22 de enero del 2015 00:00

No más poder para los choferes

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Dimitri Barreto

El acuerdo suscrito entre el Alcalde de Quito y los transportistas es la ruleta rusa de un nuevo capítulo para mejorar la movilidad, así como la calidad de vida de los capitalinos, y para sembrar confianza.

Sí, confianza. Esa que los choferes se han esforzado a pulso por pisotearla con el (mal) trato que dan a los ciudadanos. Basta salir a la calle: conductores “profesionales” irrespetuosos de las leyes, correteos con otros buses por la misma ruta, aumento de la velocidad para no recoger o impedir que bajen niños, adultos mayores y personas con discapacidad (¿porque pagan menos?), exceso de pasajeros en las horas pico, congestión, unidades vacías, frenazos con el semáforo en verde a la espera de la luz roja para pescar pasajeros, contaminación, música ensordecedora, insultos a quienes evocan la Ley.

Que en Quito la mayoría de usuarios de los 2 385 buses repudie el servicio de transporte no es casual. Se trata de un problema de orden público si se considera que el 70% de capitalinos utiliza el sistema de transporte para movilizarse.

Sí, a recuperar la confianza. Esa que las administraciones municipales dejaron escapar. O, ¿qué pasó con la restricción de circulación de buses urbanos por las vías paralelas a los corredores exclusivos?, ¿la caja común?, ¿el reordenamiento de rutas y compañías?

El acuerdo entre el Alcalde y las compañías de transporte es una oportunidad. Sí, parece demagógico no subir el pasaje, mantenerlo en 25 centavos, y plantear una compensación de hasta USD 1 000 extras al mes para cada busero, en lugar de los más de 600 de subsidio del Estado, en función del cumplimiento de 32 variables: la caja común, dar un buen servicio, ir por un solo carril, atender a grupos vulnerables, no corretear, respetar la Ley de Tránsito. Quienes incumplan no recibirán nada. En dos años los buses tendrán GPS y habrá tarjetas inteligentes para pagar.

El Municipio deberá probar que su plan es el camino. Quito merece un reordenamiento técnico de buses y que se exijan cuentas a los clanes que se han repartido las vías a su antojo.

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