.
 
¿Hoy,  ese apoyo no existe?

El Presidente reclama a los medios independientes por sus contenidos, pero no mira lo que tiene en casa. El canal 7 de Televisión Boliviana que es estatal y la red de radios comunitarias Patria Nueva difunden toda la información oficial de forma muy sesgada.

¿Han comparado el poder  mediático de Morales con el que tienen  Chávez y Correa? Contar con  80 radios comunitarias a su servicio en un país rural como Bolivia es una plataforma inmensa.
 
Morales replica al otro día  lo que hace Chávez la víspera. Estamos analizando el debate de la Ley de Medios en Ecuador y vemos que el fin es uno solo: controlar  el trabajo de los periodistas.

¿Si la dictadura fue tan difícil para el periodismo boliviano, por qué les inquieta tanto una ley que busca impulsar un presidente que, como Evo Morales,  cuenta con  tanto apoyo popular?

Todos los gobiernos que se han sucedido en este país, a partir de este recuento histórico, han buscado controlar la emisión y contenido de los mensajes. Nuestro temor es que  más allá de cualquier acuerdo, que como gremio queramos hacer con Morales para sacar adelante una ley de consenso, el Régimen termine imponiendo sus criterios.   

¿La mayoría que tiene Morales  en la Legislatura es suficiente para impulsar una ley de medios sin consenso?

Tiene dos tercios de los votos en ambas cámaras. Es suficiente con que Morales instruya a sus legisladores sobre la ley que desea.

Bolivia  cuenta con una Ley de Imprenta, de 1925. Esta  garantiza, por ejemplo, la reserva de la fuente. ¿Por qué  no pedir que se la reforme  en lugar de crear una nueva?

Si bien es una ley  antigua,  los  fines y los derechos que persigue deben mantenerse en el futuro. Incluso creemos que con un nuevo reglamento esta Ley puede funcionar. Pero el temor que tenemos es que  cualquier sugerencia que hagamos se pierda al votar  una ley  al antojo de Morales.
   
¿Tienen otra estrategia?

Hemos pensado en cerrar filas para que ningún proyecto entre al Parlamento.
 
¿Cuál sería el objetivo de Morales con la nueva ley?

Mi percepción es que su agenda y su mensaje se repliquen en todos  los medios. Y que los periodistas, por temor a ser juzgados, se conviertan en simples repetidores de la versión oficial. Las cárceles se llenarán de periodistas.

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