16 de January de 2010 00:00

‘Christian siempre quiso ser militar’

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Roxana Cazco. Corresp. Madrid

Dos horas antes de morir el ecuatoriano-español Christian Quishpe prometió a su esposa, Ana Belén, y a su hija Yaiza, de dos años, llevarlas de visita a la Basílica del Pilar, en Zaragoza, a la playa y a saborear helados. Lo haría a su regreso de la base militar de Herat, en Afganistán, donde estaba asignado desde el pasado 8 de noviembre en misión de paz.

Al concluir la videoconferencia en la que fijaba la promesa, el militar comentó que debía ir a reparar un coche. Ese vehículo militar de seis ruedas fue el que le quitó la vida, el día  8, al atropellarlo mientras intentaba su arreglo. Ana Belén, de 24 años -los mismos que su joven esposo- no lo podía creer. “Estaba tan feliz, haciendo planes y sucede esto”, dice a este Diario.

Quishpe, nacido en Sangolquí y reagrupado por su padre en 2004, siempre quiso ser militar. “Desde niño,  sus juegos tenían que ver con el Ejército”, recuerda con un bosquejo de alegría su padre, Diego Quishpe. Él refiere  que el cuarto de sus cinco hijos –que también fueron reagrupados junto a su madre en 2004-  estaba orgulloso de ser soldado del Ejército español.

“Si estuviera en Ecuador también lo habría sido y estaría orgulloso de representar a la bandera ecuatoriana”, dice por su parte, Ana Belén, porque “le encantaba ser militar, era su vida”.

Hasta ser aceptado en el Ejército en 2005 intentó otros empleos. Fue DJ en un pub que frecuentaba Ana Belén. Allí se conocieron, se hicieron amigos y después novios.  Tuvieron a Yaiza hace dos años.

Había recibido exultante la noticia de su regreso a España en marzo de este año, pues en un principio el retorno estaba planificado para mayo. Y lo haría a una base militar de Zaragoza.

La viuda continuará en su trabajo en una fábrica  de platos. Y aunque no conoce el monto que recibirá de indemnización, sabe que su niña tendrá una pensión.

El soldado  recibió a título póstumo la Cruz al Mérito Militar del Ejército y la Medalla de la OTAN por su trabajo en Afganistán. Sus restos fueron incinerados, el lunes pasado, en el cementerio de Zaragoza.

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