4 de April de 2010 00:00

Choques, quinta causa de discapacidad

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Redacción Judicial  Cuando se despertó, Bertha  Coello  estaba sobre una cama del Hospital   Gustavo Domínguez de Santo Domingo de los  Tsáchilas. Tres días habían pasado     desde      aquel     19 de enero del 2005,  en  que su  cuerpo quedó cubierto de sangre, tras un volcamiento de un bus.La última escena que quedó en su retina  fue    la de esa noche,  cuando viajaba en una unidad  de la cooperativa Fénix,    desde el  cantón  Santo Domingo hasta su  casa,  en   la  parroquia  Nuevo   Israel.   Era un recorrido de 25 minutos. Apenas   faltaban  cinco para  bajarse,   pero  el  bus,  que iba  a  más de 90 kilómetros por hora   y  repleto de pasajeros,    se  estrelló  contra un volquete que estaba aparcado en la carretera, sin    luces.

Un golpe en la cabeza la mantuvo inconsciente por tres días.  En ese lapso, los  médicos le amputaron   la pierna y el brazo derecho.  Cubrieron  sus partes con vendas. Su caso fue extremo y    los médicos no tuvieron opción.Gonzalo Haro, quien  es  traumatólogo de emergencias en el Hospital Eugenio Espejo,   sabe que las  amputaciones por accidentes de tránsito  ocurren solo cuando  se suman varios  factores   de riesgo:     pérdida de  hueso;  heridas  que no se pueden cerrar y que comprometen  más de 10 centímetros,  y daños en las partes blandas (piel,  tejidos,  músculos, etc.). “De lo contrario,  se salva al   miembro”.  Haro recibe cada día a gente  con heridas  por problemas    en  vías y carreteras.    En  el 2009, al  Eugenio Espejo ingresaron   1 088 pacientes por esa causa.   El  Consejo Nacional de Discapacidades (Conadis)  registra   9 690  personas que por  accidentes  de tránsito  adquirieron  una  discapacidad en Ecuador. Esta es la quinta causa de discapacidad en el país (los datos son solo de carnetizados).Coello  apenas   tenía  17 años. Esa  noche   recibió la última clase en el Colegio  Eloy Alfaro.    Estaba  a punto de iniciar  los exámenes de grado   para incorporarse como bachiller.  Por sus   notas  estaba convencida de   que lo lograría.  Pero para ella  la ceremonia    se postergó  un  mes, hasta  recuperarse.  Ahora  tiene 22 años.   Sus verdes ojos  se saturan de lágrimas cuando  recuerda que al   despertarse  primero   observó  a  Alida Pita, con quien se crío desde niña.Eduardo Paz temía que algo similar le ocurriera. A las 03:00 del 28 de marzo se  accidentó   en el Puyo, y notó que las piernas no le respondían.   El  jueves seguía en el Eugenio Espejo con los brazos y el rostro lleno de moretones, pero con  las piernas  en mejores   condiciones, a la espera de diagnóstico.Los traumas   físicos   son solo     una de las secuelas  de un accidente. La otra   es la     psicológica, de la cual le resultó difícil salir a  Mishelle  Cajuste.  Tenía  miedo  a  los objetos cortopunzantes,  a la palabra curación,  a la velocidad de los  autos.El accidente  de tránsito que sufrió hace 15 años fue el inicio  de estas fobias. El vehículo  que la llevaba desde Guayaquil hasta su casa, en Durán,   dio vueltas de campana  y la expulsó hacia  la calzada.   Un  visitador médico   que pasaba  por esa ruta  se bajó del auto, le hizo un torniquete en la pierna  e impidió que se desangrara. El chofer y su amiga  también estaban en el asfalto, pero  muertos.César Arcos, doctor en psicología clínica,   conoce los síntomas de Cajuste.  “A eso se llama   estrés postraumático; es decir,    quedan secuelas del accidente. Las imágenes y sonidos de lo sucedido se   mantienen y se  reproducen  constante e involuntariamente”.Las  pesadillas eran de todas las madrugadas. Las imágenes    de esa noche   eran recurrentes. “El señor que manejaba el carro iba  como loco. Parece que estaba    un poquito tomado, porque estábamos a puertas de la Navidad.  En una curva  se encontró con    escombros y no pudo maniobrar”. Según el jefe nacional  del Servicio de Investigación sobre Accidentes de Tránsito (SIAT) de la Policía, Wilson Pavón,  los choques  o   volcamientos   que ocurren  a más de 90  km  por hora se    asemejan  a una caída desde  10 pisos. Eso sucedió con  Coello, quien ahora apoya su pequeño y  delgado cuerpo   en una prótesis  y en   una muleta. Cajuste tuvo   otras consecuencias. Los médicos del Hospital  Luis Vernaza (Guayaquil)  le  salvaron la pierna derecha, pero la acortaron   siete  centímetros, porque   encontraron  daños en los huesos. En ese  momento tenía 17 años  y  solo a los 20   retomó  sus actividades.  Coello y Cajuste   no se conocían,   la tragedia las unió y les devolvió las ganas de vivir. Laboran juntas  en Santo Domingo de los Tsáchilas. Allí se abrió una oficina del  Servicio de Integración  Laboral, que ayuda a que la  gente   con  discapacidad   física  consiga   trabajo.Emplearse -dice Arcos-  es   el mejor estímulo.  “Caso contrario   vienen   la inseguridad,   rechazo a  sí mismo  o a la   sociedad,   temor por lo estético, porque perdió un miembro. Cuando pasa esto, la familia es clave en el  tratamiento”.  Paola Hinojosa es  terapeuta  familiar. Su  primera sugerencia  es que todos aprendan a vivir en las nuevas condiciones.   “Si alguien comienza a utilizar una silla de ruedas,  hay que readecuar  el ancho  de las  puertas,   los servicios  en  baños,  la ducha, los dormitorios”.Cuando Coello se accidentó tenía tres meses de noviazgo con Misael Loor. Él sigue  a su lado y  “es el apoyo más fuerte”.  En las calles aún   tiene   dificultades para  desenvolverse.    Hace tres semanas, un bus  que tomó en  el centro de  Santo Domingo arrancó sin que ella hubiera subido  y  cayó. “Allí es cuando  uno piensa,  si no me hubiese pasado, eso estaría bien”, dice la joven, de cabello rubio.Los temores para Coello se alejaron poco a poco. Siguió con los estudios y  en la universidad y    se graduó en Psicología. Ahora   enseña a otras víctimas  que “una  amputación   no significa  muerte”.

Seis consejos  que usted debe conocer  Las enfermedades,  la violencia, los problemas al nacer y los accidentes son las causas de discapacidad. Las víctimas deben adaptarse. De necesitar silla de ruedas, hay que evitar espacios reducidos.     La distancia  adecuada entre el   piso y la   cama  es de    20  cm.  Esto  permitirá     el paso  del reposapiés de la silla.   El  teléfono,  la  lámpara,  los  controles...   deberá     estar a menos  de  60 cm  de   la cama.    Las puertas deberán tener 90 cm de ancho.  Se sugiere que las agarraderas   y  cerraduras sean   fáciles de manipular. Una   puerta  giratoria  no es   recomendable  en estas circunstancias.       El uso adecuado del  cinturón de seguridad es la  primera sugerencia para  atenuar el efecto   de los   accidentes. La banda  debe colocarse    entre la pelvis y los muslos; nunca  sobre el abdomen. Nunca   lleve  mascotas   junto al conductor.  Los animales pueden hacer que el chofer pierda visibilidad en las carreteras.  En caso de una  emergencia no podrá maniobrar con facilidad.      Las maletas y   otros   objetos  que son  trasladados    en un   vehículo deben estar siempre  sujetos. De lo contrario y si  ocurre  un accidente estos  volarán a la misma velocidad   que va el    auto.

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