4 de noviembre de 2016 00:00

Cibermafias atacan a ecuatorianos en Ipiales

La zona comercial de Ipiales-Colombia es de las más visitadas por los ecuatorianos. Foto: Francisco Espinosa para EL COMERCIO.

La zona comercial de Ipiales-Colombia es de las más visitadas por los ecuatorianos. Foto: Francisco Espinosa para EL COMERCIO.

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Sara Ortiz
Redactora (I) 
seguridadec@elcomercio.com

La alerta llegó de la Fiscalía. Sus investigadores conocen de una nueva estafa informática cuyas víctimas son personas que viajan al extranjero y utilizan sus tarjetas bancarias para realizar compras, sobre todo en Ipiales y Pasto, ciudades fronterizas con Tulcán.

Jaqueline fue víctima de este delito hace dos meses durante un viaje que realizó a Colombia. Durante su estadía, de un día, usó su tarjeta de crédito para realizar tres pagos de ropa y zapatos. Dos días después, cuando regresó a Quito, recibió un mensaje de su banco en el que confirmaba una compra por USD 4 700. Y lo más extraño es que los pagos fraudulentos se hicieron a la misma hora en dos ciudades diferentes: Bogotá y Manizales.

Pablo Santos, fiscal de Delincuencia Organizada, afirma que cada semana se suman nuevas denuncias de viajeros que han sido afectados por este tipo de fraude. Actualmente se tabulan las denuncias específicas de ese grupo.

Sin embargo, datos generales de la Fiscalía señalan que de enero a junio de este año se han reportado 250 casos de clonaciones de tarjetas en el Ecuador y otras 300 denuncias de apropiaciones fraudulentas por medios electrónicos.

“El auge comercial de Colombia atrae a miles de ecuatorianos y también a bandas internacionales que se aprovechan de que la víctima está de paso, para clonar su tarjeta o robar sus cuentas”, dice el fiscal Santos. La Policía estima que cada fin de semana más de 15 000 personas cruzan por tierra a Colombia con la única motivación de hacer compras.

En las investigaciones, los agentes han detectado que las bandas emplean dos formas para robar los datos del chip de la tarjeta de crédito. La primera y más común es a través del skimming/skimmer, que es un dispositivo instalado en el lector de tarjetas.

Cuando alguien pasa la tarjeta por ese equipo quedan grabados los códigos y a través de diminutas cámaras instaladas se registra el momento que el dueño digita su clave.

La segunda modalidad es infectar los dispositivos que leen las tarjetas bancarias con virus para así apropiarse de los números de las cuentas bancarias y transferir todo el dinero.

Policías que investigan estos casos explican que incluso las redes delictivas buscan restaurantes, supermercados, tiendas de ropa o de equipos electrónicos muy concurridas y pagan a los empleados comisiones por cada número de tarjeta que consigan.

En otros casos, dan una cuota a los empleados para colocar el sistema skimming en los locales y luego, de forma remota, desde computadoras están a la espera de que alguna víctima caiga.

Vanesa sufrió la misma modalidad de robo electrónico. Ella viajó en agosto pasado a Ipiales, en donde usó su tarjeta de crédito. Un mes después del viaje, mientras trabajaba, recibió una alerta del banco informando compras en Medellín por USD 2 000.

Presentó una queja en el banco, para que no le cobren. “Tuve que demostrar con mis movimientos migratorios que no salí del país en esa fecha que ocurrió la clonación”.

Humberto Arthos, del Colectivo Usuarios Digitales, una organización que reúne las quejas de perjudicados por robos y estafas por Internet, dice que hay personas que al retornar de su viaje no piden al banco que bloqueen cualquier pago adicional desde el extranjero.

Vanesa sí lo hizo, pero igual usaron su tarjeta de forma ilegal. A Santiago, de 31 años, le pasó lo mismo cuando volvió del viaje. En su caso, el monto ascendió a los USD 5 000 en compras de ropa femenina, perfumes, relojes y cosméticos. “Yo creía que era peligroso llevar dinero en efectivo, por eso opté por la tarjeta, pero ahora veo que esto también es un riesgo”, cuenta.

Cuando Santiago trata de recordar dónde fue la clonación de su tarjeta tiene solo una sospecha, pues este delito se comete en menos de un minuto.

Pero él recuerda que pagó en un restaurante y le pareció que el mesero tuvo su tarjeta mucho tiempo. Por eso, la primera recomendación de la Policía es nunca perder de vista la tarjeta, para evitar que estos hechos se produzcan.

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