23 de April de 2011 00:00

Chávez es mala palabra

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¿Qué es peor, el fujimorismo o el chavecismo? Esta fue la pregunta, que se habrán comenzado a plantear por lo menos la mitad de los electores peruanos, una vez confirmado que el izquierdista Ollanta Humala y Keiko Fujimori , serán quienes disputaran la presidencia del Perú.

Habrá otra campaña “en contra del otro”, la que llamaríamos “sucia”, en la que se manejarán “cucos” y fantasmas. Será una pelea entre Hugo Chávez y Alberto Fujimori.

Y en esa pulseada subterránea la que lleva las de perder, aparentemente, es Keiko F. Es que, como se sabe, los amigos se eligen y los parientes no. Humala puede renunciar a Chávez, y de hecho lo ha ocultado bastante en toda la campaña, pero ella no puede hacer lo mismo con su padre, el ex dictador del Perú, preso y condenado a 25 años de cárcel por delitos cometido en el poder. Ni renunciará a él ni quiere hacerlo y a partir de ahí, se pueden aventurar muchas cosas sobre lo que ocurriría con Alberto Fujimori si su hija es electa presidenta.

Es una carga pesada para Keiko. Y por si fuera poco no es extraño que también le alcance el “toque chavecista”. Ya han surgido recuerdos de las muy buenas relaciones, con hechos y alianzas concretas, que siempre mantuvieron Fujimori y Chávez y por supuesto Vladimiro Montesinos, quien tuvo en Venezuela su último refugio. Están incluso los que señalan al de Fujimori como el modelo seguido por los titulares de varios de los actuales gobiernos progresistas de América Latina, en materia de violaciones constitucionales, disolución de congresos y poderes judiciales, de ataques y compras de medios de comunicación, de periodistas, columnistas e intelectuales y de llamado a constituyentes y reelecciones.

Mientras tanto, Humala y en particular sus asesores, saben que lo primero es estar lo más lejos posible de Chávez. Ese fue su mayor esfuerzo durante la campaña en la primera etapa y lo redoblarán en esta segunda. Se sabe que los asesores brasileños, gente del PT de Lula, desde el principio le prohibieron algunas palabras del discurso como “imperialismo”, “neoliberalismo”, “progresista”, “bolivariano”, y otras del estilo y en su círculo más íntimo, incluso dejaron de llamarle “comandante”. Había que marcar la diferencia aún en los detalles. Dio resultado. No ignoran que la tarea por venir no es fácil, que los antecedentes son fuertes, que el mismo Ollanta aunque ha aprendido mucho “a veces se les escapa”, y siempre está la amenaza de Chávez y su incontinencia verbal aquel “Mono con metralleta” como dijo la prensa limeña, que calificó a Alan García de “Ladrón de cuatro esquina” y le aseguró la presidencia a éste y la derrota a Humala.

Mientras, Keiko tratará de hacer lo suyo, sin dejar de ser hija de su padre. Siempre puede haber sorpresas.

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