11 de septiembre de 2014 20:09

El zamarro se puso de moda en Chimborazo

Pedro Tixi fabrica los zamarros en su taller ubicado en el centro de Riobamba. Foto: Glenda giacometti / EL COMERCIO.

Pedro Tixi fabrica los zamarros en su taller ubicado en el centro de Riobamba. Foto: Glenda Giacometti / EL COMERCIO.

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Cristina Márquez. Redactora

Las talabarterías de Riobamba fabrican una prenda tradicional que está de moda entre los indígenas y hacendados.

Se trata del zamarro que se confecciona con piel de borrego, de chivo, de llama y de res. Es la prenda más solicitada por los indígenas de las comunidades, pero también por los participantes de los rodeos y los hacendados.

Pedro Tixi es un experto en la manufactura de los zamarros, pues se involucró en el negocio desde su adolescencia. Tiene 54 años. Él es un testigo de cómo el tiempo cambió a los clientes, pero no el estilo ni los detalles clásicos de esta prenda. “Parece mentira, pero hoy los zamarros se venden incluso más que antes. Nunca faltan los dueños de haciendas y jinetes que quieren ‘sacar pinta’ en los rodeos” de los pueblos.

El taller de Tixi está en la calle Veloz, entre 5 de Junio y Tarqui de la capital chimboracense. Allí se exhiben los zamarros de todo tipo. Los más costosos son los que se hacen con la piel de chivo, porque el pelo del animal es largo y no se enreda; cuesta USD 180. Hay otros que se elaboran con pieles de res y de llama, que cuestan entre USD 80 y 120.

Pedro Tixi fabrica los zamarros en su taller ubicado en el centro de Riobamba. Foto: Glenda giacometti / EL COMERCIO.

Quienes prefieren estos materiales son los dueños de las haciendas, capataces y los jinetes que participan en los rodeos. Ellos, conocidos como chagras, visten los ponchos de lana gruesa teñidos en franjas de colores, los zamarros, botas vaqueras y un sombrero de cuero de ala ancha fabricado con cuero de res.

En la época de las grandes haciendas, ellos utilizaban el zamarro para montar a caballo y verificar que los indígenas cumplieran con sus labores en el campo. Para diferenciarse de ellos escogían prendas de pieles de pelos largos, pues mientras más grueso y mullido era el zamarro, más vistoso e importante se sentía el jinete.

Actualmente, los participantes de los rodeos son los clientes más asiduos. La tradición consiste en vestirse como chagras y galopando en su caballo, para enlazar a los becerros que se sueltan en las plazoletas. Estos eventos se realizan los fines de semana en las parroquias de Chimborazo.

Un jurado califica el tiempo y la gente de las comunidades acude a ver el espectáculo.

Sin embargo, ellos no son los pioneros en el uso del zamarro. Los campesinos utilizaban la piel de borrego para protegerse del frío del páramo antes de ser imitados por los colonizadores. Por eso, el zamarro es una prenda que marca la identidad de los indígenas de las comunidades más altas de la provincia.
“El zamarro del indio es el más abrigado y está lleno de ‘guaraguas’ (detalles cocidos)”, cuenta Tixi. La piel de borrego es más gruesa y más difícil de curtir, pero es muy efectiva cuando se trata de evitar el viento helado.

Pedro Tixi fabrica los zamarros en su taller ubicado en el centro de Riobamba. Foto: Glenda giacometti / EL COMERCIO.

Los usuarios de estas prendas las prefieren con muchos adornos en la parte superior; tienen formas geométricas decoradas con tachuelas doradas y plateadas.

Segundo Chunata conoce cada detalle en la fabricación de este tipo de zamarros. Él se vinculó con este negocio hace 21 años. “Conseguir buenas pieles es lo más importante, a los clientes les gusta que sus prendas sean durables y que no se desgasten”, cuenta Chunata.

Su almacén está en las calles Veloz y Juan de Velasco. A pesar de que en ese mismo sector hay otros seis almacenes que ofertan zamarros fabricados con pieles, monturas para caballo y otros implementos de cuero para los jinetes, todos tienen obras por entregar y su clientela fija.

El proceso de manufactura se inicia con la curtiembre de las pieles. Después de faenado el animal, el cuero se estira y se clava sobre una superficie de madera para exponerse al sol durante dos semanas. El corte y el cocido de las piezas es el siguiente paso y se hace a la medida del pantalón.

Los zamarros para los chagras no son elaborados con un forro interno, con el fin de hacerlo más cómodo y que posibilite al jinete galopar y maniobrar para enlazar al becerro.

En cambio, los utilizados por los indígenas tienen una recubierta interna para ceñirlo a las piernas; de esa manera también se ofrece comodidad al momento de caminar.

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