6 de julio de 2016 00:00

En La Chorrera volvieron a lanzar las redes

A 5 kilómetros de Pedernales se ubica La Chorrera, donde el 80% de sus 1 700 habitantes se dedica a la pesca. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

A 5 kilómetros de Pedernales se ubica La Chorrera, donde el 80% de sus 1 700 habitantes se dedica a la pesca. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

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Elena Paucar
epaucar@elcomercio.com

No saben cómo explicarlo. Pero quienes estaban en el mar la tarde del 16 abril coinciden en que un estruendo hizo estremecer sus embarcaciones. “La lancha empezó a roncar; se movía más que cuando las olas están bravas”.

Ese día Pablo Cevallos estaba a unas ocho millas de La Chorrera, una comuna ubicada a 5 kilómetros de Pedernales (al norte de Manabí), el epicentro del destructor terremoto. Salió en busca de pinchaguas y camarones, pero de inmediato recogió las redes, encendió el motor y regresó a casa.

“No sabíamos qué había pasado. Cuando llegamos todo estaba oscuro. Los pocos compañeros que quedaron en la playa dijeron que era terremoto y que todas las familias huyeron a los cerros porque corrió el rumor de un tsunami”.

La Chorrera es un pueblito anclado entre la ensenada de Pedernales y el estero Chorrera. La pesca es el sustento del 80% de sus 1 700 habitantes.

En los últimos años también buscaba sacar a flote su atractivo turístico. Tiene una playa de arena gris, de 3,5 kilómetros de extensión, donde se ubicaban 288 casitas, algunas de madera y caña, y otras de cemento.

Con el sismo, el 90% de las viviendas se desplomó (solo 12 no presentan daños severos). Así lo recopiló un censo elaborado entre la Federación Nacional de Cooperativas Pesqueras del Ecuador (Fenacopec) y los dirigentes comunales. Cuatro personas murieron y algunos pescadores ahora están ligados a sillas de ruedas.

Hasta el pasado viernes las excavadoras terminaban de derribar las endebles estructuras. En su reemplazo hay cientos de carpas y covachas sobre la arena, improvisadas con retazos de madera y plásticos.

Gran parte de las 462 familias de esta localidad ahora permanece en un terreno cercano a la carretera que conduce a San Vicente. Cerca de ahí, la maquinaria aplana un terreno donde se hará la reubicación de la comuna, como anunciaron las autoridades.

Gabriela Cruz, presidenta de la Fenacopec, explica que llevaron ayuda a 22 de las 76 caletas pesqueras de Manabí, las más afectadas por el terremoto. Solo esta provincia concentra unas 10 200 embarcaciones artesanales de las 36 400 registradas en toda la Costa.

Pero los daños fueron más severos en La Chorrera, Pedernales, El Matal, Canoa, La Cabuya y Puerto Cabuyal. Son 3 030 los pescadores artesanales afectados (hay cerca de 100 000 en la Costa). Algunos perdieron sus casas o están resquebrajadas, y varios perdieron sus herramientas, según la Fenacopec. Y 22 pescadores fallecieron en la provincia.

Antonio Lucas tendió las redes por el luto y por el temor a las réplicas. Al igual que otros compañeros retomó las faenas de pesca unos 20 días después del terremoto. “Estábamos asustados y la gente casi no llegaba por aquí. Pero debimos volver al mar porque la pesca es nuestro sustento”.

Lanzar los trasmallos es cuestión de suerte, como dice Lucas, quien pesca en estas aguas desde hace 30 años. “En algunos días no sacamos nada. Otros días podemos sacar hasta USD 20”. Pero pocos días después del sismo, asegura, el producto era escaso.

Nancy Lucas es la presidenta de La Chorrera y afirma que algunos pescadores perdieron todos sus materiales de trabajo por el sismo. “Los que estaban en faena cuentan que fue como un rayo que pasó por el fondo del mar, una corriente que destruyó redes y trasmallos. Al menos seis compañeros necesitan donaciones para volver a pescar”.

En La Chorrea hay 150 embarcaciones artesanales, como explica Ángel Robles, presidente de una cooperativa pesquera. En promedio son tres pescadores por lancha. Aquí capturan peces pelágicos pequeños como sardinas, caritas, pinchaguas, caballa, jurelito; también camarones y langostinos. Cada libra se comercializa entre USD 5 y 6,50.

Pero las réplicas incluso ahuyentaron a los comerciantes, quienes poco a poco volvieron a instalarse en la orilla. Patricio Palacios dice que en las oscuras -faenas sin luna-, comercializaba hasta USD 300 en producto. “Ahora estamos retomando el ritmo comercial normal. Con este desgracia ni siquiera había hielo para conservar fresca la pesca”.

Para reactivar la producción en la comuna, el sábado se realizó un festival por el Día del Pescador Ecuatoriano. 3 000 visitantes de varias caletas de la Costa llegaron a esta playa para apoyar a sus compañeros en la compra de platos típicos y otros productos. También los animaron a volver al mar.

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