2 de mayo de 2016 00:00

El cierre de la av. Amazonas incidirá en el comercio en Quito

En el antiguo parque Isla Tortuga se habilitó una vía, de dos carriles por sentido, que empalma con la av. Juan Azcaray, en el sector de la plaza de toros. Foto: Julio Estrella/EL COMERCIO

En el antiguo parque Isla Tortuga se habilitó una vía, de dos carriles por sentido, que empalma con la av. Juan Azcaray, en el sector de la plaza de toros. Foto: Julio Estrella/EL COMERCIO

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Evelyn Jácome
Redactora (I)
njacome@elcomercio.com

Hay caras largas y resignación. El cierre vial de 170 metros sobre la avenida Amazonas, desde el parque Isla Tortuga hasta la Tomás de Berlanga, sector plaza de toros, despierta preocupación en los dueños de los locales comerciales. Sin paso no hay autos, sin autos no hay clientes y sin clientes no hay negocio.

Solo en esa cuadra hay 20 ­establecimientos, como farmacias, locales de venta de ropa, panaderías, ferreterías y pizzerías... que se verán afectados por la restricción vehicular, que empezará a las 22:00 de hoy y durará seis meses.

Hasta octubre no se permitirá el paso de autos por esa comercial arteria. El impacto en los locales es evidente: cinco negocios prefirieron cerrar. Hay letreros de ‘se arrienda’, en un par de establecimientos.

La restricción se debe a que en la zona se construye la estación Jipijapa del Metro, para lo cual, desde el mes pasado, un grupo de trabajadores se dedicó a intervenir las veredas para redireccionar los servicios ­básicos del sector.

Esa intervención, sin que haya implicado el cierre vehicular, afectó los locales. Lo asegura Claudia de Sosa, dueña de Alfombras San Andrés, local que funciona en la Amazonas desde hace más de 18 años.

Sosa explica que debido al polvo y a la dificultad para estacionar, las ventas bajaron al menos a la tercera parte. Ahora, con la restricción, cree que la situación empeorará. Sus clientes no la visitan a pie, sino en auto, por el peso que implica cargar una alfombra, por lo que difícilmente seguirán llegando. Ella no paga renta. Es dueña del local y no lo cerrará.

La fase de redireccionamiento terminó y ahora, se debe
empezar a excavar. Andrea González, directora de comunicación del Metro, explicó que el proyecto contempla 13 esta­ciones, una de ellas en la Jipijapa, y la construcción amerita el cierre obligatorio.

Para tener una idea, dice, cada estación tendrá el tamaño de dos canchas de fútbol y estarán ubicadas entre 20 y 25 metros bajo el nivel del suelo.

Para evitar más afectaciones en la movilidad, paralelamente se habilitará una vía en el antiguo parque Isla Tortuga, que empatará el tráfico vehicular desde la calle Juan de Azcaray con la av. Amazonas y viceversa, con dos carriles por sentido (ver infografía).

Los dueños de los locales saben que el sacrificio de algunos vale la pena cuando el bien es para toda la sociedad, pero no dejan de preocuparse. La matriz de Fybeca, por ejemplo, funciona en ese sector.

Cesar Flores, líder zonal de la empresa, cuenta que el local Fybeca Plaza de Toros abre las 24 horas y es un referente para la ciudad. La empresa calcula que durante los seis meses de cierre vial tendrá una pérdida de más de USD 4 millones.

Van a tomar varias medidas al respecto: no van a cerrar el local, seguirán atendiendo de 08:00 a 22:00 a quienes lleguen a pie. Además, la clientela podrá ingresar al parqueadero por la calle Isla Isabela.

Cada día, al local llegan 1 100 clientes y con el cierre esperan recibir máximo a 200, lo que se verá reflejado en las ventas. Solo esa farmacia vende al mes USD 600 000. El mes siguiente prevén vender 100 000. Su plan de acción consiste en la apertura de un local provisional 24 horas en la Gaspar de Villarroel, a la altura de La Y.

Ignacio Castillo, dueño de una ferretería desde hace 25 años, dice estar dispuesto a sacrificarse por el desarrollo de la ciudad a sabiendas de que los próximos meses las ventas bajarán al menos en un 80%. Pide que se mejore la comunicación.

La restricción afectará también al local Tradición Restaurante, de más de 40 años, con capacidad para 300 personas. Fernando Solórzano, su administrador, admite la disminución de un 50% en la clientela debido a los trabajos en las veredas y pronostica que con el cierre vial será mayor. Ya han alertado a los proveedores.

Esperan que el restaurante pueda mantenerse para no tener que cerrarlo. Esa es su forma, dice, de colaborar con Quito.
Por ese tramo de la Amazonas circulan 50 000 autos al día. Los conductores temen que se arme un cuello de botella en el desvío. Las autoridades piden tomar vías alternas.

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