7 de junio de 2014 20:31

China afianza su estrategia en Ecuador

Trabajadores chinos

La mayoría de chinos, que vino al Ecuador los últimos cuatro años, trabaja en Sinohydro, en el proyecto Coca-Codo Sinclair. Foto: Alfredo Lagla / EL COMERCIO

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Arturo Torres R. Editor


El dragón chino es una criatura mitológica a la que se le atribuyen prodigios. De hecho es uno de los puntales de la receta económica ecuatoriana. 

La reciente confirmación oficial de un crédito por USD 9 000 millones para construir la Refinería del Pacífico (RDP), elevará a 19 000 millones el monto de préstamos comprometidos por China, desde el 2009.

En enero pasado el vicepresidente Jorge Glas, punta de lanza de las negociaciones, estuvo en Pekín para cabildear un nuevo paquete de proyectos por 28 000 millones, sostuvo el periodista ecuatoriano Rafael Valdez, quien lo entrevistó en Pekín donde vive y trabaja para la revista China Today.

La agenda -según explicó Glas- incluye inversiones en plantas de urea y petroquímicas y una refinería para procesar 600 000 toneladas de cobre al año. Los acuerdos son claves para el gobierno en su meta para cambiar la matriz energética y producir energía limpia.

“Main tian guo hai”, reza una milenaria estrategia china que significa: “cruzar el mar confundiendo al cielo”. Esa fue la jugada del gigante asiático en Latinoamérica, tejer una red de alianzas basada en préstamos de fácil desembolso y montos altos a países ricos en recursos.

Entre el 2005 y el 2013 otorgó 102 200 millones en créditos a América Latina, según un estudio del Global Economic Governance Initiative, de la Universidad de Boston. Se convirtió en el principal financista, desplazando a los organismos crediticios tradicionales.

Los préstamos son desembolsados por bancos estatales con ciertas condiciones y a intereses promedio del 6%. Una de las exigencias es que sean ejecutados por empresas, maquinaria y mano de obra chinas (20% de la nómina en el caso ecuatoriano).

Según Paulina Garzón, consultora del Centro de Derechos Económicos y Sociales CDES, los países que se endeudan con esa nación quedan atados de manos. “Estas inversiones están enfocadas en sectores sensibles como el petrolero, minero e hídrico, que no siempre responden a necesidades de las comunidades”.

Para ambos gobiernos, sin embargo, todos los acuerdos se enmarcan en una estrategia “ganar, ganar”, con reglas de protección ambiental y consulta a las comunidades, de beneficio mutuo: China obtiene combustibles para saciar su demanda energética; Ecuador, recursos, empleos y obras para sostener su desarrollo.

Los créditos fueron beneficiosos en términos de gasto social y mejoramiento de infraestructura, y para la promoción de la ‘revolución ciudadana’, sobre todo luego del 2008 cuando el Gobierno dejó de pagar su deuda, explica Adam Chimienti, académico del Instituto de estudios de China Asia Pacífico.

Para Jaime Carrera, del Observatorio de Política Fiscal, esta deuda debilita la economía, que ya registra un abultado gasto público; a la larga se puede agrandar el déficit fiscal.

Hasta el 2013, los créditos aprobados por China llegan a 10 000 millones, según un informe del Diálogo Interamericano, que investiga la cooperación de ese país asiático.

El saldo por pagar es 6000 millones, distribuidos así: el efectivo adeudado hasta abril era de 4 715 millones, además 1 500 millones por la venta anticipada de crudo, no contabilizado como deuda. El régimen canceló un crédito por la venta anticipada de
1 000 millones, y está por cubrir, hasta agosto, un segundo, por un valor similar, según lo acordado, indica Carrera.

Garzón cuestiona el secretismo con que se maneja la información de los préstamos. La confidencialidad está amparada por el Código Orgánico de Planificación y Finanzas Públicas. Según el art . 31, el ente rector de las finanzas puede declarar secretos los actos o documentos que pudieran generar pérdidas a los intereses del Estado. “El Gobierno ecuatoriano y los bancos chinos deben transparentar las condiciones de los préstamos”.

Del último crédito que se negocia para la RDP, se informó que
2 000 millones serán para capitalizar Petroecuador y
7 000 millones para el consorcio que construirá el complejo.
China construyó un conglomerado global de empresas, desde los 80, para competir con las transnacionales de los países desarrollados.

En Ecuador, la plataforma para su llegada se ensambló desde el 2005, cuando Andes Petroleum y PetroOriental, filiales de las estatales Sinopec y la Empresa Estatal Petrolera de China (CNPC), compraron los activos de Encana (valorados en 1 420 millones).

Operan los bloques 14, 17 y el campo Tarapoa, y tienen un 36% de las acciones en el Oleoducto de Crudos Pesados (OCP).
Las petroleras chinas buscan expandirse en Ecuador y entrar de lleno en la exploración, producción y refinación de combustibles, explica Chimienti. “Están interesadas en los bloques 79, 83, 20, 31 y, por supuesto, en el ITT”.

En Ecuador operan 70 empresas orientales, donde trabajan 2 314 chinos registrados en el Ministerio de lo Laboral. En el 2009 eran apenas 35 trabajadores. El 75% labora en Sinohydro, que construye el proyecto Coca-Codo Sinclair.

El puente de Confucio

El dragón quiere romper el hielo, derumbando la barrera idiomática: la última oleada que llegó al país desde el 2009 no habla español, vive aislada en círculos herméticos.

Para revertir esta tendencia, desde el año pasado decenas de ejecutivos de empresas chinas, especialmente petroleras, toman clases de español y cultura latinoamericana en el Instituto Confucio, en la Universidad San Francisco de Quito.

“Rong gia”. En mandarín esta palabra significa fusionar y, para José Salazar, director del Instituto, es la que grafica lo que ocurre entre los dos países. “Nuestro objetivo es reducir la brecha del conocimiento, a través de la lengua y la cultura”, apunta Salazar, quien tiene un PhD por la Universidad de Lengua y Cultura de Pekín. “China no es un dragón dormido ni una amenaza, es una realidad”. Veinte maestros chinos imparten clases en Quito, Guayaquil, Cuenca y Galápagos.

El año pasado viajaron a esa nación 50 estudiantes del Instituto, becados para estudiar mandarín. Uno año antes estuvo en ese país Alonso Quijano, quien de vuelta en Quito enseña esa lengua. “El aprendizaje de mandarín es complejo, requiere paciencia y constancia”. El interés es tal que hay una bebé de nueve meses recibe clases especiales, así como varios estudiantes de más de 60 años.

Milton Reyes es uno de los académicos ecuatorianos que más conoce la realidad de esa nación, donde cursó estudios universitarios. Vía Skype, desde Brasil, relata que hay estereotipos alimentados por la cultura occidental que deforman la imagen china.Esa cultura sigue siendo un enigma, es representada como una sociedad compleja, exótica y amenazante”.

Desde su perspectiva, no se consideran los beneficios de la relación América Latina-China frente al orden mundial, en un contexto que es de mutuo interés construir un sistema internacional multipolar. “Faltan investigadores que conozcan esa sociedad y que aporten para negociar condiciones más beneficiosas para nosotros”.

Entre los asiáticos que vienen hay intérpretes que viajan por América Latina. Valdez cuenta desde Pekín que vuelven a China fascinados por la naturaleza de Ecuador, que en algunas regiones de su territorio es amenazada por la contaminación.

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