3 de marzo de 2016 16:10

Christian, un policía que lleva un rosario por ‘arma’

Christian Carrillo recibió el grado de subteniente y se convirtió en el primer oficial sacerdote en la  Policía Nacional. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Christian Carrillo (der) recibió el grado de subteniente y se convirtió en el primer oficial sacerdote en la Policía Nacional. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

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Evelyn Jácome

Conoce técnicas de pelea, siguió un curso de yuyitsu, pero jamás utiliza la violencia. A sus 36 años, Christian Carrillo, además de sacerdote de la Iglesia Católica, ahora es subteniente de la Policía Nacional. Eso lo vuelve un uniformado diferente: en el cinto, en lugar de una pistola, lleva un rosario.

Este jueves 3 de marzo es el primer día que Christian estrena este grado policial. Este miércoles, recibió el grado de subteniente y se convirtió en el primer oficial sacerdote en la Policía Nacional. La ceremonia se realizó en la Escuela Superior de Policía, en Pusuquí, por los 78 años de institucionalización; en el acto hubo el ascenso de otros oficiales superiores.

Los oficiales de línea de la Policía tienen como identificación dos pistolas en la parte delantera de la chaqueta, pero los sacerdotes policías tienen en su lugar dos ramas de laurel y la cruz en el centro. El ‘cleshman’, la franja blanca sobre el cuello negro que identifica a los religiosos, también lo evidencia.

El reverendo cruza el patio del Grupo de Operaciones Especiales (GOE) usando su uniforme aceituna. En este espacio labora y ejerce su actividad desde el 2002. Abre la puerta de la iglesia ubicada dentro de la institución, y mientras se abre los botones de la chaqueta cuenta que él mismo construyó este templo, hace más de 13 años, por pedido de un coronel amigo.

Se coloca la sotana y se santigua frente a la imagen de Niño Jesús que viste uniforme camuflaje, y que se levanta en el medio del altar. ¿Cómo prefiere ser llamado, reverendo o subteniente? Sonríe y aclara: ‘Cómo se sientan más cómodos. Las dos profesiones me permiten servir a la gente'.

Christian es Canciller del Obispado Castrense, esta dependencia abarca a los religiosos que trabajan y permanecen junto con militares y policías. La actividad nació en el tiempo de las Cruzadas, pero en el país empezó a tener cabida desde 1930. En naciones como Colombia, Argentina y España hay sacerdotes coroneles y mayores.

Las cámaras lo ponen nervioso. No sabe bien dónde mirar o ubicarse. Admite que puede dirigirse a miles de personas en la iglesia o coliseos, pero el lente, lo intimida. “Ni cuando me ordené sentí tantos nervios como ayer en la ceremonia”, cuenta el hombre al que con frecuencia, sus compañeros del GOE llaman antes de algún operativo riesgoso para que rece por ellos y todo salga bien. Tiene una relación de camaradería y respeto con sus compañeros. Se levanta antes de las 05:30 para trotar y entrenar con ellos, forman juntos, dan parte, y de vez en cuando escucha las confesiones.

Christian, quien además ha realizado curso de buzo de rescate y de tiro al blanco, asegura que en ambas profesiones el vértice es la disciplina, la vocación y la convicción.

A diario, su rutina es la misma, luego del ejercicio, realiza una oración personal. Forman a las 07:30, pasan lista y les da una palabra de aliento a sus compañeros. Además, rezan antes de salir a sus actividades.

Como es canciller del Obispado Castrense, acude a su oficina y regresa al GOE al mediodía. Además, asiste a una parroquia llamada Cristo de Emaús. En la institución policial se celebran misas todos los miércoles; además realizan retiros.

En la noche, es costumbre conversar con sus compañeros sobre lo ocurrido en el día. Usualmente, le piden consejo o una guía espiritual en especial cuando atraviesan algún problema. Ha pasado momentos difíciles en la rama policial, como afrontar la pérdida de uno de sus compañeros.

Siempre elocuente, gracioso y con ese tono suave que tienen los reverendos al hablar, cuenta que como religioso, por convicción, no porta armas. Le basta con llevar a Cristo en su corazón. Es obispo de corazón y policía de sangre. Su padre, su primo, su cuñado y otros familiares pertenecen a la institución. Nació en Quito y tiene dos hermanos. Su plan a futuro es buscar la santidad en el diario vivir.

La habitación en la que duerme es pequeña, solo entra su cama de una plaza, un velador y un pequeño escritorio donde coloca la Biblia y la gorra verde con el sello de la Policía.

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