11 de March de 2010 00:00

Cine oculto

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Alexandra Kennedy Troya

La Academia estadounidense ha definido los Oscar de su edición 82.  Ganadores y nominados no solo ganan el reconocimiento “mundial”, sino que recibirán la remuneración de miles de espectadores que se instalarán en las salas de cine para ver las películas.  Lo que ignoramos muchos es que paralelamente y sin ningún reconocimiento mediático, existe un cine popular subalterno que sin bombo y platillo captura el corazón y la atención de miles de espectadores latinoamericanos marginados de estas salas no solo por razones económicas sino porque se identifican con otras sensibilidades. Que Ecuador produce estas videografías populares desde mediados de los 90, una suerte de geografía sentimental digital que desafía en muchos sentidos el poder de las grandes empresas transnacionales de cine.   

Para escribir esta nota acudo a un libro/CD emblemático en el que sus autores Miguel Alvear y Christian León (‘Ecuador bajo tierra. Videografías en circulación paralela’, Quito, Ocho y Medio, 2009) hacen una búsqueda en 5 provincias de Ecuador de un cine underground en la que descubren asombrados la existencia de 40 largometrajes de bajos presupuestos, circulación paralela y estética precaria que, según León, “cuestionan la autoridad, la autoría y las jerarquías producidas por los intelectuales y la cultura occidental”.  Se destacan temas como el asesinato, la droga, la traición o la desintegración familiar causada por la migración.  Algunas de estas películas se venden por miles, muchas pirateadas con la aceptación de sus propios directores.  A fines del año pasado el libro se lanza  junto con un Festival en el que estos filmes se presentan ante un público culto. Muchas son basura, dicen un par de aficionados al cine.  Está claro, no fueron hechas para apelar a las sensibilidades de “este” público. Sin embargo, ‘Sicarios manabitas’ de Fernando Cedeño (Chone, 1968), exclama el mismo Alvear, tiene una calidad insospechada y nos invita a aprender de estas  experiencias y poner un ojo atento a aquello que ignoramos por prejuicios.

Uno de los más exitosos es del ex comerciante Nelson Palacios (Milagro, 1957) director de Producciones Caprichos y cuyo interés se centra en el núcleo familiar quebrantado en la posibilidad de recomponerlo. Muchas lágrimas ha arrancado Bárbara Morán (Guayaquil, 1967) con sus películas sobre el amor a Dios y a su familia. ‘Cuando los hijos se van’ queda aún en el inconsciente de estos colectivos. El libro nos lleva a nuevas reflexiones sobre lo popular, su vigencia, nuevos acomodos y formas de negociación, capacidad de viajar y reproducirse a escala global. Es un aporte de veras interesantísimo que sirve de insumo fundamental al trazar las nuevas políticas culturales.

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