3 de enero de 2018 17:59

Sube a 31 el número de niños afectados por pirotecnia en Guayaquil

Dolores Lucas tiene a su hijo en la unidad de quemados por jugar con pirotecnia. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

Dolores Lucas tiene a su hijo en la unidad de quemados por jugar con pirotecnia. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

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Elena Paucar

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Cuando Alexis regresó a casa estaba irreconocible. “No tenía cejas ni pestañas. No podía abrir los ojos y tenía la cara negra; parecía un monstruo”, recuerda Dolores, su mamá.

Apenas había pasado una hora del nuevo año cuando ocurrió el accidente a dos cuadras de su vivienda, en el noroeste de Guayaquil. El chico de 13 años escarbó los restos de monigotes y reunió algunos petardos sin detonar. Los juntó todos y encendió un fósforo que no le dio tiempo para alejarse de la explosión.

Solo en Guayaquil, 31 niños fueron hospitalizados por lesiones ocasionadas debido a la manipulación de juegos pirotécnicos durante los festejos de año nuevo. El hospital Roberto Gilbert, de la Junta de Beneficencia, atendió a 11 niños.

Ana Soria, coordinadora de la unidad de quemados, asegura que la cifra es elevada para los tres primeros días del año. En todo el 2017 tuvieron 16 casos de este tipo y en el 2016 fueron 20. “Nos preocupa porque hasta el día de Reyes algunas personas queman monigotes y podrían llegar más niños”.

Alexis es uno de los seis niños hostilizados. Antes de llegar a esta unidad especializada pasó por dos hospitales generales, donde recibió atención parcial. En uno incluso le recetaron una pomada y luego lo derivaron a un centro de salud para las curaciones.

El hospital Roberto Gilbert, de la Junta de Beneficencia, atendió a 11 niños. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

El hospital Roberto Gilbert, de la Junta de Beneficencia, atendió a 11 niños. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

Soria recalca que el tratamiento debe ser especializado. Y la recuperación es costosa, larga y dolorosa. “El tratamiento no termina con el cierre de la herida. Requiere apoyo psicológico, terapia física y ocupacional. Puede durar un año completo, según la lesión, y posteriores consultas”.

El pediátrico Francisco de Icaza Bustamante ha atendido a 20 niños desde la madrugada del lunes. El doctor Jaime Romero indica que los casos más graves son por quemaduras profundas, amputaciones y lesiones oculares.

Los adultos también sufrieron heridas. La unidad de quemados del Luis Vernaza, de la Junta de Beneficencia, atendió ambulatoriamente a seis pacientes afectados por camaretas, el doble que el año anterior.

Solo en Guayaquil, 31 niños fueron hospitalizados por lesiones ocasionadas debido a la manipulación de juegos pirotécnicos durante los festejos de año nuevo.  Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

Solo en Guayaquil, 31 niños fueron hospitalizados por lesiones ocasionadas debido a la manipulación de juegos pirotécnicos durante los festejos de año nuevo. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

Fernando Quintana, jefe del área, puntualiza que no son casos graves, por pérdida de pequeños segmentos de piel o leves afecciones oculares. Sin embargo, en los cuadros más complejos la hospitalización puede tomar 1,5 días por cada 1% de extensión de la quemadura. Los costos de atención en cuidados intensivos varían entre USD 1 500 y 2 000 por día.

Solo en diciembre, el Luis Vernaza registró diez pacientes con graves quemaduras a causa de incendios, explosión de bombonas de gas doméstico y cortocircuitos. Esta mañana, algunos permanecían en salas aisladas, cubiertos por vendajes.

Según datos del Cuerpo de Bomberos de Guayaquil, en el 2017 hubo una reducción del 27,34% de las emergencias, en comparación con el 2016. Los incendios estructurales, forestales y vehículos inflamados pasaron de 2 728 en el año 2016 a 2 335 en el 2017.

Dolores aún no sabe cuándo le darán el alta a Alexis. Mientras se recupera ha compartido el tiempo con los padres de otros niños afectados. Una pequeña de 10 años perdió el ojo derecho por el impacto de un volcán que su hermano encendió. Y otro infante, de 5, se quemó el rostro por la detonación de una camareta.

“Le tengo terror a los juegos pirotécnicos y en la casa están prohibidos. Siempre que veía las propagandas de personas mutiladas por camaretas les advertía a mis hijos… nunca pensé que le pasaría algo así”.

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