25 de agosto de 2015 18:32

Seis días de cierre de frontera colombo-venezolana desatan crisis humanitaria

Miembros de Defensa Civil ayudan a trasladar a una personas mientras cientos de colombianos cargan sus pertenencias por el río Táchira desde Venezuela hacia el sector La Parada

Miembros de Defensa Civil ayudan a trasladar a una personas mientras cientos de colombianos cargan sus pertenencias por el río Táchira desde Venezuela hacia el sector La Parada (Colombia). EFE/Mauricio Dueñas Castañeda

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Agencia EFE

La frontera colombo-venezolana cumple hoy seis días cerrada, una medida ordenada por el presidente venezolano, Nicolás Maduro, tras un ataque de presuntos contrabandistas que ha degenerado en una crisis humanitaria con más de mil colombianos deportados.

Hasta el día de hoy, 1 113 colombianos humildes han sido forzados a abandonar lo poco que construyeron en años e incluso décadas en Venezuela, sin saber qué futuro les espera en su propio país o si tendrán la oportunidad de regresar algún día a San Antonio y otras localidades donde dejaron familiares, amigos, casas y enseres.

A través del puente internacional Simón Bolívar, frontera que une la colombiana ciudad de Cúcuta con la venezolana San Antonio, 1 071 colombianos residentes en el estado Táchira han sido deportados sumariamente por el Gobierno de Maduro que alega estar en una lucha contra contrabandistas y paramilitares en la frontera.

Más al norte, a Paraguachón, una localidad en el caribeño departamento de La Guajira, 42 colombianos regresaron hoy, 25 de agosto de 2015, de  de Venezuela deportados o repatriados.

Ese movimiento masivo de personas ha creado en el lado colombiano una crisis humanitaria que tiene en los niños a los grandes damnificados, ya que, en total, 241 son menores de edad.

El Estado colombiano ha reaccionado y ha habilitado centros deportivos en Cúcuta para que los colombianos que llegan tengan la posibilidad de dormir bajo techo.

Allí, decenas de voluntarios de la Cruz Roja trabajan sin descanso para alimentarles y atender sus necesidades médicas y psicológicas.

En la mañana de hoy el drama se multiplicó ya que los colombianos que viven en Venezuela, ante el temor de ser deportados y perder sus bienes, decidieron abandonar sus hogares y cruzar con el agua a la cintura el río Táchira, que marca la frontera entre los dos países.

Cargando a hombros todo lo que pueden llevar, hombres, mujeres y niños se arriesgan a cruzar irregularmente la frontera por trochas que desembocan en el río en filas que parecen no tener fin, una escena dramática que parece sacada de películas de guerra.

Pese al riesgo que esto supone, columnas formadas por centenares de colombianos llegan a su país natal portando armarios, roperos, electrodomésticos, animales de granja e incluso mobiliario comercial.

El trayecto es posible porque, por primera vez en semanas, la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) de Venezuela ha comenzado a desviar su mirada de los colombianos.

Según pudo comprobar Efe, los agentes observan impasibles a los colombianos que portan sus enseres, sin perturbar la marcha.

Al otro lado, la Policía colombiana le colabora a sus conciudadanos y ha organizado un operativo con decenas de agentes que ayudan a cargar los muebles más pesados e incluso han puesto a disposición de los deportados uno de los camiones utilizados para el transporte de uniformados.

Las historias que relatan los recién llegados son escalofriantes.
Desde palizas que agentes de la GNB propinan a menores, a casas marcadas con dos letras, "R" (revisada) y "D" (demoler) que equivalen a una sentencia que ejecutan las autoridades venezolanas con maquinaria pesada.

Muchos de ellos aseguran que han pasado los últimos días escondidos en lugares recónditos para evitar ser identificados.
"Es como con los nazis", se repiten los cucuteños como un mantra al otro lado de la frontera.

Ese es otro de los dramas desatados con la crisis humanitaria, Cúcuta y San Antonio, una conurbación binacional unida por el puente Simón Bolívar, se ha visto separada por un verja de alambre de espinos que también se ha comenzado a dibujar entre los colombianos.

Muchos de los ciudadanos de Cúcuta comienzan a hablar con escepticismo no solo de Maduro sino también de sus vecinos de San Antonio, con quienes han compartido el espacio urbano desde hace décadas y que hoy son vistos con recelo.

En la ciudad, habituada a vivir con el contrabando, se nota también el efecto en el bolsillo de los cucuteños, especialmente a la hora de comprar gasolina procedente de Venezuela.

Los puestos de venta irregular están prácticamente vacíos y el precio se ha multiplicado por cinco en una semana.

Mientras tanto, los ciudadanos siguen mirando al puente Simón Bolívar con la esperanza de que la verja se abra y los agentes de la GNB y de la Policía de elite colombiana dejen de mirarse desafiantes y la región regrese a la realidad.

La esperanza está puesta en la reunión que mantendrán mañana en la ciudad colombiana de Cartagena las cancilleres de Colombia, María Ángela Holguín, y de Venezuela, Delcy Rodríguez, para tratar de encontrar soluciones que permitan la reapertura de la frontera y el regreso de la normalidad.

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